WÖYZA: «LA TRANSFORMACIÓN ES INEVITABLE»
Casi veinticinco años son tiempo suficiente para cambiar muchas veces sin dejar de reconocerse. Cuando Wöyza todavía no era un nombre, hubo una chica de dieciséis años a la que le dijeron que su voz estaba “rota”. Hoy, esa misma voz sigue siendo la herramienta con la que canta, compone, produce y se explica en el mundo. Por el camino, el hip hop fue hogar y también cárcel, la rabia se convirtió en una forma de seguir adelante y cada disco fue dejando una versión distinta de Sofía Trigo: de la joven que quería comerse el mundo a la artista y madre que sigue sintiendo la necesidad de transformarlo, aunque ahora lo haga desde otro lugar.
En 2026, Valiosa llega después de un largo tiempo, atravesado por la enfermedad, la maternidad y la necesidad de volver a encontrar los motivos para seguir haciendo música. Un disco que funciona también como un canto al amor propio, en el que conviven canciones que llevaban años esperando su momento, nuevas formas de mirarse y una idea que recorre buena parte de este trabajo: aprender a reconocerse con la propia lente después de tantos años mirándose a través de la ajena.

Foto: Noemí Díaz Patiño
Mientras estudiabas en la Escola de Imaxe e Son, empezaste a grabar con Solemne y El Puto Coke y, poco después, a los 18 años, Sofía se convierte en Wöyza. “Y sí, mi nombre lleva diéresis”, cantas en “Canalla”: ¿de dónde sale este nombre?
WÖYZA: Sé que mi nombre artístico siempre resulta curioso. A veces piensan que soy de ascendencia polaca o alemana porque les recuerda a Woyzeck, una obra alemana del siglo XIX sobre un soldado, y qué casualidad elegir yo Wöyza como nombre de guerra. Simplemente fue un juego de palabras con símbolos fenicios y con mi nombre griego: Sofía.
Después de más de veinte años de trayectoria, ¿cuánto queda en él de alias y cuánto hay en él de Sofía?
WÖYZA: La transformación es inevitable. Pienso que en cada disco y en cada etapa vamos perdiendo algo y ganando por otro lado. Hace casi 25 años, cuando empezaba y daba mis primeros pasos, era una niña con mucha fuerza y ganas de comerme el mundo, rebelde y sentía que quería cambiar el mundo, y el mundo me hacía mucho daño. Eso también está en mis canciones.
La de ahora sigue teniendo sueños, sigue sintiendo la necesidad de expresarse y de transformar el mundo, desde otro lugar, y más después de ser madre. Hay un antes y un después que sí afecta a mi carrera, no solo por lo evidente, sino por lo emocional y psicológico.
En el año 2020, leíamos en tu perfil de Twitter que con 16 años te dijeron que no tenías voz para cantar, que la tenías “rota” y que, aun cantando bien, nunca llegarías a nada. Esa misma voz, escribías, es la que te paga el alquiler hoy en día. ¿Es posible desaprender una inseguridad que alguien te echa encima durante la adolescencia?
WÖYZA: Ese profesor, ahora que puedo decirlo, abusaba de las chicas… una vez me tocó el culo antes de salir en una obra de teatro y, por supuesto, no me quedé callada, de la misma manera que no iba a callarme porque me diera una opinión poco constructiva sobre mi voz. La rabia siempre fue una de mis herramientas, pues tuve que aprender a canalizarla para no caer en depresiones o convertirme en una persona amargada. La música tiene su existencia, también para liberar al ser humano de sus propios males, que a veces uno mismo genera.

Foto: Noemí Díaz Patiño
Contaste para Diario de Pontevedra que escuchar The Fugees con 11 años fue definitivo: en ellos convivían soul, rap y gospel. Años después todavía tenías que explicar que «el hip hop no es solo rap». ¿Qué puerta te abrieron entonces que ya no volviste a cerrar durante tu carrera?
WÖYZA: El hip hop fue siempre un hogar, una visión y estilo de vida, pero también puede ser una cárcel para muchas mentes cerradas. Hoy en día, lo que más admiro de la gente más joven es que son mucho más aperturistas de lo que fue mi juventud. Escuchan todos los estilos e intentan hacer universal su propia cultura. Pienso que es otra manera de estar en el mundo. Al final, The Fugees fue lo que lograron, y su música todavía perdura de generación en generación.
En 2008 publicas Pisando el suelo que ves con descarga gratuita y acabas descubriendo que el disco estaba llegando incluso a lugares como Yemen. Cuando empezaste a ver que el disco llegaba tan lejos, ¿cambió la percepción que tenías del alcance real que podía tener tu música?
WÖYZA: La mejor decisión que tomamos en aquel momento fue poner el disco como descarga gratuita, desde nuestra página web. Nos anticipamos al tipo de consumo que llegaría después con las plataformas digitales. Fue una buena manera de llegar a todo el mundo y permitirme estar en los cascos y en infinidad de países y escenarios. Empezaron las giras y los viajes. Fue una época muy bonita.
En este trabajo ya aparecen temas como “Tempos de muller”, donde cantas: “A nosa luz alumeará unha xeración en igualdade”. Cuando vuelves hoy a ese primer LP, ¿qué ideas de aquella WÖYZA siguen intactas en ti?
WÖYZA: Pienso que nuestra luz sigue iluminando una generación en igualdad. Seguimos peleando por ella. Sin duda hay que seguir haciendo mucho, porque la violencia contra la mujer y las niñas y niños sigue estando muy presente en nuestra sociedad. En ningún momento podemos dar los derechos por ganados, no nos podemos despistar. La sociedad patriarcal siempre encuentra maneras de salir a la superficie. Es un constructo muy fuerte e integrado. Sí que pienso que avanzamos un poquito desde que escribí esta música hasta ahora, pero no tanto como me gustaría.

Ocho años después, en 2016, llega Pelea. Más allá del título, ¿contra qué estabas peleando artísticamente en ese momento?
WÖYZA: “Pelea” no es una pelea de puños, es una pelea por la supervivencia. Yo salía de una relación tóxica de maltrato, volvía a casa de mis padres con una depresión terrible, mi padre pasaba por una mala racha laboral y debíamos arrimar el hombro, y lo más difícil: mi abuela había fallecido unos años antes y me había dejado este mensaje: “Abuela, me susurró: Pelea”, pues fue su última palabra, y yo la tenía muy presente en cada paso.
En este LP compones al piano, coproduces el disco y trabajas directamente con los músicos. Contabas que, cuando te preguntaban quién producía y respondías “yo”, la sorpresa era la reacción habitual. ¿Sentiste que tu faceta de compositora y productora tardó más en ser reconocida?
WÖYZA: Sí, siempre cuesta ser reconocida en estas facetas, pero no es algo que me importe. Estoy segura de mi criterio y, en particular, muchas personas me escriben comentarios, mensajes o me paran por la calle para darme las gracias, contarme lo que sienten a través de mi música, enseñarme su música o contarme cómo los inspiro a hacer esto o aquello. Ese es el reconocimiento de mayor satisfacción.

En 2019 publicas Tábula Rasa, tres canciones alrededor del amor propio, sosteniendo que preferías concentrar toda la energía en un trabajo pequeño que te representase antes que “meter canciones de relleno”. ¿Qué tiene que pasar para que sientas que una canción merece quedarse en un disco tuyo?
WÖYZA: Tiene que pasar el filtro de mi madre (hahahaha). Es broma. Tiene que motivarme, en todos los sentidos: emocional, musical, mensaje… para seguir trabajando en ella y creer que merece ser escuchada y acercada al público.

La primera toma de contacto con Wöyza & The Galician Messengers llega en 2018, representando a Galicia en Frankfurt, pero es en 2021 cuando la formación se consolida y se presenta en O Courel con un repertorio íntegramente en gallego. ¿Por qué esa aproximación a la tradición necesitaba también una formación nueva?
WÖYZA: Sentía que era mi proceso natural. En aquel momento, estaba conectando con la música de nuestra raíz. Acababa de mudarme a Moaña y volvía a ver el mar todos los días. La inspiración me llevó a mezclarme con lo propio e investigar y experimentar con sonidos nuevos que yo sentía que tenían conexión con una cultura gallega de la que se me había privado en el entorno del hogar (ya que mi familia es emigrante y su cultura es de base uruguaya).
En “Campo estrelado” escribes “Carballos e fentos, feitizos das flores que cheiran a sal”. Es una muiñeira, con una pandereta muy presente, y curiosamente la escribiste mientras vivías en Madrid, atravesada por la morriña. ¿Por qué crees que una canción tan pegada a Galicia apareció precisamente cuando estabas lejos de ella?
WÖYZA: Porque tenía alucinaciones auditivas. Escuchaba las gaviotas entre el meollo de Lavapiés, pero no estaban. Ahí me di cuenta de lo que es perder algunas de las cosas que das por hechas en la vida: respirar, la salinidad del mar, los pajaritos piando en la puerta de casa, medir el tiempo en torno a la posición del sol, la lluvia… ¡buf! ¡Cómo echaba de menos la lluvia! Por eso aparece Campo estrelado, como una peregrinación de vuelta a casa.
En “Cain as follas” confluyen la obra de Uxío Novoneyra, profundamente vinculada a O Courel y a la Galicia rural, y tu propia trayectoria, referente de la escena urbana gallega. ¿Cómo se encuentran dos mundos que, a priori, podrían parecer tan alejados?
WÖYZA: Empecemos porque yo conocí al hijo de Uxío, también llamado Uxío, como “El galgo”… y pienso que eso tiene todo el sentido. Novoneyra es muy rap, sin querer serlo, y a la vez es todo lo que se le pide a un poeta gallego, a un defensor del territorio, de la lengua y de lo nuestro. En ese punto está todo, en la visión de la vida. “Cain as follas” habla del tiempo, del cambio de estación, de aromas propios….

Ahora, en 2026, llega tu nuevo disco, Valiosa. En él recuperas canciones como “Cómo Sería” o “Ya no estás”, creadas años antes y que ya habían tenido vida propia. ¿Qué te hizo querer incorporarlas ahora a este álbum?
WÖYZA: Pertenecían a él desde el principio, y necesitaba que fueran entendidas como parte de “Valiosa” LP. Tardé en sacar el álbum más de lo deseado. Mientras estuve de gira con los Messengers, me quedé embarazada y materné los primeros meses de vida de mi niño. Cuando sentí que estaba preparada para lanzar el trabajo y poder atenderlo mínimamente, lo hice.
Abres con “Florecer”, una canción que termina con “Mi amor, por fin, comienza a florecer. ¿Dónde? Donde lo dejé”. ¿Qué había quedado pendiente contigo misma para que florecer significase volver y no empezar de cero?
WÖYZA: Estuve perdida y enfadada con la vida durante un tiempo. De alguna forma, pienso que sentía que me estaba marchitando poco a poco, que no estaba en el lugar en el que quería estar, y necesitaba recordar los motivos por los que debía seguir haciendo música y seguir, en general, con la vida que había elegido. En aquel momento estaba entrando y saliendo del hospital continuamente y necesitaba que todo se encaminase. Pienso que limpié mucha mierda, tomé muchas decisiones bastante radicales e importantes como para poder florecer.
En “Valiosa”, junto a Alana Sinkëy, cantáis: “com a tua própria lente és valiosa”. Contaste en Faro de Vigo que la canción nace de una conversación muy personal entre las dos y que funciona como un mensaje a vuestras versiones del pasado. Cuando el bullying, los complejos o la falta de modelos en los que reconocerse condicionaron durante años cómo te ves, ¿cómo se aprende a mirar de nuevo con la propia lente?
WÖYZA: Con confianza, con amor y con tenacidad. Tenemos que proteger a nuestras criaturas de este mundo destructivo que habitamos.

Foto: LADIËRESIS
En el videoclip, esa idea se traslada a la infancia a través de dos chicas. ¿Qué puede cambiar en la vida de una niña encontrar a tiempo una imagen en la que sentirse representada? ¿Ves posible que alguna chica pueda encontrar hoy en ti ese espejo?
WÖYZA: Es importante tener referentes que nos den seguridad y en los que reflejarnos. Nosotras no somos ejemplo de nada, somos humanas; pero sí, como personajes artísticos, podemos ser modelos en los que otras puedan trabajar su identidad y reforzar su autoestima.
Alana Sinkëy era ya una de tus artistas favoritas, como contabas para Faro de Vigo, y en esta canción las dos firmáis letra y voces. ¿Qué encuentras en su sensibilidad artística para sentir que era la persona con la que querías construir precisamente este tema?
WÖYZA: Llevo años siguiendo la carrera musical de Alana, desde Cosmosoul, Patax, como corista de Drexler o ahora en solitario. Las dos tenemos muchas amistades en común y durante un pequeño periodo de tiempo que viví en Madrid pude compartir con ella nuestra participación en Gospel Factory, el coro de Dani Reus. Siempre tuvimos una conexión especial, quizá porque ella es portuguesa y yo estoy muy vinculada a la escena del hip hop tuga. Desde la primera vez que la escuché, me enamoré de su voz y de su presencia escénica. Después de la amistad, surge la conexión de ideas y la colaboración.

Foto: Noemí Díaz Patiño
En Valiosa también dejas un pequeño espacio sin palabras con “Interludio”, junto a Yago Vázquez. ¿Qué función cumple para ti ese silencio de la voz en medio de un disco tan atravesado por el relato?
WÖYZA: En un primer momento había una conversación grabada encima de la música, un previo a “Equipo”, pero, justo antes de terminar el álbum, sentí que sobraba, que me parecía excesivo. El piano era tan bonito… Nunca lo había hecho antes y me parecía necesario un respiro en medio de las músicas. Sobre todo, antes de una canción tan especial para mí como es “Equipo”.
Con Nach ya habías compartido “Disparos de silencio” en 2011 y “Los tatuajes en mi alma” en 2016, dos colaboraciones con una enorme acogida. En 2021 volvisteis a encontraros en “Cómo Sería”, que hoy forma parte del nuevo LP. Siendo Nach, en tus propias palabras, “un padre en el rap”, ¿cómo cambia la manera de trabajar con alguien a quien también ves como referente?
WÖYZA: Nach es referente pero también es un buen amigo. En mi carrera fue siempre un apoyo fundamental para mi crecimiento profesional. “Cómo Sería” cumple con un reto mayor, porque decidí rapear y medirme frente a un titán.
Lhanze lleva formando parte de tu universo sonoro desde Tábula Rasa y en Valiosa vuelve a estar presente en buena parte del disco. Al mismo tiempo, lo publicas desde Wötown, tu propio sello, que te permite mantener el control creativo sobre tu música. ¿Qué tiene que tener un productor para que, pudiendo tú decidir absolutamente todo, quieras seguir compartiendo con él decisiones?
WÖYZA: Lhanze ocupa el rol de beatmaker y, a partir de ahí, partimos para trabajar en equipo la producción junto a Pancho Suárez en el estudio. Me gusta trabajar con gente resolutiva, creativa y que no esté midiendo las estadísticas, el algoritmo y las tendencias de moda. Que tengan instinto musical animal, que podamos debatir y, sobre todo, con respeto y libertad creativa. Que aporten ideas y ayuden a llevar a cabo mi visión. Se trata de compartir y de que todos tengamos claro cuál es el papel que tenemos que desarrollar y por qué.

Foto: Mario Llorca Loureiro para AmalxGaza
Una vez construido el sonido de Valiosa en el estudio, llega el momento de ponerlo en manos de una banda y llevarlo al directo. ¿Qué parte de ese universo necesitas conservar y qué parte te interesa que se transforme cuando entra en juego el escenario?
WÖYZA: Conservar la esencia de las canciones, el groove, pero tener la libertad de crear nuevas capas que transformen la música en directo y que la hagan más grande o más minimalista. Pienso que un directo tiene que ser distinto al álbum y que las músicas están vivas y son distintas en cada interpretación para ese escenario. Es increíble empezar a trabajar un set list y pensar en una creación única para cada espacio.
El 2 de octubre presentas Valiosa en Vigo, la ciudad en la que comenzó tu trayectoria, acompañada por High Paw, Mey Tellez, Reynier Aldana, David “Fermo” Fermoselle y otros artistas invitados. Después de más de veinte años de carrera, ¿qué significa volver a Vigo con un disco que habla tanto de la mujer y de la artista que eres hoy?
WÖYZA: Tocar en casa es lo mejor que hay. Sabes que el público es el más exigente, porque entre el público están tus amigos/as y tiene una carga emocional mayor. Estamos ansiosos, a la par que cagados por todas las cosas bonitas y todas las colaboraciones amadas que pretendemos llevar al directo en la presentación de una forma totalmente inesperada.

Foto: Gf estudio
Contaste para Atlantico.net que “Pelea” fue la última palabra que te dejó tu abuela antes de fallecer y que fue cobrando sentido con el paso del tiempo. Después de todo lo que vino desde entonces, ¿qué le contarías hoy sobre lo que hiciste con aquella palabra?
WÖYZA: Como dicen las Fillas de Casandra “a miña tatatatataravóa estaría contentaaaa”…
No sé, tendría muchas cosas que contarle… Le daría las gracias por todas las enseñanzas, el amor y la inspiración tan grande que fue para mí su existencia, valores, mentalidad y humanidad.
En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
WÖYZA: Estamos en un momento, en gallego u otro idioma, de muchísimo talento. Voy a recomendar mujeres porque pienso que somos menos y ellos casi nunca nos recomiendan a nosotras.
Mis valiosas son: High Paw, Zeltia Irevire, Faia Diaz, Dani diCostas.
Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100 % sinceridad, 0 % vergüenza.
WÖYZA: Para el día a día: Masego, Rilès, Aldhara, Muni Long, Teyana Taylor, La Guru, Sasha Keable, Jorge Drexler, Música curativa Tibetana, Silvia Pérez Cruz, El rey León, María Elena Walsh… y muchas canciones infantiles.

