LUCIFÉRNAGA: «TODOS LLEVAMOS UHA “MALA BESTA” DENTRO QUE CADA VEZ REPRIMIMOS MENOS»
Formada por músicos con más de 20 años de experiencia en el mundo del rock y el metal, Luciférnaga no es solo una banda, es una «fuerza sonora única» que refleja la esencia del doom y el stoner metal. Cada uno de sus miembros aporta una amplia experiencia, fruto de su participación en grupos gallegos de renombre como Supa Scoopa, The Mirage, Supernatural, In.Verno o Mano de Piedra. Su propuesta musical, autodefinida como «lenta, oscura, grave, melancólica y agridulce», destaca por la capacidad de crear paisajes sonoros profundos y emocionales, capaces de sorprender y conectar con un público diverso.
Después de varios años de trabajo definiendo su sonido, Luciférnaga presenta su primer álbum, Mala Bësta (2025), un disco que explora la decadencia del mundo y del espíritu humano, la desilusión y la pérdida profunda; los ocho cortes que componen el LP resuenan como marchas fúnebres mientras incorporan momentos de claridad melódica, escasos, pero que actúan como un descanso meditativo, como la débil luz de la luciérnaga atravesando una tormenta.

Foto © Javier Pereira
¿Cómo pasan Mano García (guitarra), Quini Estévez (voz, guitarra), Suso Valcárcel (batería) y Fran Álvarez (bajo) a conformar la «fuerza sonora única que emana de las profundidades» que es Luciférnaga?
Quini Estévez: «Ya nos conocíamos todos desde hace tiempo, pero Mano y yo tocamos juntos en Supa Scoopa y por años fuimos uña y carne musicalmente hablando. Después de un tiempo trabajando fuera volví aquí y tenía muchas ganas de volver a tocar, así que lo hablé con Mano y decidimos montar un proyecto nuevo, que acabaría siendo Luciférnaga.
Los nombres de Fran y Suso estuvieron siempre en nuestras cabezas como los candidatos perfectos para el grupo, y no sé cómo pero los dos dijeron que sí».
Fran Álvarez: «No dudé ni un momento en aceptar la propuesta de Mano y Quini, ya que nos conocemos desde comienzos de 2000 y compartimos escenario en muchas ocasiones, aparte de que Mano fue mi compañero en Mano de Piedra durante casi ocho años y ya sé de que pie cojea musicalmente hablando».
Suso Valcárcel: «Yo la verdad es que fui asaltado por Mano en un concierto de Valley of the Sun, una banda canadiense tipo stoner, así que evidentemente también me gustan estos palos musicales, a pesar de que se me conoce algo más por haber tocado mucho rollo hard rock no tan cerca del stoner o del doom.
Haber escuchado estos dos géneros tan particulares durante años, alternando con muchos otros palos con los que disfruto, me ayuda mucho a entender cómo hay que tocar las baterías de cada uno de los estilos; así que me encuentro cómodo con ellos, y conociendo quien estaba metido en medio de la banda que estaba por venir, decidí probar sin dudarlo.
Llevaba bastante tiempo alejado del mundo de las bandas y aquí sabía al 100% que iba a estar con gente que lleva muchos años compartiendo, que no andan con caralladas ni tonterías; gente constante y seria, y además casi equilibrado [risas]. Fue chegar e encher pienso que para los cuatro, realmente. Además, Mano siempre me recibe con una cerveza, y a eso sí que no le digo que no [risas]».
«Lucifer» (o lucífero) es una manera poética de denominar el lucero, además de designar el «ángel caído» (Satanás) en la tradición cristiana. Sin embargo, vuestro nombre se lee como una mezcla entre «lucifer» y «luciérnaga» ¿no? ¿Por qué escoger este nombre para el proyecto?
Quini: «Después de darle infinitas vueltas a mil nombres, yo creo que fue Mano quien propuso este, y aparte de sonar muy bien, da precisamente esa idea: la de Lucifer como una luz y guía magnificada por la luz de la luciérnaga.
Y no es que nosotros seamos satánicos ni nada por el estilo, pero para el estilo de música oscura que hacemos, emplear a Lucifer o al mal como hilo conductor de muchos de nuestros temas nos sale casi de forma natural, somos unos malvados de carajo nosotros».
Fran: «Aquí la batidora creativa de nombres es Mano y este debió ser el tercero o cuarto nombre que propuso. Ya no le dejamos “crear” nuevos nombres porque me harté de tener que cambiarle el nombre de la carpeta compartida de Google Drive».
Mano García: «Fue simplemente un juego fácil de palabras, en el que Lucifer representa el mal (dependiendo del lado en el que estés) y la luciérnaga es la pequeña luz en la oscuridad, la lucha entre los humanos y la naturaleza».

Foto © Javier Pereira
Aunque Luciférnaga es, digamos, de reciente creación, vosotros sois unos veteranos encima de las tablas, siendo parte de grupos como Supa Scoopa, The Mirage, In.Verno ou Mano de Piedra. ¿Qué diríais que aportan estas experiencias previas a la hora de conformar este nuevo proyecto musical?
Quini: «En mi caso la experiencia me aporta mucha calma, la verdad. Fueron muchos años y muchos conciertos con Supa Scoopa, así que a estas alturas ya tengo, y creo que todos en la banda tenemos, las ideas muy claras para hacer que esto funcione tal y como nos gusta».
Fran: «Yo también tuve mis andaduras stoner hace muchos años con una banda llamada Primer Grado y llevo en el ADN estos riffs monolíticos, por lo que me siento como en casa trabajando con estos chicos y con estos estilos musicales».
Suso: «Yo añadiría aquí que las experiencias previas creo que nos han aportado a todos un grado de calma y paciencia que hace años no teníamos algunos de nosotros, yo el primero. También el saber estar en el sitio que cada uno ocupa en un proyecto. Yo podría acercar cosas a nivel composición, probablemente, pero es que eso lo hacen estupendamente estos tres compañeros, y no considero que sea mi fuerte en este proyecto, pero, por ejemplo, puedo aportar en otros campos del trabajo como el de ser el malo a la hora de cobrar cachés [risas]… Y así hacemos con todo.
Por mi parte, creo que haber aprendido a que nada corre tanta prisa en la vida; creo que esto lleva a trabajar e ir haciendo las cosas más tranquilamente y de manera más fácil y natural, siempre sabiendo que sin prisa pero también sin pausa. Yo creo que eso lo aprendimos con el bagaje anterior y todos los tropiezos del camino. “La prisa mata”, que me dijo un vendedor ambulante que de la vida sabía un poco…».
Doom, stoner, metal... en la primera escucha los géneros donde podrían caer vuestros temas parecen claros, pero, sin utilizar etiquetas, ¿cómo definiríais vosotros vuestra música? La que sola Luciférnaga?
Quini: «La un carro de bueyes oxidado, lento y pesado pero poderoso, ¡muy poderoso!
Fran: «Como una piedra gigante rodando ladera abajo llevando todo por delante».
Mano: «Música lenta, oscura, grave, melancólica y agridulce, a veces triste y otras muy triste».
Suso: «Nada que añadir a esas palabras tan inspiradas de mis compañeros, que después de toda esa palabrería, son unos ositos de peluche… [risas]».
En cuanto a vuestras influencias, tanto en vuestra manera de hacer música como de entenderla, ¿quién diríais que tiene, o tuvo, particular impacto? ¿A quién señalaríais como principales referentes?
Quini: «Ahí cada uno tenemos nuestro corazoncito me da a mí, porque aunque tenemos mucho en común, a la hora de hablar de gustos musicales somos bien distintos. Personalmente, cuando pienso en Luciférnaga yo pienso en Black Sabbath, Monolord, The Sword, Kyuss… Por ahí van los tiros conmigo».
Fran: «Coincido con Quini en las bandas referentes y añadiría a Electric Wizard a la ecuación, aunque no dejan de ser un hijo más de los padres del heavy metal, Black Sabbath».
Mano: «Black Sabbath, Kyuss, Pentagram, Place of Skulls, Earth, The Obsessed, Reverend Bizarre, Cathedral, Candlemass, Electric Wizard, Dragonauta, Witchcraft…».

A principios de junio salía Mala Bësta (2025), vuestro primer álbum, que «surge de las sombras como un árbol antiguo y retorcido, que extiende sus raíces sobre una tierra destrozada». ¿Por qué definirlo así?
Quini: «No sé muy bien que decir [risas]. Pero es cierto que Mala Bësta estilísticamente hablando no suena moderno o actual, intencionadamente, suena a viejo y complejo, enrevesado. Cuando te paras a escuchar nuestras letras, te das cuenta de por qué la tierra destrozada, la tierra que nos inspiró y que permitió crecer ese árbol que es Mala Bësta».
El título parece evocar un instinto primario o una fuerza que habita en cada uno de nosotros. ¿Entendéis la « mala bestia» como una metáfora de la naturaleza humana?
Quini: «Sí, 100%, somos básicamente eso, malas bestias en un planeta que no merecemos. Pero también nos gustó mucho la idea de definir el álbum y nuestra música como una mala bestia con una fuerza descomunal».
Mano: «El título fue idea de Quini y, la verdad, es que define perfectamente el concepto del disco; todos llevamos una mala bestia dentro que cada vez reprimimos menos».

Foto © Óscar Caamaño
Lo primero que escuchábamos de Mala Bësta fue “Retroxénese”, ¿qué diríais que tiene este corte de especial como para escogerlo cómo sencillo presentación?
Quini: «Pues creo que representa muy bien lo que hacemos como banda. Es un tema largo y pesado, hipnótico y que te atrapa, pero que también tiene partes más psicodélicas y un final poderoso como pocos. A mí se me siguen poniendo los pelos de picos pardos cada vez que lo tocamos en un concierto, no puedo evitarlo».
Fran: «Efectivamente, es un buen resumen del sonido de Luciférnaga, la mejor carta de presentación de este LP».
Retroxénese es ‘involución’ y, de hecho, la decadencia del mundo y del espíritu humano son las principales fuentes de inspiración del álbum. ¿Cómo fue materializar estos conceptos en letras y acordes?
Quini: «En caso de Mala Bësta yo me hice cargo de las letras y, como decís, tenía ya unas notas o conceptos del que me gustaría escribir y cantar, pero solo eso, ideas. Una vez que fuimos creando riffs y temas, de forma bastante natural, fui emparejando cada idea con la música que mejor le encajaba en mi cabeza y, a partir de ahí desarrollé los textos.
Suena a echada por fuera pero es la verdad, cada melodía me llevó exactamente a escoger la idea o letra que mejor encajaba».
Uno de los elementos más destacables de Mala Bësta es el trabajo de guitarras, graves, pesadas, pero con una claridad que no se pierde entre capas de distorsión; algo que, junto con la base rítmica de bajo y batería, conforman una atmósfera densa e hipnótica. ¿De qué modo abordasteis ambos extremos hasta alcanzar el equilibrio entre la pesadez doom y la fluidez?
Quini: «Pues creo que arrancamos con las ideas claras, sonido gordo y pesado, esa fue la base al principio, pero luego, una vez que empezamos a construir temas, enseguida nos enteramos de que no podía ser simplemente eso; de que necesitábamos encontrar el punto en el que la distorsión y la pesadez no se comiesen todo.
Empezamos a aligerar todo un poco hasta llegar hasta donde estamos. Tengo que decir que creo que Fran hizo un gran chollo ahí tirándonos de las correas a Mano y a mí, que si por nosotros fuera…».
Fran: «A veces menos es más; me costó que entrasen en razón, ya que la distorsión y el fuzz son como una droga, pero al final todo fue al sitio. Además, tuvimos la suerte de contar con la inestimable ayuda de nuestro productor Marco Lima, que terminó de arreglar el sonido que estábamos buscando».
¿Qué papel juegan las reverbs, delays y efectos en la construcción de la parte instrumental?
Quini: «Todo y más, te somos muy, muy atmosféricos, pero mejor que Mano explique ahí este tema [risas]».
Fran: «Aquí, exceptuando a Suso que no lleva pedales de efectos en la batería, todos somos de experimentar con efectos variados. Y como bien dice Quini, Mano es el experto en esta materia».
Mano: «Para mí es fundamental el uso de efectos de reverberación, modulación y retardo para la construcción de paisajes sonoros que evoquen las sensaciones que queremos transmitir en cada tema y cada concierto. El problema es aplicar el punto justo de los efectos en cada momento, sobre todo en directo, porque en muchas ocasiones no te escuchas bien y es muy fácil pasarse y emborrallar todo; pero para eso están mis compañeros de grupo, que me recuerdan en toda ocasión que pueden que cuidado con los pedales…».
Suso: «A Mano le tenemos que recordar lo de los pedales también de licor café, que con los otros es duro de atar [risas]. Yo amenazo con sacar una batería electrónica en algún momento, pero creo que no me van a dejar… Tengo que ser el analógico de la banda por decreto, y va a ser mejor, probablemente.
Y ahora fuera bromas; hubo una sensación que tuve en una sala que suena muy bien, Sala Rebullón, donde el sonido era tan limpio en el escenario que a mí me faltaba precisamente esa sensación de tener alrededor esos efectos que emborrallan, pero que hacen totalmente la función de sentirnos siempre envueltos. En estas canciones faltaría toda esa vida que hay detrás de cada riff, indudablemente, si no hubiese toda esa ambientación, que además nunca es exactamente la misma. Aporta también que cada concierto sea diferente».

Foto © Óscar Caamaño
En cuanto a las letras, estas dibujan un ritual de pérdida, desarraigo, espiritualidad, de ahogamiento en un mundo de sombras. ¿Cómo fue su composición?
Quini: «Pues bastante natural, la verdad. Por desgracia, por una parte tuvimos algunas experiencias jodidas a nivel personal con la pérdida de seres queridos, “Solpor” o “Dor” salen 100% de ahí. Luego, los acontecimientos del día a día no dejaban de mandarme señales; cada día una nueva guerra sin sentido, catástrofes naturales, humanitarias… La lista es larga y, por desgracia, me facilitó mucho el trabajo de encontrar la oscuridad que nuestras melodías pedían a gritos».
El doom metal suele mirar hacia la muerte, pero en Mala Bësta, entre tanta oscuridad ¿cabe algo de luz?
Quini: «No, o quizás sí, que si nosotros desaparecemos, al planeta y al resto de seres vivos ve a irles bastante mejor, ¡optimismo ante todo!».
Fran: «Mucha luz no hay, lo que sobra en este mundo es la mala bestia —el ser humano—, el resto de las bestias son las que deberían poder vivir en paz. Así que mientras estemos nosotros molestando no habrá luz en este planeta».
Mano: «La luz de una luciérnaga hembra en unas horas en una noche de junio o julio… poco más».

Foto © Óscar Caamaño
“Noitecidio” habla de la ira, una temática muy actual, ¿cómo surgió esta canción en concreto?
Quini: «Hostias, ¡esta es fácil! Del tráfico de Vigo, así de claro. De hecho, mientras el tema no tenía el título final, “Noitecidio”, se llamaba “Día de furia”, como la película que se centra precisamente en eso, en la ira».
¿En Mala Bësta podemos hablar de disco conceptual, el orden de las canciones sigue algún hilo conductor?
Quini: «Pues no, el tema de, orden vino principalmente dictado, y sobre todo en el vinilo, por la duración. De hecho, el CD tiene más temas porque ahí hay más capacidad, pero para llegar al orden y temas que se metieron en el vinilo pasamos mucho tiempo probando todas las combinaciones posibles».
Marco Lima, de Hertz Control Studio (Portugal), se encargó de la producción de Mala Bësta. ¿Cómo fue a trabajar con él? ¿Cuánta «culpa» tiene de que Mala Bësta suene como suena?
Quini: «Fue muy fácil, ¡demasiado! Y él tiene mucha culpa de cómo suena el álbum y nuestro directo también, ya que es el técnico que nos acompaña. Todos los sintes que escucháis en el álbum salieron de su cabeza durante la grabación».
Fran: «Teníamos bien claro que el disco tenía que producirlo Marco, es un viejo conocido nuestro y de la escena stoner del sur de Galicia y norte de Portugal. Fue todo más que sencillo; cuatro o cinco días trabajando con él y disfrutando del proceso, sin presiones de ningún tipo».
Mano: «La filosofía de Marco con el trabajo de grabación concuerda completamente con nuestra visión en Luciférnaga: todo lo que ves es todo lo que hay. Si desafinamos, pues ahí está; él graba la performance, el momento, en las menos tomas posibles, y a menos que sea muy escandaloso ahí se queda.
En cuanto a la producción, prácticamente llevábamos todo preparado; Marco dio el toque final y, por supuesto, todos los sintes y teclados. Además, musicalmente Marco es un tipo de los setenta, nada puede fallar entonces.
Fue muy fácil trabajar con Marco y sin duda repetiremos».

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El álbum viene envuelto en una ilustración en blanco y negro firmada por Viviana Coelho, de Echo Echo Illustrations, en la que distinguimos una calavera, una serpiente, una seta... ¿Le disteis alguna guía, tuvo total libertad...? ¿Los elementos que la componen esconden algún tipo de simbología?
Quini: «Le dimos libertad total. Solo le dijimos que nos gustaba la naturaleza, la bichería… y le explicamos un poco cómo era nuestra música para ver qué le inspiraba, creo que hasta le pasamos una demo. Lo que veis es 100% Viviana».
Además de estar en Bandcamp, Mala Bësta también se puede escuchar en formato físico, en CD y en una edición limitada en vinilo, ambos con bonus track no disponibles en la descarga digital. En una época donde predomina la escucha a través de plataformas de streaming, ¿qué os hizo apostar —¡y con diferencia!— por el formato físico?
Quini: «A mí la idea de poder tener en las manos el fruto de algo en el que pusimos tanto esfuerzo sigue haciéndome muy feliz, que quieres que te diga. Y ver cómo la gente lo lleva, lo mira y remira y lo aprecia, pues le da todavía más valor. No tener que depender del teléfono para escuchar música debería ser obligatorio».
Fran: «La verdad es que cada día estamos más a disgusto con la industria musical y, sobre todo, el deber de tener que estar presentes en plataformas que únicamente están lucrándose a costa de los artistas que no nos llevamos una perra por nuestro trabajo.
Hace poco incluso eliminamos los temas que teníamos en Spotify, por una parte por toda la controversia del dinero que está destinando su CEO (o ex-CEO) a la industria de la guerra y, por la otra, porque no aceptamos que esta sea la vara de medir como artistas. Preferimos editar en físico unas pocas copias y venderlas a conocidos o a la gente que venga a los conciertos; no necesitamos tener plays en Nepal o en Shanghái».

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Vigo es conocida por su escena musical en constante ebullición, ¿cómo la veis vosotros, tanto la local en general como la metal en particular?
Quini: «Escena muy grande; tanto que, aunque suene mal, yo creo que hay demasiada oferta para una demanda limitada».
Fran: «Vigo siempre fue una cuna artística increíble, tenemos grandes artistas y bandas de miles de estilos. El problema, como bien dice Quini, es que el concepto concierto en sala “ya no está de moda”, y tenemos docenas de conciertos todas las semanas con una afluencia de público muy baja.
El circuito de salas es lo que mantiene viva la música, no los macrofestivales que solo se mueven por intereses meramente económicos».
El mes pasado compartisteis Mala Bësta en A Cabana (Tomiño), después de pasar el verano por varios festivales de dentro y fuera de Galicia. ¿Cómo está siendo la acogida del disco en directo?
Quini: «Muy muy buena, yo sigo flipando, tenemos mucha suerte, de verdad. Yo no esperaba para nada que las cosas nos fueran así».
Fran: «Pues estamos teniendo suerte, ya que la fórmula Made in Candeán está funcionando muy muy bien allá donde vamos».
¿Cómo son los conciertos de Luciférnaga? ¿Cuándo, y dónde, podremos volver a disfrutar otra vez de una actuación vuestra?
Quini: «Parcos en palabras [risas]. Intentamos que la música sea el centro de atención, así que prácticamente no paramos y enlazamos todos los temas, no hay descanso!
Pues el 5 de diciembre estamos en Santiago y en enero estamos el 9 en Cambados y el 10 presentaremos por fin Mala Bësta en Vigo, en la Fábrica de Chocolate. Ese día tenemos que reventar la sala, no puede quedar un hueco vacío, además estaremos acompañados esos dos días por Sulfur Giant, que se unen a la fiesta desde Portugal».
Fran: «Arrancamos la motosierra y no paramos hasta que se agote el depósito de gasolina. No todo es intensidad 100%, ya que dejamos que el público pueda dejarse llevar por la psicodelia en ciertos momentos del show, para luego volver a llevar en el lomo otra vez a base de riffs».
Mano: «Como dice Quini, pocas palabras y que hable la electricidad».
Suso: «Mi sensación es que empezamos el concierto, dejo respirar la Quini unos segundos, y seguimos con la siguiente, y así hasta el final. Siempre tengo también la impresión de que, a medida que va pasando el concierto, me voy poniendo más endemoniado; salgo del escenario de mala hostia [risas]. ¡Y creo que parte del público también en ciertos momentos del concierto!».

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En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Quini: «Para mí fácil, Mano de Piedra; su último disco es una joya lo mires por donde lo mires».
Fran: «Yo no puedo votar por mí mismo, por lo que recomiendo que le echéis una oreja a los colegas Edu y Zalo de Al final solo habrá cenizas, un dúo coruñés de sludge que está dando muchísimo que hablar últimamente, aparte de ser unos auténticos amores de personas».
Mano: «Mano de Piedra, Moura, AFSHC, Sangre de Muérdago, Cruzeiro».
Suso: «Como ya los pescados gordos están nombrados por los compañeros, voy a meter la una banda de Vigo que se llaman Netta Rufina, que son una gente muy agradable y están haciendo cosas muy chulas también».
Si abriéramos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza
Quini: «Espera que miro las cosas recientes: Ghost, Monolord, Lamb of God, Machine Head, Prodigy, Deftones, Mastodon, High on Fire… ¡Me porté bastante bien últimamente, la verdad!».
Fran: «Spotify no gasto, pero me podéis pillar escuchando últimamente a Mudvayne, Monolord, Florence + the Machine, Soundgarden, Limp Bizkit, Alice in Chains, Tool, A Perfect Circle, Sleep Token, Billie Eilish, Mastodon, Deftones…».
Mano: «No tengo Spotify ni plataformas digitales. Lo último que he escuchado en CD son Electric Wizard y Sangre de Muérdago».
Suso: «Nada, no hay listas mías tampoco porque no hago uso de las plataformas del demonio estas, pero tengo el coche lleno de discos en CD. Por salirnos de palos de los que venimos hablando, voy a mencionar una de las últimas cosas que he puesto, que es un cantautor que se llama Lapurasangre, un artistazo que recomiendo saliéndose del modo rock».

