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CRISTIAN SILVA: «ˈUN HOME TRANQUILOˈ ES CONTENCIÓN, PROFUNDIDAD, REFLEXIÓN, MADUREZ, PERO TAMBIÉN IRONÍA, FUROR Y EQUILIBRIO»

CRISTIAN SILVA: «ˈUn home tranquiloˈ es contención, profundidad, reflexión, madurez, pero también ironía, furor y equilibrio»
18 AUGUST 2025

Con una gaita bajo el brazo y una mente inquieta llega de samplers, loops y melodías que bebe de la tradición y la modernidad, Cristian Silva se ha consolidado como uno de los nombres dentro de la escena musical gallega. Natural de Carril (Pontevedra), su trayectoria combina el profundo conocimiento de la tradición con una clara vocación experimental, llevando la música de raíz a territorios donde conviven el rock, el indie pop, la electrónica e incluso el flamenco.

Una década después de aquel EGO (Inquedanzas Sonoras, 2015), Silva publica Un home tranquilo (2025), un puñado de canciones que nacieron entre la niebla atlántica y el pulso eléctrico de la ciudad, conformando así una obra completa donde la gaita es la gran protagonista.

 

 

Foto © Álvaro Barreiro

 

Con varias décadas de experiencia —llegando incluso a ser declarado como mejor gaitero de Galicia en el XXXII Festa do Gaiteiro (Lalín), entre otros premios—, ¿cómo recuerda Cristian Silva su primer contacto con la música? ¿Algún recuerdo de la infancia especialmente vinculado a nuestro folclore?

Cristian Silva: «Mi primera experiencia con la música fue en casa, cantando canciones populares y escuchando casetes y discos de Amancio Prada, Julio Iglesias, Los Brincos, Los Tamara o Luis Emilio Batallán, amigo de la familia. En mi familia Silva, siempre se cantaba en las fiestas, como en la mayoría de las casas de Carril. Casi todos mis primos tocan la guitarra, y era inevitable no acabar tocando. También tuve la suerte de tener en casa un órgano Hammond de 1979 desde pequeño, que era de uno de mis abuelos, y que todavía conservo y uso con frecuencia.

Pero mi primer y decisivo contacto con la música tradicional llegó a través de mi amigo Joaquín “Quinillo”, que me invitó a clases de música con él en Carril cuando teníamos unos 8 años, y ellos ya llevaban varios tocando. Fui a ese ensayo y me quedé completamente cautivado por la música de la gaita y la percusión. Mi primer instrumento fue el tambor, luego el bombo y después la pandereta, ya que para entrar en la banda tenía que tocar algo que los demás no tocasen. Así que pasé muchos años haciendo pasacalles con la pandereta, tocando con la técnica del tambor.

Más tarde llegó el acordeón, pero la gaita siempre fue por dentro, ya que de escuchara mis compañeros tocar, los temas ya me iban quedando; y yo en casa con la flauta iba practicando por mi cuenta hasta que conseguí una gaita del maestro Antón Corral. Visitar su taller fue la chispa definitiva para incendiar mi cabeza e irme para Vigo en 1999 a dedicarme por completo a la gaita. Allí entré a la escuela taller de la Universidad Popular, al Conservatorio y el resto es historia.

 

Fuiste parte de bandas y grupos de diversos estilos (Xarabal, O Chupacabras, Flip-Flop Five, Turboláser, por nombrar algunos). ¿Qué te hizo, pues, arriesgarte con este proyecto en solitario? ¿Cómo dirías que afectó esta experiencia previa a la hora de presentarte como solista?

Cristian: «Creo que todos los que tocamos desde pequeños siempre soñamos con defender nuestro propio proyecto. Yo desde pequeño ya formaba parte de grupos de música tradicional y con la adolescencia empecé a tocar en formaciones folk y ya hacía temas para los grupos en los que tocaba, hasta formé una banda folk donde ya arreglábamos y tocábamos temas propios (Santa Compaña).

Luego empecé a colaborar con muchas bandas y artistas del panorama gallego y estatal, de muchos y variados estilos, y tocando muchos instrumentos diferentes, pero siempre pensando en que algún día lideraría mi propio proyecto, y esto llegó sobre el año 2010. Una vez que logré algo de estabilidad en cuanto a repercusión, estudios, colaboraciones... me decidí a grabar mi primer disco, EGO, en 2013, aunque no vio la luz hasta finales de 2015.

Sin duda, haber pasado toda mi infancia y adolescencia en grupos tradicionales y luego en grupos folk, medievales, pop, así como en la televisión o en producciones grandes como el ballet Rey de Viana fue esencial para marcar el camino a seguir con mi carrera musical».

 

¿Fue siempre la gaita tu instrumento de referencia? Porque comparte protagonismo con la zanfoña, la flauta...

Cristian: «Aunque el vehículo principal siempre es la gaita, ya que creo que es donde conseguí un lenguaje propio, como dije anteriormente son muchos los instrumentos que me llevan acompañando toda la vida.

La percusión fue esencial para fijar las bases, luego los teclados, piano y sintetizadores también fueron decisivos para conocer las armonías, componer. Y las cuerdas, sobre todo la técnica de guitarra eléctrica, fue esencial para desarrollar mi técnica con la gaita y la zanfoña y crear mis propios instrumentos. Por eso creo que que se lleve todo el protagonismo a gaita no sería justo de todo».

 

 

Como comentábamos, la gaita es tu constante, tu herramienta de expresión. ¿Cómo la describirías, técnica y emocionalmente?

Cristian: «Sí, la gaita es mi constante, mi día a día, no me imagino un día sin tenerla presente. Un instrumento caliente y casi vivo, que pide ser abrazado, lo que le da un extra de expresividad. Pero también es un instrumento exigente si de verdad quieres hacer las cosas bien técnicamente.

Como digo siempre, la gaita es el instrumento más conocido y más desconocido a la vez, más amante y más despreciado también. Como símbolo todo el mundo lo conoce, pero como instrumento ni los propios instrumentistas son conscientes de todos los recursos que tiene. Mi fijación siempre va a ser divulgar la técnica de la gaita y pelear por que esté presente en todos los centros de enseñanza de Galicia, creo que va siendo hora de que esté presente en el Conservatorio de Santiago de Compostela por ejemplo, es algo de ley».

 

¡Sin etiquetas! ¿Cómo definirías tu identidad musical? ¿A qué suena la música de Cristian Silva?

Cristian: «Pues justo acabas de decirlo, sin etiquetas, a Cristian Silva. Hay quien dice folk por la presencia de instrumentos tradicionales y por ser la gaita el eje principal; hay quien dice pop por las letras; rock por las guitarras y sonoridades, progresivo por las rítmicas y estructuras, jazz por el empleo de los modos y de las improvisaciones... Mi música es una alquimia mental, una convergencia de todas las músicas que pasaron por mi vida metidas en una batidora y aderezadas con una buena dosis de gaita».

 

¿Qué artistas o referentes dirías que marcan, o marcaron, tu carrera musical?

Cristian: «Muy difícil dar una lista reducida, ya que no somos realmente conscientes de los causantes de que una persona alcance una identidad. No sé si me marcaron o no, pero os puedo decir que Michael Jackson fue de los artistas que más escuché e imité en la infancia... y no tan infancia.

Luego hay multitud de artistas que pasaron por mi galería: Amancio Prada, Jethro Tull, David Bowie, Lenny Kravitz, Enrique Bunbury y en Galicia Milladoiro, Berrogüetto, Carlos Núñez, Budiño y Mercedes Peón cómo no, creo que fueron referentes para todos los que nos dedicamos a esto».

 

 

 

Tradiphonias (2012) es tu primero trabajo discográfico, ¿cuál fue el punto de partida de este álbum? ¿Hubo una pieza, una idea, que desencadenase el proyecto?

Cristian: «Tradiphonias no fue mi primer trabajo, fue el disco del cuarteto O Chupacabras, sin duda una producción que me marcó mucho, ya que solo con los instrumentos de la música tradicional, como son gaitas tambor y bombo, hicimos una deconstrucción de músicas tradicionales hasta llevarlas a un lenguaje más contemporáneo. Fue la primera vez también que vivía una autoproducción en primera persona, ya que venía de colaborar en discos de otra gente, pero nunca implicado en la producción, por lo que fue un muy buen paso para conocer la industria.

Vamos a considerar EGOmi primer disco, un trabajo donde en 10 temas tenía mucho que decir para presentarme en solitario, y así quedó de ecléctico. Yo tenía muchas músicas compuestas para ese disco, pero creo que el detonador de todo fue “A insignificante historia del hombre astronómico”, una historia musical que puede ser considerada autobiográfica, y que acompañamos con un videoclip en stop motion cocido a fuego lento».

 

El título ya sugiere una fusión entre tradición e innovación, una característica propia de tu música desde tus inicios. ¿Qué retos y posibilidades encuentras a la hora de innovar con el sonido de la gaita dentro de lenguajes más contemporáneos?

Cristian: «Yo, si me permites, siempre que leo eso de “fusión entre tradición e innovación” para referirse a una banda o artista creo que no es correcto. Nuestros ancestros ya innovaron mucho más que nosotros. Es cierto que no tenemos por qué conocer todo lo que aconteció en la historia de la música, pero llevo escuchando esa frase desde hace 30 años o más, por lo que decir en pleno 2025 que alguien innova en la tradición es sobre todo incorrecto e ignorante y debemos dejar de decirlo por muy atractivo que sea.

Yo puedo divulgar un estilo o una técnica a la hora de tocar la gaita o a la hora de producirla, pero no significa que esté innovando, ya lo hicieron otros antes que yo con total seguridad. Lo mismo acontece con la tradición. En Tradiphonias con O Chupacabras, lo que hacíamos era alta cocina, deconstruir las recetas con materia prima gallega, que de eso tenemos cosa buena. Lo que hago yo nos mis discos, salvo excepciones en las que empleo cédulas de temas tradicionales, es música de autor, por lo que lo único que hay de tradicional son los instrumentos, y en cierta medida, ya que en muchas ocasiones creo híbridos de instrumentos cogiendo lo que más me interesa de la tradición, por lo que no sé si pueden ser considerados tradicionales.

Lo que sí que claro está es que la gaita es un instrumento que tiene una serie de recursos que encajan perfectamente en el lenguaje de la música clásica contemporánea. Si tocas obras de Stockhausen, Cage, estudios de Frans Brüggen... todo parece estar escrito para gaita».

 

 

 

 

En EGO (Inquedanzas Sonoras, 2015) apuestas por seguir llevando la gaita gallega a territorios poco habituales, como el indie-pop, el rock o el flamenco. ¿Qué te motivó a profundizar en la exploración de la fusión de estilos?

Cristian: «Creo que es algo natural, cuando ves que todos los cantos frigios gallegos están en consonancia con los cantos del sur, o con los cantos de otras regiones del mundo, ves que todos compartimos una misma cultura. Por lo tanto, no creo que sean territorios poco habituales, sino más bien el contrario.

Tanto el rock como el pop emplean estructuras y modos presentes en nuestra música tradicional y en las escalas de nuestros instrumentos. Creo que hay modos que van en nuestro ADN. El canto popular y los instrumentos tradicionales ya hacían ese lenguaje mucho antes de la explosión de géneros y etiquetas de comienzos del siglo XX».

 

En cuanto a este tema de mezclar tradición y modernidad, tan en alza desde hace unos años, ¿cómo entiendes tú el equilibrio entre el respeto por la tradición y la libertad creativa?

Cristian: «Creo que la tradición ya es modernidad, y muchas veces lo que vendemos como modernidad es más bien todo el contrario. Todo forma parte de un todo, no soy capaz de definir lo que es moderno, porque creo que ya lleva muchos años todo hecho y no debemos dar la medalla a nadie.

Lo que para nosotros hoy es tradición, para los gaiteros de finales del XIX era modernidad, y lo que es moderno para los nacidos en el siglo XXI es tradición para los que nacieron en el último cuarto del siglo XX; todo depende con las gafas que mires. Yo cuando tocó músicas de museo, por así decirlo, intento ser totalmente fiel a la fuente original, pero eso no significa que sea incorrecto hacer versiones o tocar bajo un prisma diferente».

 

 

En este largo tocas alrededor de medio centenar de instrumentos, ¿qué papel tuvo esa diversidad instrumental en el sonido final de EGO?

Cristian: «EGO, al ser mi primer disco, sentía que tenía mucho que mostrar al mundo, por eso decidí grabar yo todos los instrumentos, para que el espectador notase mi personalidad en absolutamente todos los aspectos de la escucha. Creo que ahora ya no necesito eso, si bien es cierto que es algo que me gusta, lo de experimentar la clonación en un proyecto musical, acompañarte a ti mismo».

 

Foto © Álvaro Barreiro

 

El corte “A insignificante historia do home astronómico” se presentaba acompañado por un cortometraje de animación realizada en stop motion por Nuria Bouzas. Esta obra fue finalista en varios certámenes audiovisuales, como los Mestre Mateo, el Festival de Cine de Zaragoza... ¿Cómo recuerdas el proceso creativo del vídeo? ¿Esperabas el reconocimiento que consiguió?

Cristian: «Sé que ese corte fue una obra maestra para nosotros, sabíamos que era una muy buena idea y un muy buen trabajo, pero para ser sincero no contábamos con ningún reconocimiento, ya que para una compañía pequeña, apenas formada por dos personas, con todo el trabajo de stop motion hecho por Nuria Bouzas, sin ayuda económica de nadie, sin ninguna productora potente por delante... Que saliese nombrada en algún certamen ya fue todo un éxito.

Lo recuerdo como un esfuerzo enorme; casi un año de trabajo con las figuras, al final la historia sí que volvió autobiográfica, y ahí está para quien la quiera ver».

 

 

Hace unos años te escuchamos en “Cortegada” y “Conxuro”, temas de Baiuca incluidos en uno de sus discos más recientes, Embruxo (Raso Estudio, 2021). ¿Cómo surgió esta colaboración con el (¡casi vecino!) artista, productor y otro reconocido amante de mezclar tradición con electrónica?

Cristian: «Álex y yo compartimos maestro de gaita en la infancia, por eso la relación venía de allá, no solo de ser vecinos. Cuando me mandó la maqueta del primer disco que hacía bajo el nombre Baiuca, después de su proyecto como Alex Casanova fui el primero en compartirlo y en dárselo a Gayoso o Xosé Manuel Piñeiro, me pareció muy interesante el tratamiento de los samplers de las recogidas.

Para el siguiente disco me propuso grabar unas flautas, gaitas y zanfonas para samplear y probar y yo encantadísimo. Así surgió el tema “Cortegada”, por ejemplo».

 

 

 

 

Estás presentando Un home tranquilo (2025), tu nuevo —y esperado— disco que llega después de... ¡diez años! Pandemia aparte, ¿por qué tanta dilación entre ambos trabajos?

Cristian: «Justo después de EGO me puse a trabajar en el libro-CD Manual ególatra básico, que salió en 2017, y en otros proyectos bibliográficos. También tuve la suerte de que Fran Sieira pensase en mí para componer la música de su espectáculo Demente en 2020, por lo que aunque muchos de los temas para lo nuevo disco fueron creados antes del 2019, no se materializaron hasta el lustro que va del 2019 al 2024, cuando tenía tiempo entre otros proyectos.

Al principio tenía seleccionados como 15-20 temas para este último disco, pero finalmente se quedaron en 10 de manera natural. Es un proceso severo y duro a nivel psicológico, ya que normalmente grabo yo todo lo que se escucha en mis grabaciones, y voy haciendo capas como si de un cuadro se tratase. Las geniales colaboraciones que tengo la suerte de tener en el disco hicieron que visualizase mucho antes los temas tal y como los tenía en la cabeza. Es imposible representar todo lo que tú eres y todo lo que tienes dentro en tres minutos y medio de música, pero hay que intentarlo mediante la recombinación creativa que experimentamos a diario.

Cada vez que hago un disco siento que dejo una parte de mí, creo un nuevo horrocrux, por lo que centré las energías en hacer una historia redonda, que quien la escuche llegue a entender lo que yo pienso en este momento. Todo tiene sentido, hasta las duraciones de cada tema, o la duración de cada cara del vinilo, que duran exactamente los mismos minutos y segundos. Todo lleva un código numerológico, incluso los tonos y modos empleados.

Y todo esto es un proceso que no se hace en siete días, y como tengo la suerte de marcar yo mis propios tiempos, espero a que el disco decida que está listo para salir».

 

De hecho, lo primero que escuchábamos (¡y aun no lo sabíamos!) de Un home tranquilo fue “Lobo Estepario” en 2019 y “Estado de Fuga” en 2020... este último con una maravilla de videoclip grabado en la Ilha del Sal (Cabo Verde). ¿Fueron estos dos sencillos pensados para ser publicados sueltos o ya concebidos como parte de un todo (el disco)?

Cristian: «La idea era que esos sencillos fuesen un preámbulo del disco, que en un principio se iba a llamar Quásar. La pandemia y mis circunstancias personales hicieron que aplazase la salida hasta este 2025, tal y como dije antes, y que sufriese un cambio de nombre para Un home tranquilo, pienso que muy simbólico y muy acorde al paso del tiempo.

Lo de la grabación de “Estado de Fuga” en Sal fue totalmente simbólico. Los de Carril tenemos el apodo de “afoghacristos (esta es otra historia), y en Sal tienen un Cristo afoghado, por lo que no podía pasar por allí sin hacerle una visita y hacer unas tomas».

 

 

¿Qué hizo de “Ovelha Neghra” el sencillo presentación (oficial) de este largo?

Cristian: «Yo concibo un disco como uno todo, cada estación es esencial para tener la historia completa. El concepto es un disco principalmente de gaita, ya que llevan gaita todos los temas menos uno, casualmente el último sencillo que adelantó el lanzamiento “Ovelha Neghra”, que aunque no lleva gaita lleva zanfoña, también llamada gaita en otros escenarios, pero me pareció muy simbólico sacarlo como adelanto, ya que puede ser el tema más distinto del disco.

Y con una letra también muy crítica con la sociedad actual y con el mundo de la música. La dicotomía “Ovelha Neghra”/“Lobo Estepario” también fue decisiva a la hora de la elección de los temas, y si te fijas en el diseño del tracklist y de las caras del vinilo... son temas enfrentados».

 

 

Defines la decena de canciones del LP como «un viaje sonoro lleno de reflexión y madurez». ¿De qué manera se reflejan estos dos conceptos en la atmósfera o en la estructura del disco?

Cristian: «El disco está pensado para ser escuchado de principio a fin en el orden propuesto, de modo que vayamos conociendo poco a poco a lo que nos enfrentamos, con las diversas sonoridades de la mente calidoscópica mezclada con los músicos que participa.

Así tenemos obras de corte pop cómo “E-la”, que era un tema vocal más largo pero se convirtió en la introducción de los conciertos, donde tocaba la banda sola sin mí; o “Tobogán”, que era una obra que ya tenía hecha para otra formación unos años antes de empezar con este proyecto y en esta ocasión grabé con los amigos Igloo, con quien llevo colaborando varios años. Las otras obras cantadas, como “Ovelha Neghra” o “Lobo Estepario”, deambulan entre el folk y el rock. Creo que en las letras de los tres temas cantados puede quedar si cabe más clara esa rabia, ironía y dualidad de la vida de un artista.

Luego tenemos otras obras como “Quásar”, “Alquimia cósmica”, donde ya van saliendo esas pinceladas de funk o jazz potenciadas por las guitarras de Pablo Pérez o los metales, representados por el saxo tenor de Xosé Miguélez o el trombón y bombardino de Antonio Rodríguez Iborra.

Luego hay temas más puramente gaitísticos como “Estado de Fuga” o “Sardinha Biva”, donde el peso cae en la percusión y los diversos instrumentos tradicionales como las gaitas y la zanfoña.

Baño con el leviatán” es el último tema del disco, un lugar muy especial siempre dentro de un disco; en esta ocasión nos conecta con lo acontecido en “Encélado de sal”, el último tema de mi disco EGO, donde finalmente reposaba en las aguas de una de las lunas de Saturno, hasta hoy... En esta ocasión pasamos de las aguas tranquilas a los cantos de sirena representados por la voz de Ana Fernández para luego finalizar luchando con nuestro leviatán interior, representado por el saxo de Xosé Miguélez. Así, de las profundidades emergemos buscando la calma de la superficie, como un pez abisal buscando un lugar caliente.

Todo tiene sentido en el disco, por eso considero que es esencial escucharlo de principio a fin para sumergirse conmigo y comprender de verdad todo lo que quiero decir».

 

Foto © Álvaro Barreiro

 

El título, Un home tranquilo, evoca un momento de introspección, ¿cuánto tiene de autobiográfico? ¿Cuánta de esa «tranquilidad» sirvió de inspiración para la composición de las canciones?

Cristian: «Es inevitable que un disco con temas propios no tenga algo de autobiográfico, porque todo lo es. Sin embargo, solo “Baño co leviatán”, que fue el último tema que entró en el disco, fue concebido bajo ese concepto de tranquilidad, el resto de temas fueron creados bajo el prisma de la primera idea del disco, bajo el nombre Quásar, una nueva energía.

Pero en realidad, todos entran dentro de ese concepto, de ahí el cambio del nombre. Creo que hubo un cambio en mí que me hace tomar todo con más calma, aunque para mí el concepto de calma sigue siendo muy distinto a lo que aparece en el diccionario».

 

 

En cuanto a este tema, nos resultan curiosa esa serenidad a la que hace referencia el título cuando la música... ¡es de todo menos tranquila! ¿Fue este contraste intencionado?

Cristian: «Un home tranquilo es contención, profundidad, reflexión, madurez, pero también ironía, furor y equilibrio. Si me conoces bien, sabes que soy de todo menos tranquilo.

Hay una frase que siempre me gustó mucho: calma en la superficie, pero batiendo como el demonio por debajo. La gente no tiene por qué saber todo lo que hay en las profundidades marinas».

 

Instrumentos como zanfoñas eléctricas se fusionan con guitarras, sintes y secciones rítmicas que bailan entre funk, indie y jazz conformando así un diálogo entre tradición y modernidad. En esta ocasión, ¿cómo fue el proceso de integrar instrumentos tradicionalmente ligados al folclore gallego con otros que no lo están tanto?

Cristian: «Yo no hago distinción entre unos instrumentos y otros, todos sirven para lo mismo: hacer música. Algunos llevan más tiempo entre nosotros y otros menos, y entiendo que la carga simbólica es mayor, pero en la práctica es lo mismo. Es cierto que emplear instrumentos orgánicos precisamente aporta eso, una carga simbólica muy potente, aunque luego los procese como una guitarra o un sintetizador.

Bajo mi punto de vista, creo que no necesitamos integrar nada en la música, está todo en las cabezas de la gente».

 

 

En Un home tranquilo sigues reivindicando la gaita como un instrumento universal, no solo un símbolo cultural. ¿Cómo es utilizar la gaita del mismo modo que un sintetizador o una guitarra eléctrica?

Cristian: «En esto remito a lo que dije en una de las primeras preguntas, la gaita es muy conocida pero también muy desconocida. Tenemos muchos recursos para todo tipo de músicas, yo cogí los recursos que más me interesaban de cada momento histórico y luego le incorporé recursos que ya empleaba en la guitarra o en los sintetizadores, como los trémolos, bending, tapping...

Así, en este disco podéis escuchar creo que unos siete tipos de gaitas distintas, desde una gaita medieval a una gaita con llaves, pasando por una gaita irlandesa u otros tipos de gaitas gallegas en diversas tonalidades, como re, do, si, la o sol, y empleando diversas técnicas».

 

En “Tobogán” cuentas con IGLOO, banda de Caldas de Reis reconocida por su exquisito indie-pop. ¿Cómo fue a trabajar junto a ellos? Porque sabemos que aún estáis discurriendo un videoclip para este tema... ¡para el que estáis pidiendo juguetes viejos!

Cristian: «Con Igloo empecé a tener una relación más cercana desde que estuvimos nominados juntos en los premios Mestre Mateo. A raíz de ahí empezamos a colaborar juntos y cuando aceptaron formar parte de “Tobogán” fue una alegría inmensa para mí.

La idea del tema era hablar sobre los juguetes rotos en el mundo de la música, el funcionamiento de la propia industria musical. Al principio yo tenía una versión mucho más disco, pero acabé asimilando como mía la primera versión que me mandaron de prueba, y al final, creo que quedó con una atmósfera en la que encontramos representadas nuestras personalidades musicales.

Respecto al videoclip, en cuanto tenga un momento editaré todo el material que recibimos, que hay cosas muy muy chulas, juguetes del siglo pasado o de nuestra niñez que la gente tuvo a bien de compartir».

 

 

Las fotografías que sirvieron como base para el diseño del disco fueron tomadas por Álvaro Barreiro «en el atardecer de un 23 de diciembre» (¡a 9 grados!). Siendo de Carril, —«se vas a Carril, ao mesmo chegar, verás Cortegada, deitada no mar»— necesitamos saber ¿por qué escoger un día de pleno invierno para la sesión fotográfica y no otro momento más... térmicamente confortable?

Cristian: «Era indispensable para la filosofía del disco. Hacer esas fotos en verano no tendría ni sentido ni significado. Un hombre tranquilo bañándose en su casa y tomando el sol de un atardecer de invierno; si eso no es tranquilidad... El hombre de hielo impasible ante el entorno, una declaración de intenciones.

Hay que mojarse sin pensar en las consecuencias, y no hay mejor sitio para hacerlo que al lado de Cortegada, con un espectacular atardecer. La tranquilidad no tiene por qué estar en lo confortable».

 

Foto © Álvaro Barreiro

 

Hablando de la portada, en la que apareces sumergido en el agua, decías que en este álbum «acepto que estoy en las aguas profundas y asumo que ese es mi lugar», aludiendo al contenido simbólico de la fotografía. ¿A qué te referías exactamente con esa expresión?

Cristian: «Creo que la foto de Álvaro L. Barreiro de la portada en medio de las aguas del Carril capta por completo lo que significa este disco. Un paisaje sonoro donde cada tema cuenta una historia, un volcán en las profundidades de un mar en calma. Un home tranquilo es la vida misma de un músico a diario. La palabra “hombre” significa madurez, pero también es casa, soy yo.

Creo que las carreras musicales son carreras de fondo si de verdad quieres durar, sobre todo con la gaita, si andas mucho por la superficie acaban comiéndote las gaviotas. Yo entiendo que no hago música comercial, o eso creo, por lo que estoy destinado a ser un pez de fondo, como un rodaballo, y salir de vez en cuando, no mucho, a la superficie a ver lo que pasa. Mirad lo que pasó con el pez diablo negro... mejor quedar en las profundidades aunque la superficie sea atractiva».

 

 

Además de músico, eres docente de gaita, percusión y acordeón en varias escuelas y conservatorios de Galicia. ¿Cómo ves a las nuevas generaciones?

Cristian: «Hoy en día solo imparto aulas en el Conservatorio de Vigo, donde está mi plaza. Allí imparto gaita sobre todo, pero también jazz y producción musical.

Si bien es cierto que la gaita no está de moda, y es cierto que hay menos juventud que la toque, las nuevas generaciones no dejan de sorprenderme. Cosas que para mí eran difíciles con 18 años, ahora son sencillas para los niños y niñas de 10 años. Vamos por buen camino, pero necesitamos más presencia de gaita en los centros reglados y tomar el instrumento en serio. Es impensable no tener la especialidad de gaita en conservatorios como el de Santiago o el de Pontevedra. Aunque parezca mentira, hay mucho complejo y mucho detractor de los instrumentos tradicionales en los conservatorios.

Yo seguiré luchando porque nuestra gaita consiga el lugar que le corresponde, y que la zanfoña también forme parte de la enseñanza de grado».

 

Al hilo, a finales del año pasado se publicaba O Pilindrín, un libro que recopilaba juegos y canciones infantiles recogidas por el folclorista vilagarciano Carlos Rey Cebral hace más de 30 años, y en el que tú aportas el análisis musical y Serxio Cobos las ilustraciones. En tu opinión, ¿cómo crees que este tipo de iniciativas contribuye a que los niños generen una conexión natural con nuestra música desde pequeños?

Cristian: «Es muy importante dotar de recursos en gallego a los docentes, ya que estamos perdiendo el habla totalmente. En mi centro, de 700 alumnos solo tenemos un gallegohablante. Y en el profesorado mejor ya no digo nada, hay mucho auto-odio. Debería potenciarse más la creación de estos recursos en gallego, ya que, en la mayoría de los casos como el nuestro, son autofinanciados y sin ánimo de lucro. Yo seguiré divulgando contenidos siempre que esté en mi mano».

 

Foto © Álvaro Barreiro

 

Acabas de presentar Un home tranquilo en Vilagarcía de Arousa, ¿de qué manera trasladas la energía del disco al espectáculo en directo? ¿Cuándo, y dónde, podremos volver a disfrutar de un concierto tuyo?

Cristian: «En la puesta en escena tengo la suerte de contar con mi banda habitual, la que me lleva acompañando diez años ya, desde EGO: Miguel Anxo López en la batería, Suso Iglesias en el acordeón, Xosé Piñeiro en las guitarras. También se suman las incorporaciones de Iria Iglesias en los teclados, Efrén Novoa en el bajo y Ana Fernández en la percusión gallega y voz. Y contaré con algunas colaboraciones de la gente que participa en el disco, como Antonio R. Iborra en los metales y algunas sorpresas más. Me gustan las bandas grandes, por lo que habrá mucha carga de potencia con guitarreo y sintetizadores, gaitas y flautas procesadas por pedales y apoyo de vídeo.

En cuanto a conciertos, con toda la banda presentamos el 17 de agosto en Vilagarcía, y luego haremos producciones propias, como la del 12 de octubre en la Sala Capitol en Santiago de Compostela, con los invitados del disco».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Cristian: «Si bien es cierto que no escucho mucha música actual en gallego, me gusta mucho el último disco de Pauliña, Galego Is Not Dead (2024), entre otros. Creo que las nuevas generaciones deberían escuchar los discos folk que se hacían en Galicia en los 80 o 90, y ya no solo en Galicia, porque creo que a veces parece que estamos inventando la pólvora».

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza.

Cristian: «Pues tengo en abierto varios listados, por lo que es fácil ver lo que escucho. Va por épocas, pero últimamente más rock, pop, jazz, Bowie y Lenny siempre, Guilhem Desq...

En realidad intento siempre escuchar en CD o en vinilo, por lo que Spotify solo lo utilizo para discos que no tengo digitalizados o en formato físico, por eso no te digo Bunbury, Iván Ferreiro o Maga, porque creo que tengo toda la discografía en formato físico. Empleo las plataformas de música sobre todo para escuchar muchas recomendaciones y grupos nuevos que me mandan colegas, ya que es la manera de estar actualizado».

 

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