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MARYLAND: «DESPUÉS DE CINCO DISCOS, MARYLAND SUENA A MARYLAND»

MARYLAND: «DESPUÉS DE CINCO DISCOS, MARYLAND SUENA A MARYLAND»
13 FEBRUARY 2023

Sabes quien suena al primer guitarrazo, da igual donde lo escuches; ¿en los auriculares? ¿en el tocadiscos? ¿en directo? Esos primeros segundos son inconfundibles. Y es que MARYLAND lleva casi 15 años esculpiendo su sonido como maestros artesanos de letras y melodías, a través de emociones, con cariño. La banda viguesa, formada por Rubén Castelo (voz, guitarra), Pablo Castelo (bajo), Erick Puccioni (guitarra) y Álex Penido (batería), es conocida por un power pop de riffs de guitarras explosivas y melodías frescas, de letras emotivas y directas.

Cinco discos y dos EP avalan una trayectoria en la que han resurgido, han vuelto a nacer... y que, ahora, les lleva a encontrar y compartir sus Cataratas del Paraíso (Subterfuge Records, 2022). MARYLAND vuelve con un disco auténtico, sensible y enérgico. Y sí, empieza con guitarras.

 

Foto © Martín Rodríguez

 

Hace casi 15 años que irrumpíais en el panorama musical con vuestro power pop americano de guitarras. ¿Cómo nace MARYLAND?

Rubén Castelo: «Pues nace sobre 2008. Éramos Jaime, Arturo, Pablo y yo y. A principios de 2009, con el primero disco ya grabado, se incorporó Iván Patiño».

Pablo Castelo: «Posteriormente aparecieron Alex y Erick».

 

Actualmente, la banda está compuesta por Rubén Castelo (voz, guitarra), Pablo Castelo (bajo), Erick Puccioni (guitarra) y Álex Penido (batería). Tirando aún más del hilo de la memoria, a título individual, ¿cuál, y cómo, fue vuestro primer contacto con la música?

Rubi: «El recuerdo de mi primer contacto es de una guitarra que tenía mi madrina; fue cogerla y empezar a investigar sobre acordes, etc. Todo lo que llevo hecho hasta ahora es gracias a esa guitarra y, por supuesto, a mi madrina».

Pablo: «En mi caso, al ir a la par que mi hermano, recuerdo que no hacíamos más que descargar tablaturas de Internet de las canciones que más nos gustaban y practicarlas sin parar. Luego el siguiente paso ya era sacarlas de oído… ¡La verdad es que todo fue autodidacta».

 

Todos veníais de tocar en otras bandas (de hecho, a Álex seguimos escuchándolo en Helen & Shanna), ¿qué aporta vuestra experiencia previa al proyecto en común?

Rubi: «Quizás los gustos muy parecidos que tenemos todos del modo de concebir la música. Yo soy de los que pienso que, después de tantos años en esto, no sé absolutamente nada. Cada día se aprenden cosas nuevas».

Pablo: «Es una profesión donde el reciclaje es necesario y debe ser continuo. Empezamos sin saber tocar un instrumento y ahora tenemos nociones de social media, grabación, montaje y edición de vídeo y audio…[risas]».

 

Foto © Isaura Docampo

 

¿Por qué ese nombre, «MARYLAND»?

Rubi: «Vigo tiene mar y montaña :)».

Pablo: «[Risas] Touché!».

 

Aunque nombrábamos vuestro power pop, preferimos que seáis vosotros quien describáis vuestra música. Sin etiquetas, ¿a qué suena MARYLAND?

Rubi: «Yo son antietiquetas, hoy en día solemos a encasillar todo; después de cinco discos creo que Maryland suena a Maryland.

Esta es una de las cosas de las que quizás me siento más orgulloso, de que gente que escucha una canción nueva nuestra es capaz de identificarla».

Pablo: «Maryland suena a todo lo que nos gusta».

 

 

Weezer, Nada Surf o Fountains of Wayne son algunos de los nombres que leemos ligados a vuestras influencias, pero ¿a quién señalaríais vosotros como referentes musicales?

Rubi: «Podría dar una lista larga —desde grupos, solistas hasta compositores de bandas sonoras— pero me quedo con cualquiera que no deje de lado a una guitarra :)».

Pablo: «¡A un pedal de distorsión!».

 

 

 

Debutáis con Surprise (Ernie Records, 2009), producido por Jaime G. Soriano, líder de Sexy Sadie también conocido como Sr. Nadie al que, por cierto, contactasteis vía myspace.com (¡qué tiempos...!). ¿Cómo pasa de ser una «propuesta de colaboración» a productor de vuestro primer disco? ¿Cómo recordáis aquella experiencia?

Rubi: «Pues para mí algo maravilloso. Le enviamos un mensaje para ver si le apetecía cantar una canción en el disco; luego le enviamos parte del disco y le gustó. Todo aquello pasó de hacer una colaboración a producirnos el disco íntegro, irnos a Palma de Mallorca a mezclarlo y a grabar parte de él durante una semana.

Para un grupo que no tenía ni discográfica ni oficina, creo que fue un verdadero regalo; no solo que hubiese hecho eso por nosotros, sino también de tener la suerte de poder tenerlo como un buen amigo para el resto de vida. Además de un pedazo músico y compositor es una persona maravillosa».

Pablo: «De hecho, recuerdo que de aquella tenía una foto suya de pequeño como foto de perfil, y claro, cuando vimos que esto se nos iba de las manos hasta pensamos si no se trataba de un perfil falso o algo así [risas]».

 

 

 

Los años muertos (Ernie Records, 2013) marca el primer «antes y después» de vuestra trayectoria y, aunque seguimos escuchando un pop rock explosivo, pasáis del inglés al castellano. ¿Por qué el cambio de idioma?

Rubi: «Fue un cúmulo de cosas. Creo en las bandas que evolucionan y arriesgan y nosotros, con el cambio de idioma, arriesgamos no solo a nivel lenguaje; pienso que también a nivel compositivo.

Cada disco nuestro suena totalmente diferente en cuanto al planteamiento, pero mantienen una línea coherente. Mucha gente nos dice que nosotros hicimos ese cambio y que no se notó apenas con respecto a otras bandas que hicieron lo mismo, pero no fueron capaces de mantener su identidad».

Pablo: «Ya nos habíamos propuesto hacerlo en el segundo disco; de hecho, se llegó a comentar la opción de grabarlo en los dos idiomas pero, al final, no teníamos muy madura la idea. Creemos que tiene que surgir de manera natural y no impuesta. ¡Las cosas hechas con cariño no fallan!».

 

 

 

 

Decíamos que el primero, porque creemos que vuestro siguiente punto de inflexión llega cinco años después con la publicación de Resplandor (Subterfuge Records, 2018) y la firma con Subterfuge. ¿Qué significó para vosotros como banda y para vuestra música ese cambio?

Rubi: «Pues otro paso más para nosotros como banda. Recuerdo que mi primer concierto de festival fue para ver a varias bandas de Subterfuge. Firmar con ellos —¡un sello del que tengo cientos de discos en mis estanterías!— pues es otro sueño cumplido.

Somos un grupo que fuimos dando pequeños pasitos y afianzándonos con trabajo, y Resplandor fue uno más; nos dio la oportunidad de llegar aún a más gente (y la oficina es maravillosa)».

Pablo: «Se notó en muchos factores. Los números en escuchas, reproducciones en las plataformas de streaming, etc. aumentaron con creces respecto a los otros trabajos; para nosotros significó un salto bastante grande.

Al final lo que nos reconforta es, además de sacar canciones, que a la gente les gusten y que cada vez el público sea mayor».

 

Abre el largo Ave Fénix”, que también había servido de adelanto, que canta: «aquí estoy otra vez. Nada espero, nada sé, el ave fénix resurgió». ¿Tomasteis este resurgimiento de las cenizas como una declaración de intenciones hacia el futuro de la banda?

Rubi: «Sí, va por ahí la idea. Resplandor, el disco entero, es un homenaje” a esos años atrás; habla del estado de la banda y del mío en ese momento. Con os años muertos ya habíamos dado un pasito más, pero con la marcha de Iván y Arturo… pues decidimos parar un año y ver por dónde íbamos a tirar.

Yo personalmente estaba cansado del ámbito musical; recuerdo que estuve sobre seis meses sin coger una guitarra, pero pasado ese tiempo nos volvió a entrar el gusanillo en el cuerpo y, en cuestión de dos meses, teníamos el disco escrito para entrar a grabar».

Pablo: «Igual es una tontería que desde fuera no se aprecia, pero para una banda como la nuestra resulta vital tener las ganas y el sentir por la música intactas; si no estás al 100% se nota en todas facetas, pero en esta profesión aún más. Hay que estar con muchas fuerzas. El esfuerzo es máximo y sacrificas muchas cosas de tu vida diaria».

 

 

Resplandor se presentaba como vuestro disco más valiente. ¿Por qué definirlo así?

Rubi: «Porque quizás hablaba más de nosotros como grupo. Las letras quizás son un poco más directas. Tengo la sensación de que fue como grabar un segundo primer disco”; nos lanzamos de nuevo sin prejuicios y con la premisa de sentirnos como una banda novel que ficha por un sello discográfico. Creo que eso quedó muy bien plasmado en el disco».

Pablo: «Se juntaron muchas cosas: cambios de discográfica, cambio de oficina y formas de trabajar. Fue una manera de salir de la zona de confort y creemos que eso se refleja en el disco».

 

Foto © Isaura Docampo

 

Un año y medio después de este largo sorprendíais con Una pequeña galaxia (Subterfuge, 2019), un sencillo de dos caras en acústico para lo cual contasteis con Vega y Sr. Nadie (Jaime G. Soriano). ¿Cómo surgió este trabajo de colaboraciones tan especiales?

Rubi: «En principio, el planteamiento era regrabar el disco entero con diferentes colaboraciones, pero al final vimos que por cuestiones de agenda era muy difícil poner de acuerdo a tanta gente; preferimos realizar algo más corto, pero que, sobre todo, diese la sensación de estar hecho con mucho mimo.

Con Jaime era algo que tenía pendiente; su evolución a nivel compositivo fue parecida a la nuestra. Él tiene con Sr. Nadie su proyecto en castellano y nos apetecía que participase. Siempre digo que es uno más de Maryland: para mí es como tener nuestro Steve Van Zandt (sin pañuelo) :).

Con Vega fue otro regalo más que recibimos de esta cosa tan maravillosa llamada música. Con la salida de Resplandor ya nos había escrito algún mensaje dándonos la enhorabuena y que le gustaba “Ave Fénix”, así que cuando surgió la idea dijo un “sí” con mayúsculas. Fue maravilloso cómo la hizo suya. Tener la oportunidad de poder colaborar con ella es un lujo; ojalá pueda volver a hacer algo así en un futuro».

 

Vuestro nuevo trabajo Cataratas del Paraíso (Subterfuge Records, 2022) llegaba el pasado noviembre, un esperado largo con el que pretendéis que el público viaje a través de las 11 canciones que lo componen. ¿Cuál fue la idea tras él?

Rubi: «Pues está escrito en nombre de familiares, amigos, etc. Es la primera vez que escribo íntegramente las letras pensando o dedicando las canciones a gente determinada. Al principio me daba algo de apuro, pero con esto de la pandemia, el parón que tuvimos, me di cuenta que era bonito también abrirse y plasmar todo el amor o afecto que sientes por las personas que te rodean. Para mí eso es suficiente para llegar a esas Cataratas del Paraíso».

 

 

También comentáis que es un viaje que realizan «tres protagonistas muy importantes para vosotros». ¿Quiénes son... si se puede saber? ¿Fueron ellos la única inspiración de vuestras letras o hubo otras variables?

Rubi: «En el disco hablo de mucha gente, pero tres de ellas son mi sobrino, mi abuelo y mi perro».

Pablo: «¡Menudo tridente! :)».

 

Descubrimos que realmente existen unas Cataratas del Paraíso en Brasil, pero también hay unas ficticias, las de la película Up (Pete Docter, 2009), inspiradas en el Salto Ángel en Venezuela... ¿Y las vuestras? ¿De dónde viene el título del largo?

Rubi: «Tanto mi hermano como yo somos muy cinéfilos, ¡entre los dos podríamos montar un videoclub!

En este disco hay mucho guiño a toda la cultura popular y el título viene efectivamente de la película Up. Como comentaba antes, hay una canción dedicada a mi sobrino, que nació en pandemia (en pleno confinamiento), y otras dos dedicadas a nuestro abuelo y a mi perro que, lamentablemente, fallecieron antes y durante la pandemia.

Precisamente en mi salón tengo el póster original de esa película; en él aparecen justamente esos tres personajes y me parecía un bonito homenaje a los tres».

 

 

Ya que nombramos una de ellas —que, por cierto, es la misma que abre el videoclip de El chico de oro”, del que hablaremos más adelante—, no vamos a pasar por alto el resto de referencias cinematográficas que sabemos que hay. ¿Cuáles son? ¿Lo de incluir referencias cinéfilas en vuestras canciones es ya una tradición?

Rubi: «Sí, como decía, en los discos siempre tratamos de meter algo; en este quizás fue algo más abierto. Para nosotros el cine y la música van muy ligados.

Hay multitud de referencias a películas de los ochenta, como Calles de fuego (Walter Hill, 1984), La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), Indiana Jones y el templo maldito (Steven Spielberg, 1984) ou Blade Runner (Ridley Scott, 1982), por citar algunas».

Pablo: «Sale de forma natural; al final, no paramos de escuchar música y de ver películas, seguramente si tuviésemos otras inquietudes, pues hablaríamos de otras cosas :)».

 

Los adelantos del álbum —“Volver a nacer”, El chico de oro”, Mi emperatriz infantil”— ya brindaban felicidad, alegría; unas emociones que contrastan con el aire agridulce, melancólico ¿quizás?, del anterior. ¿Qué propició este giro emocional en la temática de las canciones?

Rubi: «Teníamos claro que queríamos un disco que fuese optimista, aunque la letra estuviese contando todo lo contrario, y que fuese un disco para disfrutar en directo».

Pablo: «Puede ser también que, al hablar de gente a la que aprecias y quieres, eso quede reflejado en las melodías y en los arreglos de los temas».

 

Llegados a este punto, nos arriesgamos a decir que sois una banda que compone movida por emociones y que, además, consigue transmitirlas con éxito al público. En vuestra opinión, ¿qué ventajas o desventajas pensáis que tiene componer, digamos, a corazón abierto?

Rubi: «En el momento que escribes una canción supongo que es necesario que sea lo más sincera posible, porque eso es lo que se transmite a la persona que la esté escuchando. Yo soy bastante tímido (aunque no lo parezca), pero creo que con los años perdí ese miedo a contar qué siento y cómo lo siento».

Pablo: «Las emociones mueven la vida diaria».

 

Foto © Mónica González

 

Tanto en la grabación como en la mezcla y máster —Pancho Suárez de Lis en Planta Sónica II (Vigo) y Santi y Víctor García de Ultramarinos Costa Brava (Barcelona), respectivamente— volvisteis a confiar en gente con la que ya habíais trabajado en anteriores trabajos. ¿Por qué ellos?

Rubi: «Pancho es otro miembro más de la banda prácticamente. Él grabó con nosotros cuatro de los cinco discos editados, no sé si habrá grupo que tenga grabado más discos con él que nosotros, lo que sí sé es que para mí Pancho es casa”. Lo mismo ocurre con Santi y Víctor. Creo que son de lo mejor del país y, sobre todo, gente con un gusto similar a nosotros; y, lo más importante en esta vida, gente noble y buena».

Pablo: «Seguramente si nos preguntas dentro de 50 años con quién vamos a grabar el siguiente disco responderíamos el mismo equipo :)».

 

En octubre lanzabais el videoclip de El chico de oro” (sí sí, Eddie Murphy, 1986) con una ardilla viajera como protagonista y que bien podría ser el vídeo promocional de la Ruta 66. Podríamos hacer mil y una preguntas al respecto (¿Por qué una ardilla? ¿Cómo conseguisteis casi la totalidad de planos sin gente?), así que optaremos por una algo más vaga: ¿qué nos podéis contar del vídeo?

Rubi: «El disfraz se compró en Chicago, en una tienda que es como un gran mercado de disfraces. En principio iba a ser un lobo, pero no lo tenían y, entre los cientos que había, quedó en ardilla. Me pareció idóneo para el vídeo, ya que la idea era plasmar el viaje a modo de cuento; la canción está dedicada a mi sobrino y me parecía bonito que tuviese un bueno recuerdo.

El video se grabó haciendo la Ruta 66, recorriendo desde Chicago a Los Ángeles, y el disfraz iba en el maletero del coche. La premisa era no tener ni pensado dónde grabar. Veíamos un sitio que fuese bonito o factible y grabábamos. Yo me ponía el traje y mi chica grababa.

Para nosotros también supuso tener algo diferente como recuerdo de nuestro viaje, y creo que lo recordaremos toda la vida. ¡Además de que tuvimos miles de anécdotas!

En cuanto a coger planos sin gente, la verdad es que es tan grande Estados Unidos que creo que es muy fácil [risas]».

Pablo: «Creo que tenemos material para grabar veinte videoclips. El proceso resultó bonito: ellos grababan y enviaban el material que tenían cada día; luego yo me levantaba y a las 08:30 h tenía siempre el Google Drive lleno de archivos para descargar; al día siguiente un WhatsApp comentando las mejores jugadas… Así durante quince o veinte días. ¡Toda una aventura! :)».

 

 

Cataratas del Paraíso viene envuelto en un diseño de Nuvi & Exfico en el que una ficha de acceso a una atracción está a punto de mojarse en un vaso de leche (con bracitos). ¿Qué significado tiene? ¿Trabajaron los diseñadores bajo alguna dirección vuestra o tuvieron total libertad?

Rubi: «Ellos tuvieron total libertad a la hora de hacer el diseño. Confianza ciega en ellos. Como sucedió con Resplandor, le enviamos el disco. Ellos lo escuchan y plasman visualmente lo que les evocan las canciones. Hay multitud de cosas, pero básicamente la portada tiene cierto “aroma” a los discos de los noventa, y el vaso de leche y la ficha de atracción es una vuelta a nuestra infancia».

Pablo: «La portada donde aparece el vaso con la ficha es de color verde, la contraportada es de color naranja, luego cae en el vaso, y el vinilo es de color blanco. La verdad es que trabajar con ellos es una gozada».

 

Foto © Martín Rodríguez 

 

Cataratas y Surprise están separados por 14 años. ¿Qué diferencias encontráis entre ellos? Sabiendo lo que sabéis ahora, ¿cambiaríais algo de aquel álbum debut?

Rubi: «Soy de los que piensa que lo hecho bien hecho está, porque si quisiésemos hacer Surprise ahora sería totalmente diferente. Por mi parte no cambiaría absolutamente nada. En cuanto a diferencias, sí puedo señalar la inocencia del primero disco».

Pablo: «Surprise tiene toda la inocencia que no tiene Cataratas y Cataratas tiene toda la experiencia que no tiene Surprise :)».

 

Venís de presentar Cataratas en La Fábrica de Chocolate (Vigo). ¿Cómo fue la experiencia ya que, además, jugabais en casa?

Rubi: «Pues la verdad que lo del viernes en la Fábrica fue muy bonito. Tocar en la Fábrica es jugar en casa, pero también tienes cierta responsabilidad; además era la primera fecha de la gira. ¡Yo por mí repetiría este fin de semana!».

Pablo: «Pasarán años y los nervios de los arranques de presentación de un nuevo trabajo no nos lo quita nadie».

 

 

El próximo 4 de marzo bajaréis a Madrid a hacer el propio en El Sótano. ¿Qué puede esperar el público de un concierto vuestro? Luego de esta conexión Vigo-Madrid, ¿tenéis alguna otra fecha cerrada?

Rubi: «Pues vamos con muchas ganas ya que las visitas a Madrid son muy esperadas. Además, es la primera vez que visitamos El Sótano y vamos como si fuese la primera vez que tocamos en Madrid».

Pablo: «Es una ciudad que siempre nos trató de maravilla. Tenemos muchos amigos y gente conocida allí, y muchas ganas de presentar los nuevos temas».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Rubi: «¡Pues puedo decir un montón de ellos! Moito! o Isius por ejemplo, que sacaron auténticos discazos. La verdad que en Galicia tenemos muy buena cantera; solo hace falta algo más de visibilidad».

Pablo: «Estoy de acuerdo con lo que comenta Rubi. Yo particularmente estoy muy orgulloso de lo que se hace en Galicia ahora mismo. Muchas veces vemos escenas de otras comunidades por encima de la nuestra y… Galicia calidade».

 

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Rubi: «Voy a poner directamente los diez últimos escuchados: Bleachers, The War on Drugs, Courtney Marie Andrews, Triángulo de Amor Bizarro, The Midnight, John Williams, Soledad Vélez, Ryan Adams, Taylor Swift y Cala Vento».

Pablo: «¡Venga va! L.A., Springsteen, Triángulo de Amor Bizarro, Feeder, Rosalía, YAWNERS, Journey, Reo Speedwagon, La Oreja de Van Gogh (ojo a esto que me aparece, pediré explicaciones en casa), Snow Patrol, Ballena, Iván Ferreiro, y un recopilatorio de canciones para dormir de Rosa León».

 

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