LISDEXIA: «NOS CRIAMOS EN GALLEGO CON SESEO Y GHEADA Y NO VAMOS A DEJAR DE HABLARLO Y CANTARLO»
Lisdexia es una banda de punk rock de Muros (A Coruña), formada por Fran Trillo (voz), Fran Lestón (guitarra), Antón Vara (bajo), Chema Caamaño (batería) y Javier Fernández (guitarra). El proyecto nació «de las ganas de pasarlo bien» de cinco amigos, con la intención de hacer música punk en gallego que, a lo largo de los años, ha ido evolucionando, incorporando nuevas influencias y jugando con diferentes estilos.
Tras la publicación de un par de EPs, este año lanzan Esclavos do Baile (2025), un trabajo que refleja su evolución, mezclando influencias del pop y del funk, pero siempre manteniendo su esencia garage, con letras que siguen siendo tan festivas y reivindicativas como siempre, invitando a la gente a dejarse llevar por la música... y por la fiesta.

¿Cómo llegan Fran Trillo (voz), Fran Lestón (guitarra), Antón Vara (bajo), Chema Caamaño (batería) y Javier Fernández (guitarra) a convertirse en Lisdexia? Como nace la banda?
Fran Trillo: «Pues realmente Lisdexia nace de las ganas de pasarlo bien de cinco amigos de siempre, pasar el tiempo con lo que más nos gusta, la música.
Los dos Frans y Javi estamos desde el principio; quedábamos los tres en el desván de Franles para pasar el tiempo y hacer canciones por las risas. Más tarde se unieron JALP y Xakin y después, con el paso del tiempo, por temas de curro, etc., entraron Chema y Antón, pero siempre fuimos un grupo formado por amigos.
De hecho, JALP aun sigue en el grupo de WhatsApp y es como si aun fuese parte activa del grupo».
¿Qué significado tiene que el nombre del grupo sea, efectivamente, disléxico… ¿por qué escoger este juego lingüístico para denominaros?
Fran: «Pues el nombre realmente es algo que no nos matamos mucho en buscar, salió así natural un día de coña entre los colegas. Sí que es verdad que desde que quedábamos para tocar hasta que dimos nuestro primer concierto pasaron unos cuantos años en los que realmente no teníamos ni nombre…
Queríamos algo original que nos molase a nosotros y que le pudiese molar a la peña. Un día, entre risas, alguien de nosotros dijo una frase en tono en broma con una dislexia, algo como: “tengo que tomar meche con liel” y otro le respondió algo como: “vaya lisdexia”. Ese fue el momento en el que nos dimos cuenta de que era el nombre perfecto».
Sois de Muros, paisanos de The Rapants, 9Louro, Capital Voskov, Deleiba…, vecinos de Terbutalina… ¿Qué tiene el agua de la ría de Muros y Noia para que sea una de las comarcas más prolíficas últimamente?
Fran: «Creo que eso es justo lo que hace que haya tantos grupos y que funcionen tan bien; cuantos más grupos hay, más ganas tienen los chavales de crear su propia banda o sacar trabajos en solitario.
Siempre dije que habiendo tantos grupos se crea una rivalidad sana que te hace ir hacia arriba sin darte cuenta. Nosotros, desde luego, fue así como nos creamos, viendo grupos como Terbutalina y queriendo ser cómo ellos».
Sabemos que dos quintos del grupo —Antón Vara y Fran Trillo— conforman Cita Doble, dúo con el que ya hablamos el año pasado. Fran, ¿cómo se complementan estos dos proyectos? ¿Hay influencias o dinámicas que se trasladen de uno a otro?
Fran: «Casi todos los del grupo teníamos, o tenemos, algún proyecto en paralelo.
Nosotros, en Cita Doble, es cierto que le bajamos el ritmo al proyecto porque quisimos apostar por Lisdexia a muerte y, sino, no nos daba para más la vida. Pero bueno, siempre estará ahí para retomarlo cuando sea, sin prisas y haciendo las cosas con cariño.
Siempre hay cosas de un proyecto a otro que se pueden aprovechar. De hecho, en el último EP, hay algún tema o idea que teníamos pensados para Cita Doble».
En Lisdexia confluyen el punk rock, el garage y, en menor medida, estilos como el tradi, la cumbia o el funk, pero, sin ceñirnos a etiquetas, como describiríais vosotros vuestra música? La que sola Lisdexia?
Fran: «A mí, personalmente, no me gusta encasillar a la banda en un estilo en concreto. Sí que es cierto que la mayor parte, y la esencia, de Lisdexia, es el garage, pero le metemos a todo, sin miedo.
Lisdexia suena la diversión y a querer pasarlo bien, a que no tengas que pensar en las mierdas que pasan en el mundo o que cada uno tenemos en nuestras propias vidas y, por lo menos, sí las piensas que sea para reírte de ellas».

Sobre ese fondo garage los ingredientes que aportais de otros géneros son de lo más variado, ¿cuál creéis que fue la mezcla de estilos más arriesgada que hicisteis hasta ahora?
Fran: «Para mí, la apuesta más arriesgada, que no sabíamos si iba a molarle a la gente, es “Espidifren”. Es bastante popera y sí que se alejaba bastante de lo que solemos hacer, pero, la verdad, ahora mismo es una de las favoritas de la gente.
Con el tradi es como ir a tiro fijo, por decirlo de alguna manera. Sabíamos que a la peña le iba encantar igual que nos encanta a nosotros. También arriesgamos algo con la cumbia en el anterior EP, haciendo un mix con el punk para que no fuese un cambio tan grande y seguir manteniendo nuestra esencia».
¿Quiénes diríais que son, o fueron, algunos de los artistas que más marcan el sonido de Lisdexia?
Fran: «Sin ninguna duda, los que decimos siempre y que tenemos clarísimo que son nuestros referentes son Terbutalina. ¡Cualquiera que nos escuche lo tiene aún más claro que nosotros!
También tenemos muchas otras bandas que nos encantan como pueden ser The Hives, o incluso Carolina Durante a día de hoy».

Chejar e encher (2018) fue vuestro disco debut, un trabajo de siete canciones en el que ya empezabais a mostrar vuestras inquietudes musicales. ¿Qué significó para vosotros grabar este primer disco y cómo lo recordáis?
Fran: «Obviamente le tenemos un cariño especial.
Sí que es verdad que no son nuestros primeros temas grabados, ya que hay alguno por ahí escondido que para encontrarlo hay que rebuscar mucho, pero sí que fue nuestro primero trabajo serio como grupo. A día de hoy, la verdad es que ocultamos esos temas de nuestras plataformas. Fue un trabajo que grabamos teniendo 16, 18 años, y ahora buscamos tener un sonido completamente distinto y mucho más trabajado. Además, también tenemos claro que la forma en la que nos expresábamos en ese disco sería bastante distinta a cómo nos gusta hacerlo a día de hoy, pero siempre sin perder el mensaje, que es lo más importante.
Pero bueno, para nosotros y para los más nostálgicos, ese trabajo sigue subido para poder escuchar en nuestro Bandcamp. Al final le tenemos muchísimo cariño y es algo que no queremos perder, siempre será muy especial ese disco».

Unos años más tarde llegaba Espabila as mamadas (2022), un segundo disco del que Chema decía que era un preludio del que aún estaba por llegar. ¿Consideráis que este EP preparaba el camino para el sonido y la propuesta más madura de vuestro nuevo álbum, del que hablaremos ahora, o hay algo más que se quedó en el aire y que se desarrollará en el futuro?
Fran: «Espabila las mamadas fue algo así como un experimento, una prueba para ir encontrándonos a nosotros mismos y el estilo (o estilos) por donde queríamos tirar. Dimos un giro de 180º a todo lo que habíamos hecho antes y apostamos por buscar nuevos sonidos que fuesen de la mano de nuestros gustos. Con Esclavos do Baile nos encontramos definitivamente y decidimos de forma clara que este es el camino que más nos gusta a todos y el que queremos seguir como banda. Es algo así como el final de ese interludio del que hablaba Chema.
A finales de 2026 sacaremos nuestro primer trabajo de larga duración, que va a ser realmente el resultado de todo lo que hicimos desde que nos unimos cinco amigos en un desván a pasarlo bien».
Entre estos dos álbumes se percibe una clara evolución cualitativa, pasando de sonoridades más crudas a una producción más cuidada y envolvente, algo que también se nota en el último álbum. ¿Era esa la idea, ir consiguiendo un sonido con la misma fuerza (o incluso más), pero más «pulido»?
Fran: «Sí, en este último álbum es verdad que nos esforzamos mucho en trabajar y mejorar el sonido, melodías, letras… También fue ya nuestro segundo trabajo currando con Chuko, nuestro técnico de sonido, y él también sabía perfectamente por dónde queríamos tirar, por lo que también nos echó una mano en ese aspecto.
La gente nos dice muchas veces que sacamos trabajos muy cortos y tiene toda la razón. Pero, realmente, cada trabajo tiene mucho curro detrás y nosotros siempre fuimos muy de trabajar mejor bajo presión. Es algo que estamos tratando de mejorar de cara al futuro próximo, para no andar siempre con prisas.
De hecho, ya empezamos la currar en el material que verá la luz el próximo año con más de un año de antelación. Si la gente quiere temas, pueden estar tranquilos que los tendrán, y estamos currando mucho para que sean los mejores que hicimos hasta ahora».

Vuestro último trabajo discográfico, Esclavos do Baile (2025), son media docena de «himnos incendiarios» que tejen un sonido propio y, a la vez, muestran una mayor intensidad en las letras. ¿Cómo fue su proceso creativo, es decir, cómo pasó de ser una idea, un puñado de letras o acordes… al disco que escuchamos hoy?
Fran: «En los últimos años fuimos cambiando bastante la manera de componer. Antes quedábamos los cinco cuando uno tenía una idea base más o menos hecha, sino era casi imposible que saliese algo desde cero en el momento.
Ahora, todos los del grupos tenemos la capacidad y los medios para grabar cada uno en su casa y compartir las ideas con los demás de manera más constante, de este modo todos vamos aportando y mejorando desde el primer momento, y los temas salen más fácilmente. Es un poco la forma en la que estamos componiendo los temas del próximo trabajo.
Yo mando una letra con una melodía, Javi y Franles pasan por el grupo unas guitarras ya grabadas, Antón unos bajos y Chema unas baterías. De este modo, montamos todo y tenemos una buena base para ir dándole vueltas y puliendo entre todos, pero siempre es cuando nos juntamos en los ensayos cuando salen las mejores ideas y terminamos los temas».
Vuestros temas parecen carne de concierto. “Jungla” parece incluso diseñada para abrirlos. Cuando componéis, ¿tenéis en mente cómo sonarán en directo? Es decir, ¿creéis que pensar en los conciertos determina de alguna manera la forma final de las canciones, que las moldean?
Fran: «Sin duda. Yo, que soy quien escribe las letras la mayoría de las veces, cuando escribo un estribillo siempre lo tengo que imaginar tocando en directo. Si veo que lo que escribí no va a enganchar a la gente y hacer que lo canten y lo disfruten, lo descarto y busco otro.
De hecho, es que disteis completamente en el clavo. “Jungla” es el tema con el que entramos al escenario y fue hecho específicamente para eso. También para que la gente flipase un poco al escuchar la primera canción del disco pero, sobre todo, para el directo.
No somos un grupo de matarnos mucho en las letras, no nos gusta tanto hacer ese tipo de música. Lo que realmente nos mola, y lo que más disfrutamos, es que las letras sean algo pegajosas y te taladren el cerebro. Que vengas por primera vez a vernos y te vayas a dormir con un subidón y pensando en lo que acabaste de escuchar».
La noche y su «fauna» es el tema central del disco y lo que le da unidad. Teniendo en cuenta que empieza con “Jungla”, la penúltima es “Arrincadeira” y termina con “Espidifrén”, ¿podríamos incluso hablar de trabajo conceptual? Hasta podría describir una única noche de fiesta…
Fran: «Podría decirse así, sí. Casi que parece que, en conjunto, estamos contando una noche de fiesta. No lo hicimos intencionadamente la verdad, fue surgiendo poco a poco.
De hecho, “Arrincadeira” iba a ser la última porque nos hacía coña el nombre, pero en el propio estudio, grabando el EP, terminamos de componer “Espidifren” y la vimos como un buen cierre, algo así como un himno coreable que nos va representando a todos antes o después».
“Esclavos do baile”, la canción que da título al disco, es una buena muestra de la crítica ácida y llena de ironía que se desparrama por todo el álbum. ¿Qué es un «esclavo del baile»?
Fran: «Nosotros somos un grupo que, de momento, siempre nos pusieron a cerrar festivales, incluso alguna vez hasta nos pusieron después del DJ, que suele ser lo que cierra todo.
Un “esclavo del baile” es toda esa gente que se queda hasta las tantas, dándolo todo hasta el último concierto; esa gente que no se pierde una fiesta.
Realmente, nosotros, en cierta medida, somos un poco “esclavos del baile” pero encima del escenario».

Al hilo, ¿qué papel tiene la ironía y el humor nos vuestros temas?
Fran: «Están presentes en todos nuestros temas, la verdad. Como siempre digo, la música es un altavoz muy grande para quejarte de lo que sea, y nosotros no dejamos de hacerlo nunca por mucho que hablemos de fiesta, etc. Siempre nos vamos a quejar de todo lo que podamos y que no nos parezca bien… y ahí es donde entra la ironía. Nos gusta mucho hacerlo desde un punto de vista más divertido, sin ser tan directos, pero yendo a machete igualmente».
“Esclavos do baile” es la única canción que, de momento, tiene videoclip. ¿Cómo recordáis su grabación? Y por curiosidad… ¿qué fue de la merluza que lo (co)protagoniza?
Fran: «Grabar el videoclip fueron muchísimas risas, pero siempre con profesionalidad y seriedad. Al final, grabar un videoclip implica un montón de curro, tanto previo como posterior a lo que es el rodaje en sí —por nuestra parte y por parte de los profesionales que lo llevan a cabo— por lo que siempre nos gusta aprovechar para dar las gracias a todo el mundo que participó que lo hizo posible; es un placer trabajar con gente tan currante y profesional que lo hacen todo lo más sencillo posible.
Está grabado con profesionales, pero también con un lote de amigos, disfrutando todos juntos desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche.
Tenemos que decir que el videoclip casi queda en intento a un par de días de ver la luz. Creíamos que no íbamos a poder sacarlo porque nos hablaron desde el arzobispado diciéndonos que no podíamos subirlo por los planos que tenemos dentro de la iglesia, pero arriesgamos igual y ahí está. ¡Seguro que no llegaron ni a verlo aun!
Respecto a la merluza, realmente hubo dos. Una que usamos desde primera hora de la mañana hasta mediodía, que no aguantó tantos trotes la pobre. La otra la usamos durante la tarde y se la llevaron de recuerdo, entendemos que para comerla, algunos de los que participaron en el vídeo».
Escuchamos un trabajo íntegramente en gallego, algo que, de unos años a esta parte, hacen cada vez más artistas y grupos de nuestra tierra. ¿Qué significa para Lisdexia cantar en gallego y qué importancia le dais a la lengua dentro de vuestra música?
Fran: «Nosotros cantamos en nuestro idioma, en el que nos sentimos más cómodos y que usamos a diario. Y sí, el gallego es un idioma aunque muchos no lo quieran ver.
Nos criamos con seseo y con gheada y no vamos a dejar de hablarlo y cantarlo. Cuando empezamos a cantar y a escribir así, mucha gente siempre nos decía que así solo nos escucharía en nuestro pueblo y, realmente, siempre nos dio igual. Ahora que la escena musical gallega está en su mejor momento, muchos de los que nos decían eso vienen aplaudiendo y diciendo que no cambiemos… Que toda esa gente ahora comparta las misma forma de pensar que nosotros es algo que nos pone contentos y que nos hace pensar que todos estamos haciendo las cosas bien.
También tenemos que decir, para todos los que aún nos dicen ese tipo de comentarios, que si no cambiamos antes ¿cómo lo vamos a cambiar ahora?».

Precisamente “Ay Gayego”, una canción que profundiza en los perjuicios lingüísticos, es la única colaboración del disco, la del trío de cantareiras As Fanfurriñas. ¿Por qué ellas? ¿Qué creéis que aportan al tema, además de sus voces?
Fran: «Javi y Chema de pequeños estaban muy metidos en el mundo del tradi y cuadraron con ellas en la misma asociación. Son nuestras vecinas, sabíamos que cantaban muy muy guay y que se apuntarían a un bombardeo.
Además de las voces que aportan, que también pusieron en los coros de “Espidifren”, transmiten un buen rollo que va genial en la canción.
También nos gustaba la idea de hacerlo con un grupo que no fuese tan conocido como tal, pero que si quisiesen o pudiesen explotar el talento que tienen, estarían la altura de grupos que ahora lo están petando. No queremos fliparnos, pero a veces nos gusta actuar, por decirlo de alguna manera, como una especie de caza talentos».
El disco termina con “Espidifren”. Escuchándolo podría pensarse que ya estáis pensando en pasaros al «tardeo». ¿Es así?
Fran: «Sí. Realmente ya hay alguno en el grupo que disfruta más un buen tardeo que salir por la noche… Otros empiezan en el tardeo del sábado y ya casi lo empatan con el vermú del domingo. Somos un grupo bastante festeiro, nos gusta pasarlo bien».
Al principio, solo ensayabais durante los fines de semana por el trabajo y los estudios, pero, ¿y ahora? ¿Cómo lleváis el tema de la logística, va mejor?
Fran: «Antes ensayábamos cada fin de semana, pero de forma menos intensa, andábamos de risas, contábamos unos cuentos y, si tal, ensayábamos los temas.
Ahora igual no ensayamos todas las semanas, dependiendo del momento en el que estemos por culpa de los curros y de que andamos esparcidos por distintas ciudades, pero cuando ensayamos lo hacemos de forma muy intensa; igual nos encerramos un finde entero y le damos hasta que los temas salgan perfectos —centrándonos solo en eso— o incluso quedamos entre semana si tenemos que preparar algún concierto próximo».

Comentáis que la conexión con el público es fundamental cuando estáis en el escenario, como bien queda reflejado en este último trabajo. ¿Cómo es esa interacción en los directos y qué esperáis que la gente lleve consigo después de ver un concierto vuestro?
Fran: «Nuestros conciertos siempre los defino de la misma manera, una mezcla de sudor y cubatas que vuelan por los aires.
Antes sí que éramos más tímidos, cuando había poca gente en los bolos y así, siempre nos costaba un poco más. Ahora nos da igual que haya una o mil personas, hacemos exactamente lo mismo, intentando que todo el mundo se vaya siempre con una buena sensación. Como comentaba antes, lo que buscamos es que la gente, cuando se vaya a casa, lleve la cabeza taladrada con nuestros temas y que se olvide de los problema que puedan tener en sus vidas.
Si vienes a un concierto de Lisdexia, ven sin perjuicios y a pasarlo bien. Nadie te va a decir nada, ti solo pásalo bien».
Cerráis la época festivalera pasando por el escenario del Caudal Fest en septiembre, ¿cómo está siendo la acogida del disco en directo? ¿Cuándo, y dónde, podremos volver a disfrutar otra vez de una actuación vuestra?
Fran: «Increíble, la verdad. Desde el primero concierto que dimos presentando el nuevo trabajo la gente lo dio todo a lo largo del verano. Nosotros ya pensábamos que a la gente le iba a molar, pero no nos esperábamos tan buena acogida sinceramente. Cuando abres el concierto con un tema nuevo del disco y la gente lo canta hasta el punto que oyes más a la gente que a ti mismo… es increíble.
En cuanto a los próximos conciertos, el 30 de enero de 2026 arrancamos la nueva gira en Compostela, en la sala Sónar. Ya están las entradas a la venta, pero creo que no quedan muchas. También vamos a estar en otros sitios, como Vigo, Ourense o Melide. Tenemos el cartel de la gira en nuestras redes; el plan es no parar asta sacar el disco después de verano».
Parece que Lisdexia «no viene a salvar el mundo, lo viene a hacer bailar»… ¿creéis que lo estáis consiguiendo?
Fran: «Cada día creo que conectamos con más gente, y el feedback siempre fue darlo todo en la pista de baile con nosotros, así que creo que estamos cumpliendo la misión».
En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Fran: «Hay muchísimos y cada día más, lo cual está genial, pero si tuviese que recomendar a alguien sería a ULEX. Son un grupo de chavales que lo están haciendo muy bien y creo que tienen nuestra esencia de ser un grupo de amigos disfrutando encima de los escenarios».
Si abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza
Fran: «Pues 100% sinceridad, hay absolutamente de todo. Todos escuchamos mucha música y muy variada, pero podría resumirse un poco en lo siguiente: si abres el de Chema va desde Julio Iglesias hasta Kid Capichi. Si entras en el de Franles te va a ir desde Leiva hasta Sexy Zebras pasando por música gallega, rap o incluso Aitana. Si entras en el de Javi, sobre todo hay mucho punk internacional. En el de Antón te va desde Walls a Slipknot. Si entras en el mío… soy el que más escucha grupos de por aquí, pero escucho absolutamente de todo. Este año seguramente me salga de grupo más escuchado o Bratz Antifa o nosotros mismos».

