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«FURADA ES ALGO ÚNICO Y NADA FÁCIL DE IMITAR NI CON LA MÍNIMA VOLUNTAD DE COPIAR»

«FURADA ES ALGO ÚNICO Y NADA FÁCIL DE IMITAR NI CON LA MÍNIMA VOLUNTAD DE COPIAR»
24 JULY 2026

Hay palabras que ya llevan dentro toda una geografía. Furada es una de ellas: grieta, abertura, marca que queda después del corte. Es también el nombre del disco debut de Furada, el dúo de Crecente (Pontevedra) formado por Adrián Riveiro (composición, producción e instrumentaciones) y Pablo Gómez (voz y letras), que cogen el post-punk y lo llevan al rural gallego sin perder nada de su carga original.

Editado por Ferror Records en mayo de 2026 y con edición en vinilo prevista para septiembre, Furada llega después del sencillo «Alas negras» (2023). El disco mezcla letras propias con versos de Lois Pereiro y Xela Arias, en un imaginario que bebe tanto del post-punk clásico como de la literatura latinoamericana. Participa también Xandra Táboas, poeta y videógrafa responsable de los vídeos de «Brilo» y «Aliñados». La portada recoge una fotografía de Delmi Álvarez de las protestas de Telanosa en Redondela, 1986.

 

 

Antes de que existiese Furada como disco, hubo un momento en el que algo entre vosotros dos empezó a pedir forma de grupo. ¿En qué momento apareció esa necesidad de juntaros y hacer canciones?

ADRIÁN: Recuerdo que yo tenía algunas canciones producidas que ya anticipaban la esencia de lo que después sería FURADA. Se las enseñé a Pablo y él entendió perfectamente hacia dónde podían ir ese tipo de producciones. También recuerdo la primera vez que vino al estudio de Os Padrosos, donde tengo colgada una imagen de El anciano de los días, de William Blake, y fue de los pocos que reconoció la imagen y todo el simbolismo que hay detrás. Creo que esa imagen presidió la intención del disco, colgada justo encima de nuestras cabezas.

PABLO: Bueno, a mí siempre me rondó por la cabeza la idea de hacer algo así. Me gusta poner letras a melodías y, a su vez, intentar proyectar, casi como una necesidad terapéutica, lo que llevo dentro. Algo quizá escondido en mí mismo, una revelación indómita o quizá no tanto. Creo que a Adrián le ocurre lo mismo. Será una consecuencia natural y mutua de la existencia.

 

Y cuando aparecen las primeras canciones, ¿qué visteis en ellas para sentir que aquello ya no era una prueba puntual, sino un proyecto con un nombre, una dirección y un universo propios?

PABLO: Quizá conseguimos vernos desde fuera. No es una tarea sencilla, pero, si no lo piensas, sucede. Hay mucha metafísica en no pensar en nada.

ADRIÁN: Nos reconocimos en la rabia, desde el primer impulso con «Alas negras». Fue algo muy orgánico. A partir de ahí, creo que fuimos explorando otro tipo de emociones, pero teniendo siempre presente ese visceralismo del primer momento.

 

Ese nombre, «Furada», tiene algo muy físico: remite a una abertura, a una grieta, a algo que se atraviesa o que deja marca. ¿Cómo nace la idea? ¿Qué encontrasteis en esa palabra para que pudiera dar nombre al grupo?

ADRIÁN: Yo reconozco la palabra como algo que llega a la carne, desde la navaja y el cuero. Ese espacio vacío que deja la marca del cambio.

PABLO: Sí, en Demian, de Hermann Hesse, aparece la marca de Caín, o grieta, o agujero, como un símbolo distintivo de fortaleza y de conexión entre cuerpo y cosmos. Un aliento de reflexión introspectiva que se transforma en praxis pasional y prudente. En esa grieta, Pena o Pedra Furada de Coirós, vimos reflejada la voluntad de una palabra que fuese título y definición.

 

 

 

Presentáis Furada, vuestro primer trabajo en este 2026, con una frase poco complaciente: «En este siglo de la dictadura de la imagen sobre la palabra, que prefiere la copia al original, nuestras ambiciones son más bien... escasas y prudentes». ¿Qué lugar ocupan las letras en un proyecto que, al mismo tiempo, se construye desde el sonido, la imagen y la puesta en escena?

PABLO: Guy Debord comienza La sociedad del espectáculo con una cita de Feuerbach: «Sin duda, nuestro tiempo prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser», casi como una predicción de nuestro mundo, aunque fue escrita en el siglo XIX. Bueno, quizá las cosas no hayan cambiado tanto. Las letras van saliendo. Todos tenemos algo que decir, sí. Lo complicado quizá sea que el sonido complete la estructura narrativa, pero Adrián es un brazo de mar de la composición: hay en su persona una amplitud y una profundidad innatas y, cuando juegas con un visionario, pues… Todo es muy sencillo. El cuerpo no pesa, todo fluye como en una sensación de caminar sobre el filo de la navaja, como en una metamorfosis ligera.

ADRIÁN: Para mí, la poesía es el lenguaje del arte por excelencia. El instinto poético es un lenguaje casi universal que forma parte de algo más profundo y desmonta las lógicas utilitaristas de la palabra. Creo que perder esa noción de lo poético como parte trascendental del arte crea obras que ponen en valor metodologías más inclinadas hacia técnicas que dejan fuera una parte humana muy importante.

 

Adrián, en esa descripción de Bandcamp citas a Joy Division y una atmósfera que puede acercarse a The Doors; Pablo, tú añades Radio Océano, Golpes Bajos, post-punk ruso y la escena mexicana, con bandas como Caminatas Nocturnas, Ritmo Cósmico o La Texana. ¿Cómo se trabaja con referencias tan características sin que la canción quede subordinada a ellas?

PABLO: Creo que las referencias están ahí, pero claramente nuestra música no se parece demasiado a ellas. Las referencias son muy importantes porque nos empapan de nuevos conocimientos, pero después cada uno tiene que buscar su voz y su camino. La cuestión era alejarse de líneas musicales míticas, descalzarse y seguir adelante.

ADRIÁN: Las referencias siempre aparecen después de que la música está casi terminada. Creo que es más bien un proceso para situar a quien escucha; no es algo que nosotros tuviésemos tan presente, o al menos no de manera consciente.

 

Foto: Xandra Táboas @gravidade0.0 

 

También decís que el post-punk es capaz de adaptarse a las geografías y a los sentimientos como ningún otro género. En vuestro caso, ¿qué significa llevar ese lenguaje a un lugar como Crecente?

PABLO: Sí, esta es una muy buena pregunta, porque, si vamos a Joy Division, el post-punk que se hace en Inglaterra no es el mismo que el de los bielorrusos Molchat Doma, evidentemente teniendo en cuenta la distancia temporal. Incluso en las bandas gallegas Radio Océano, de A Coruña, y Golpes Bajos, en Vigo, las diferencias son notables. Todos pertenecen al mismo género, el post-punk, pero las texturas, las melodías, las letras y la propia retranca son sui géneris de cada lugar geográfico.

ADRIÁN: Creo que tiene más que ver con una forma de ver el mundo, desde un realismo que no tiene miedo a vivir en los grises y que no endulza los discursos. Viendo siempre las posibilidades y las imposibilidades del entorno.

 

En la descripción aparece México, donde vivió Adrián, como una referencia importante para entender parte de ese imaginario post-punk. ¿Qué os abrió esa escena que no encontrabais en otras referencias más próximas?

ADRIÁN: Para mí, México es un espacio muy importante en mi vida. Vivir de primera mano el contexto latinoamericano y seguirlo constantemente en mi vida diaria me aporta siempre el enfoque decolonial que no tienen las luchas europeas, que simpatizan con ese contexto y se benefician del privilegio europeo. En el contexto latinoamericano se ve la verdad del mundo.

PABLO: Bueno, tengo que sincerarme aquí y decir que lo que más me sorprende de ADRIÁN es su literatura; bueno, su inteligencia para estar de vuelta de absolutamente todo aquello de lo que podamos estar hablando. Creo también que México tuvo mucho que ver, algo así como la Comala de Rulfo, y es que tiene mucho que ver con nuestro imaginario en Galicia. Quizá abusamos de comentar las referencias, pero son cosas de las que hablamos habitualmente y por eso forman parte del proyecto. Aun así, todo sale de nosotros y, claramente, yo diría que Furada es algo único y nada sencillo de imitar, sin la menor voluntad de copiar.

 

«Alas negras» fue vuestro primer single publicado en Spotify, en 2023. Escuchada ahora desde Furada, ¿qué reconocéis en esa canción como primer punto de entrada al universo del grupo?

PABLO: La letra es una adaptación de un poema que publiqué en Letras Perennes de Folla Caduca, revista y boletín literario de Mos, gracias a Manuel Xío Blanco. La música es una revelación total de continuidad.

ADRIÁN: Bueno, aunque ya lo mencioné antes —reconocernos en la rabia—, también quiero decir que, aunque fue la primera vez que trabajábamos juntos, Pablo llegó con una actitud superabierta y con ganas de vivir un aprendizaje nuevo. También con la elección de tener un proyecto horizontal, sin ambiciones ni presunciones desmedidas. Son ambientes que agradezco mucho a la hora de trabajar con alguien.

 

 

Después de «Alas negras», el trabajo va materializándose como disco completo. ¿En qué momento empezáis a sentir que las canciones ya no funcionaban solo como piezas sueltas, sino como parte de un mismo recorrido?

ADRIÁN: Para mí, el trabajo del directo y el trabajo de encajar una narrativa en los discos son el mismo trabajo. Lo que funciona en directo suele funcionar como hilo conductor. También creo que la forma de componer con diferentes intensidades es la adecuada en ambos formatos. Al final se trata de introducirse en nuestro mundo, transitarlo, pero también saber salir de él.

PABLO: Yo hablaría de tres fases o etapas, tres ritmos diferentes a nivel emocional. Ojo con la cara B del vinilo.

 

En los créditos, Pablo aparece en la voz y en las letras, y ADRIÁN en la composición, producción e instrumentación. Cuando una canción empieza a tomar forma, ¿cómo se encuentran esos dos procesos para que la palabra no parezca añadida a la música ni la música una simple base para el texto?

PABLO: Por la parte que me corresponde, trabajando directamente sobre los textos: modificando versos, añadiendo otros nuevos, dándole vueltas a la hoja, volviendo a escribir. Algún día enseñaremos los bocetos, pero sí: muchos tachones, letras ilegibles, letras nuevas, palabras sueltas, incluso dibujos rápidos… Bueno, lo bonito de la vida, o al menos el lugar en el que yo me siento bien. Esto en la parte de las letras; la parte musical puede completarla mejor ADRIÁN.

ADRIÁN: Para mí es un punto importante y algo que lleva el tiempo que lleva. Hay que dejarlo reposar, permitir que los cimientos se formen fuertes. Creo que es algo que puede suceder en unos minutos o durante un periodo de años; sobre todo, tenemos que dejar que se asiente en nuestras cabezas, no solo como palabra, sino también como una emoción por la que transitar, hasta que se sienta como algo que ya no puede separarse de nosotros.

 

Foto: Xandra Táboas @gravidade0.0

 

En el disco, la mezcla y el mastering pasan por Escusalla Sonora, con Javier Vicalo. ¿Qué os aportó esa escucha externa a la hora de terminar las canciones y tomar distancia de un proyecto tan construido entre vosotros dos?

ADRIÁN: En esa etapa yo ya había terminado con Xabi el disco Dende a Ruina, de Filebo, un trabajo que nos resultó muy cómodo de hacer, algo que no es tan fácil de encontrar en un productor. Pasar por las manos de Xabi también nos colocaba en el lugar del espectador: soltar un poco el volante, confiar en hasta dónde podían llegar las canciones sin nosotros y reconocer también los límites que no queríamos perder.

PABLO: Alucinante el trabajo de producción de Xabi, muy recomendable para otras bandas que quieran sentirse cómodas y trabajar con total calidad. Y, desde luego, fue toda una experiencia para mí, que soy, digamos, externo a las cuestiones puramente instrumentales, vivir la compenetración de Adrián con Xabier. Es algo que merece la pena observar y escuchar; ahora bien, intentar entenderlos sería una locura por mi parte.

 

ADRIÁN, hablabas en La Fonoteca de «arreglos mecánicos y orgánicos». ¿Qué entendéis vosotros por esas dos ideas y cómo se manifiesta la tensión entre ambas en los temas?

ADRIÁN: Creo que, más allá de lo compositivo, esos dos términos nos representan desde nuestras perspectivas vitales. Lo mecánico representa la ciudad, con sus ritmos fijos, que conviven con la vitalidad orgánica de nuestra crianza en las aldeas. Para mí, de esa convivencia surge el tipo de composición que se da en Furada; también del roce, la desincronía, la tensión y el estrés, la resolución y el encuentro entre esos dos factores tan vivos para nosotros.

 


 

En la misma entrevista explicabais que, para trabajar la voz en la mezcla, utilizasteis un Tube Screamer, un pedal asociado habitualmente a la guitarra. ¿Qué os interesaba de llevar la voz hacia una textura más áspera y menos limpia?

ADRIÁN: Siempre pensé la voz de Pablo como un instrumento más dentro de la mezcla, no necesariamente como una voz, sino como algo que tenía que poseer su propia sonoridad, algo que la hiciese destacar en la mezcla cuando las dinámicas y las saturaciones de la canción estuviesen más presentes. Empezamos usando el Overdrive de Ableton, un plugin que suena muy bien, pero con Xabi vimos la necesidad de llevarlo a un punto más analógico. También hay que contar que ese modelo concreto de overdrive tiene unos medios más cálidos, que ayudan además a la inteligibilidad de la voz.

 


 

En este trabajo añadís, además de poesía propia, versos de Lois Pereiro y de Xela Arias «por esa imagen eterna de vanguardia, de lenguaje y palabra pura, visceral». ¿Qué tiene que suceder para que un verso ajeno deje de funcionar como referencia y empiece a formar parte de una canción?

PABLO: Bueno, siempre me han gustado los grupos o cantantes que han recogido versos ajenos para introducirlos en la música. Los ejemplos son infinitos. Será una necesidad humana de interpretar textos ajenos, ya sea porque te sientes identificado o simplemente porque te gustan.

 

En «San Xoán de Lois Pereiro» hay una variación muy significativa sobre «Poderíano escoller como epitafio», de Poesía última de amor e enfermidade, 1992-1995: donde Lois escribía «un húmedo mensaje / de vida y de furia necesaria», en la canción aparece «un mensaje de rabia y furia necesaria». ¿Qué buscabais al desplazar el verso hacia esa idea de rabia?

PABLO: Sí, no trabajamos con la literalidad en los textos. Quizá el único poema que está cantado casi íntegramente sea el de Xela Arias, pero en «San Xoán de Lois Pereiro» el fuego ocupa un lugar central. Es una cuestión relacionada con las tres transformaciones del espíritu de Nietzsche; en este caso sería como adentrarse literalmente en la segunda fase, o fase leonina —licencia—, digamos una respuesta humana a la enfermedad: rabia iniciática, furia en fase práctica.

 


 

En «Brilo das cortinas» aparecen versos de Xela Arias como «Pasos azulados que se pierden en la noche de los presagios». ¿Cómo se trabaja musicalmente con un texto que ya trae una cadencia y unas imágenes tan marcadas antes de llegar a la canción?

PABLO: Bueno, aquí el poema dice lo mismo que la canción: «Pasos azulados de muchachas encendidas». Se trata, como decía antes, de un uso literal del poema y, como comentaba, es el único que mantiene una literalidad casi total.

 


 

En «Aliñados» decís: «nosotros somos el signo, los planetas decidieron dejarnos de lado». Hay en esa frase una sensación muy reconocible, casi generacional: la de estar intentando encontrar un lugar mientras la vida parece avanzar por otro lado. ¿Qué hay de esa pérdida de rumbo en la canción?

PABLO: Voy a contestarlo con coincidencias, como en las películas de Medem —risas—. Llego, o más bien vuelvo, a Vigo en 2020. No es que me hubiese marchado del todo, pero esta vez vengo a vivir. Un amigo, J. C., me comenta que van a cerrar el Edra por una cuestión de remodelación del Casco Vello y la construcción de un edificio institucional. Habíamos quedado para tomar unas cañas en el paseo de Alfonso y bajamos las escaleras que dan a la calle de los Pescadores. Vuelvo al Edra después de bastante tiempo y empiezo a frecuentarlo, a veces con amigos y otras yo solo. En una de esas ocasiones, J. C. me presenta a la artista Begoña Arce, que vive entre Vigo y Valeixe, en A Cañiza. Tiempo después me comenta que va a hacer una exposición en el Café Uf!, en Vigo; la inauguración es un viernes. Por aquel entonces yo trabajaba algo más de la cuenta —no es que trabaje tanto tampoco, risas de nuevo— y aquella semana había sido bastante dura, así que abrí una lata de cerveza y me dispuse a cenar bastante cansado. Pero la cerveza y la cena me dieron fuerzas y decidí bajar. Lo cierto es que el esfuerzo era mínimo, pero bueno, para darle cierto punto de dramatismo. Llegué a la exposición sobre las nueve de la noche; se llamaba A Mariñeira. Allí Bego me presenta a ADRIÁN, un tipo de cabello largo, quizá no tanto como ahora, pero abundante, y con barba. Me llamó bastante la atención su gusto estético y elegante; lo cierto es que se mimetizaba bastante con la esencia literaria del café. Hablamos durante un buen rato y después Bego desapareció por algún tiempo y nosotros seguimos hablando y hablando. Lo cierto es que compartíamos gustos, narrativas y reflexiones, y en muchas otras ideas estábamos profundamente en desacuerdo, que en realidad es lo mejor cuando tienes ganas de darle a la lengua. Al final de la noche le propuse montar algo juntos. No nos pasamos el teléfono porque íbamos algo perjudicados, pero sí: como pocas veces ocurre, esta vez la promesa se cumplió. Quedamos y salió «Alas negras». Ahí nos miramos a los ojos y dijimos, o pensamos: «¡Guapísimo!».

 


 

En «Sonrisa infantil» aparece una acumulación de imágenes muy íntimas —«recordar tu sonrisa infantil», «olvidar la enfermedad», «sentir frío en las manos y en las mejillas», «que me mude a otro amanecer», «volver a correr»— hasta llegar a esa frase: «con la seriedad con la que jugabas cuando eras un niño». ¿Cómo trabajasteis esta canción, que parece avanzar entre el recuerdo, el desgaste y el deseo de volver a algún lugar anterior?

PABLO: Este tema nace de un poema de Blake llamado El escolar.

 


 

La portada parte de una fotografía de Delmi Álvarez de las protestas de Telanosa, empresa textil de Redondela, en 1986, durante una movilización protagonizada por las trabajadoras contra el cierre de la fábrica. Más allá de su valor documental, ¿qué aspectos del disco sentisteis que esa imagen era capaz de activar o acompañar?

PABLO: La imagen es potente, un nexo con el filme Nación, de Margarita Ledo, y, a escasos kilómetros de Telanosa, con la lucha de A Pontesa: una nación —la nuestra— se construye con la lucha de las mujeres. —Ver la película—.

ADRIÁN: Para mí es una imagen muy representativa del desequilibrio entre las fuerzas del poder. Y de la valentía, ya casi olvidada, de unas personas que sentían la necesidad de poner el cuerpo.

 

«Aliñados» está inspirado en Los amantes del círculo polar, de Julio Medem, y el videoclip fue grabado entre O Calvario, en Vigo, y Os Padrosos, en Crecente. ¿Cómo se construye una pieza audiovisual entre una referencia cinematográfica tan marcada y dos espacios tan vuestros?

PABLO: En esta pregunta me remito a la respuesta de la pregunta de antes sobre la adaptación de las geografías.

 

Foto: Xandra Táboas @gravidade0.0

 

Explicáis también que Xandra Táboas participa en el proyecto como poeta y videógrafa, y que de ella salen los vídeos de «Brilo» y «Aliñados». ¿Qué tiene su mirada para confiarle la parte visual del proyecto?

PABLO: Así como decía que ADRIÁN es un brazo de mar de la composición, Xandra lo es de los movimientos sociales tanto vigueses como gallegos. Es una persona esencial para entender el Vigo rebelde, proletario e identitario que forma parte de Furada, tanto como el rural crepuscular de Crecente y la memoria de Salvaterra de Miño —tierra de mi madre—. Y lo cierto es que, si alguien lleva ese carácter y esa naturaleza en sus genes, esa persona es la poeta Xandra Táboas, de O Calvario, igual que de O Calvario es la poeta Branca Trigo. Quizá Pedro Páramo también debería hacer una parada en O Calvario.

ADRIÁN: Definitivamente, tanto Xandra como O Calvario son lugares trascendentales.

 

Un disco fija una forma, pero el directo obliga a descubrir cómo se sostiene esa forma delante de la gente. ¿Qué os está pidiendo el escenario que no estuviese previsto en la grabación?

PABLO: El escenario da, no te pide nada —risas—.

ADRIÁN: Para mí es un reto intentar trasladar todo lo posible las dinámicas y el impulso visceral sin perderme por el camino. Suelen ser momentos muy intensos en los que tengo que recurrir a mis impulsos más racionales para seguir el camino hasta el final del concierto.

 

Foto: Xandra Táboas @gravidade0.0

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer? Si abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100 % sinceridad, 0 % vergüenza.

PABLO: No tengo cuenta personal de Spotify. Lo que sí echo muchísimo de menos, sobre todo en los festivales, es a Terbutalina. Bueno, yo y un montón de gente, según la encuesta privada que he hecho por las fiestas de la zona. Así que voy a decir Tona, la banda de Miguel Cernadas. Otra que echo de menos es Das Kapital, pura gozada de electrónica oscura. También añadiría lo que se está haciendo con poesía y electrónica, que es Culto Carne, y otra de las que está de vuelta: Fantasmage.

ADRIÁN: Yo tampoco tengo Spotify, pero sí quiero recomendar grupos como Pladür, en el que también participa Xabi tocando el bajo y que tiene unas letras muy guais. También a Laura LaMontagne con «SonRisas Falsas» y su videoclip, que también creo que quedó chulísimo. Y, por último, una banda que también une poesía y progresivo, Moloch, en la que están la batería de Bala y la bajista de Grima, proyectos que no hace falta recomendar.

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