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GALKAN: «TODO CUENTO MERECE SER CONTADO, SI ES IMPORTANTE PARA LA PERSONA QUE LO CANTA»

GALKAN: «TODO CUENTO MERECE SER CONTADO, SI ES IMPORTANTE PARA LA PERSONA QUE LO CANTA»
21 SEPTEMBER 2026

Antes de ser una banda, Galkan fue un viaje. En 2018, Cristian Rodríguez recorrió América Latina y regresó con la sensación de que músicas separadas por miles de kilómetros podían hablarse entre sí. Aquel impulso acabó encontrando primero a Abraham Herrero y después a Lina Lóbui, y fue creciendo hasta la formación actual: Lina a la voz, Cristian al bajo, pandereta y voz, Abraham a los vientos y voz, Manu Castro a la guitarra, Lucía Pretone al violín y Pablo Barrio a la batería. Galicia, los Balcanes y América Latina aparecen así como puntos de un mapa sonoro en el que conviven la muiñeira, la jota, la cumbia, la rumba, el punk o el jazz, siempre con la historia que se quiere contar como punto de partida.

Después de un primer EP homónimo publicado en 2024, Galkan regresa con Pelerinaxes, ocho canciones concebidas como etapas de un viaje mayor. El camino a Santo André de Teixido, la memoria de figuras como Florencio o A cega de Noceda, la poesía de Paco Souto, la huella de Os Diplomáticos de Monte Alto e historias que permanecen fuera del foco entran en un disco en el que la raíz sigue conviviendo con nuevas sonoridades y con una banda que continúa transformándose. Quizás por eso la frase con la que ellos mismos resumen el proyecto sigue funcionando tan bien: “Contos que se cantan”.

 

Foto: Jesús Grova

 

La semilla de Galkan se sitúa en 2018, después de un viaje por América Latina que acabó dejando huella en la identidad del proyecto. ¿Qué ocurrió en ese recorrido para que, a la vuelta, empezase a tomar forma una banda?

CRIS: Por aquella época me encontraba viajando por Latinoamérica; me maravillaron las músicas que encontré, las diferencias y similitudes de lugares tan distantes y cómo, de algún modo, estaban también vinculadas a las músicas que yo llevaba dentro. Fui compartiendo estas sensaciones y estas ganas de hacer con Abraham y, más adelante, Lina, que conoce bien la zona, apareció en el camino. El resto es historia.

 

Vuestro nombre, Galkan, hace convivir Galicia y los Balcanes en una misma palabra, dos territorios que decidisteis unir incluso antes de que el público escuchase vuestra música. ¿Qué encontrasteis musicalmente en ese encuentro para que mereciese ocupar un lugar tan central en el proyecto?

CRIS: Entendemos la música como algo vivo. Vivo en las calles, en las aldeas, vivo cuando uno está solo y siente la música dentro de la cabeza. Entendemos que eso no tiene que ver con fronteras, ni estereotipos, ni con patrones ya definidos. Las músicas del este europeo laten fuerte en nosotros precisamente por eso, por viajes y por una forma similar de entender la música. De hecho, mientras hacemos esta entrevista, nos encontramos en Bulgaria, compartiendo proyecto con músicas locales.

 

Foto: Jesús Grova

 

Esa voluntad de conectar territorios aparece también en la música: partís de ritmos como la muiñeira o la jota, pero entran también sonoridades latinoamericanas, balcánicas, rumba o influencias del punk. ¿Qué fuisteis descubriendo entre músicas de procedencias tan distintas para que pudiesen acabar formando parte de una misma manera de tocar?

LINA: A medida que fuimos creando nuevos temas, nuestra música nos dio la libertad de probar diferentes estilos que, de algún modo, sentimos próximos a nosotros. El contexto con el que Cristian nos acercó a la música balcánica, a la música tradicional gallega y a otros estilos que ya le eran familiares por haber formado parte de otros proyectos musicales, así como la formación musical y los estilos más próximos al resto del grupo, también fueron enriqueciendo nuestro sonido.

Por mi parte, siendo Colombia el país en el que nací, mi inspiración viene de ritmos próximos a mi familia y a mi adolescencia, de cómo los siento, los echo de menos y los bailo estando en otro país. Me inspiro en la cumbia y en la rumba, al mismo tiempo que, poco a poco, fui familiarizándome con el folclore gallego, con la gran ayuda de mis compis… Creo que los temas vienen de una parte muy personal que después procuramos hacer de todas.

 

 

 

En marzo de 2024 publicáis Galkan, un primer EP de cinco canciones. Cuando volvéis ahora a aquel trabajo, ¿qué parte de lo que hoy identificáis como Galkan estaba ya definida en esos primeros temas?

LINA: Nuestro primer EP es la base de estar abiertas a componer a partir de nuestras vivencias, de hablar de nuestras raíces y de tener curiosidad por otras tradiciones. Sentir que Galkan es un espacio que nos permite expresarnos a través de la música, generar encuentros y hacer una crítica de aquello de lo que quizás cuesta hablar sin tapujos.

Ver Galkan como un recurso, sabiendo que fue cambiando y transformándose a medida que fuimos sumando más personas al proyecto. Empezamos tres y ahora somos seis, teniendo que adaptarnos, pero procurando siempre sentirnos conectadas con lo que hacemos. Ese, desde luego, es nuestro punto de apoyo.

 

 

“Ani” fue la primera canción publicada por Galkan. Al presentarla contabais que su historia «viajó desde Colonia, pasó por Salento y llegó hasta aquí» y que es también la historia de muchas niñas. En ella aparece ese «Ani siempre pensará que ella no es suficiente», una inseguridad en la que es fácil reconocerse. ¿Cómo se construye, a partir de una historia tan concreta, un sentimiento tan compartido?

CRIS: Ani es una niña que conocí en Colonia, Uruguay. Me ayudó a hacer esa canción, aunque era muy pequeña, amaba mucho la música. Su situación particular hacía que su futuro estuviese ya muy marcado: ser una mujer cuidadora, sumisa, servicial… Me llamó mucho la atención ver esta dinámica tan clara a una edad tan corta. Al final, su historia es la de tantas mujeres, allí, aquí y en todos lados. De ahí, la canción. Ani es muchas personas.

 

 

En “Medo” vais acumulando temores muy distintos: a la oscuridad, a los recuerdos, a que alguien se marche o incluso a no ser echada de menos. ¿Qué os interesaba de poner juntos miedos aparentemente pequeños dentro de una misma canción?

CRIS: Esta canción parte precisamente de los miedos infantiles que aparecen por la noche cuando se meten en la cama. Pueden entenderse como pequeños, anecdóticos o irrelevantes, pero muchas veces esconden detrás realidades mucho más duras y miedos mucho más profundos

 

 

Hay algo muy cotidiano en la manera en la que escribís sobre cuestiones difíciles: una mala cara, una mañana o, en “Con Nome de Lagoa”, “los niños que no se callan. Menos mal, así no tengo que escuchar los pensamientos”. ¿Qué hay en esos detalles para hablar de cosas mucho más grandes?

CRIS: Pienso que las historias más complejas, más profundas, pueden encontrarse en el día a día. Uno vive, ríe, llora, sufre y se va ilusionando en ese día a día, y lo que a veces puede ser una mala cara, una mirada perdida, puede esconder detrás historias terribles. Varios de nosotros hemos trabajado con chicos y chicas en riesgo de exclusión. Eso se ve reflejado en las letras y, de algún modo, intentamos visibilizar esas pequeñas realidades, que no por pequeñas son menos importantes.

 

 

 

 

Pelerinaxes ve la luz en agosto de este 2026, un segundo trabajo de ocho canciones en el que aparecen también nuevos referentes y nuevas maneras de acercaros a la música de raíz. ¿Qué necesitabais explorar en este disco que todavía no había encontrado lugar en el primer EP?

LUCÍA: Pues ayudó mucho experimentar la música con más personas, ya que el grupo fue creciendo. Eso ayudó a construir esa sonoridad distinta de este álbum. En el siguiente ya veréis que cambiará mucho la cosa, haha, intentando construir nueva música con coros búlgaros!

Al final, pienso que vamos creciendo y madurando nuestras músicas, pero siempre con la intención de contar cuentos que se cantan.

 

Foto: Jesús Grova 

 

Entre el primer EP y Pelerinaxes, Galkan pasa de tres a cinco integrantes con la incorporación de Manu Castro y Lucía Pretone. ¿Qué nuevas posibilidades aparecieron en la música cuando guitarra y violín pasaron a formar parte estable de la banda?

LUCÍA: Pues sí, totalmente, otra sonoridad. Yo con el violín juego mucho a hacer diálogos con Abraham, melodías que se contraponen y buscan el sentido de la canción a través de las notas. Además, el hecho de ir creciendo ayuda también a construir armonías mucho más completas, como la línea del bajo, que ayuda a crear un colchón sonoro muy bonito!

Además, ahora sí que contamos oficialmente con un batería en el grupo, Pablo Barrio, que nos ayuda a crear un ambiente muy importante en los conciertos y a elevar ciertas canciones hacia un estilo más punk.

 

El grupo nace a raíz de un viaje, y vuestro segundo disco lleva por título Pelerinaxes. ¿Cómo llegó esa idea de recorrido hasta el centro del trabajo y qué os permitía reunir bajo ella estas ocho canciones?

CRIS: Hace años llegó a mis manos el libro de Pedrayo, Risco y Ben-Cho-Shey. Me maravilló cómo hace tanto tiempo esos compañeros fueron capaces de plasmar en esa obra la realidad del país y predecir el futuro de lo que iba a ser hoy en día.

Realicé el camino a pie, desde Ourense hasta Santo André de Teixido. Lo compartí con las compañeras y nos pareció apropiada esa idea como elemento cohesionador del disco, ya que, en definitiva, cada pieza es una etapa de un viaje mayor.

 

Foto: Jesús Grova

 

En un disco en el que la música de raíz convive con lenguajes muy distintos, en “Os esmolantes” trabajáis sobre una muiñeira y la pandereta deja especialmente presente el pulso de la música de raíz. ¿Cómo condiciona ese punto de partida la manera en la que construís y arregláis la canción?

LUCÍA: Fue algo muy natural. Entendemos la música para contar historias honestas. A raíz de conocer la muiñeira de Florencio, a Cristian le salió hablar de la gente que está en las calles intentando sobrevivir al día. Florencio y demás figuras violinistas en el mundo tradi, como Modesta Fernández, “A cega de Noceda”, son referentes para nosotros en la música, ya que contaban historias sin querer algo a cambio. Eran figuras muy importantes para la sociedad gallega, poco valoradas y reconocidas entonces y de las que, hoy en día, quedan muy pocas personas que entiendan lo que es compartir música de esa manera.

 

 

En “Pareidolia” cantáis «somos los espejos en los que nadie se ve». El propio título remite a esa tendencia a reconocer formas o significados donde no necesariamente los hay. ¿Cómo se relaciona esa idea con esa imagen de los espejos que aparece en la letra?

ABRAHAM: “Pareidolia” es uno de nuestros temas favoritos, precisamente porque es algo con lo que cualquiera se puede sentir muy identificado; especialmente con el ritmo, las exigencias y la precariedad de hoy en día. Uno piensa mucho en si hace bien o no las cosas, en cómo afectan a los demás las propias decisiones, en lo que piensa el resto… A veces, intentamos cumplir unas expectativas que son irreales, y eso nos hace daño.

 

 

En “Malas Novas” conviven el poema “Furtivos”, de Paco Souto, y la melodía de “Parrús”, de Os Diplomáticos de Monte Alto, dentro de una canción de Galkan. ¿Cómo se construye una pieza nueva cuando trabajáis con materiales que ya tienen una historia y una identidad propias?

CRIS: Pues de una manera muy natural. Se fueron dando las cosas. “Malas Novas” habla de tragedias recientes que se produjeron en el país en los últimos años, el fallecimiento de Paco Souto y el hundimiento de un barco que chocó contra una batea en la ría de Pontevedra; parece mentira que esas cosas sigan pasando hoy en día.

Mientras hacíamos la canción, apareció una parte en la que pensamos que sería bonito recitar ese poema, que es uno de nuestros favoritos. Fue algo que ocurrió. Hablamos con su familia y les gustó la idea. Es algo que estamos muy contentas de poder compartir.

Cuando estábamos terminando la canción, se produjo el fallecimiento de Mangüi (bajista de Os Diplomáticos de Monte Alto). Teniendo en cuenta que Os Diplomáticos son un grupo muy vinculado al mar, decidimos incluir la melodía favorita de Mangüi como pequeño homenaje.

 

 

Desde el primer EP, Eloi Pascual os acompaña en la grabación y producción, y también participa en la percusión. ¿Cómo fue creciendo esa colaboración y qué papel acabó ocupando en la manera de construir el sonido de Galkan?

LUCÍA: Eloi es un gran músico y un gran compañero que valora y entiende nuestra música. En este último álbum, nos salvó de cierta manera y tuvo que componer la percusión en poco tiempo, encerrado en su habitación con 40 grados y haciendo la percu con su propia boca [risos]. Fue muy bonito ver cómo alguien se implica de esa manera e intenta sumergirse en nuestras historias y comprenderlas para hacerlo de la mejor manera posible y con un sentido.

 

Su carrera profesional pasa por la formación clásica, el metal, el jazz y la improvisación. ¿Qué aporta al proceso trabajar con alguien con una manera tan transversal de entender la música?

LUCÍA: Claro, Eloi viene de esos estilos diferentes a los que manejamos en Galkan, sobre todo las muiñeiras y jotas y rumbas. Al final, es un músico muy polifacético y al que le gusta tanto su trabajo que para él fue un reto de mucha motivación y valor sentimental componer estas percusiones.

Galkan, al no ser un grupo que se mueva solo por un estilo musical ayudó a Eloi a componer de manera flexible. Por ejemplo, en “Desacougo”, nos movemos más por el gypsy jazz, algo muy familiar en la formación de Eloi.

 

Foto: Jesús Grova 

 

Para la masterización de este último trabajo acudís a Arturo Vaquero, de Abrigueiro Estudios. Su trayectoria pasa por la música gallega, el audiovisual e incluso una nominación al Goya por “Agallas vs. Escamas”; en su estudio se grabaron también materiales para producciones como Gladiator II. ¿Qué aporta esa experiencia tan amplia a la hora de dar la forma final a un disco como el vuestro?

CRIS: Arturo nos ayudó muchísimo y comprendió la sonoridad que queríamos transmitir en el disco. La verdad es que fue una suerte poder contar con él. Teníamos claro que queríamos hacer esta parte del trabajo con un estudio del país, que comprendiese bien los matices de nuestras músicas. Barajamos varias opciones y, al final, pienso que acertamos.

 

Lina, además de la voz, estás detrás de buena parte de la imagen de Galkan: desde las fotografías que acompañaban los temas del primer EP hasta el diseño de la portada del disco. ¿Cómo fue creciendo esa identidad visual al mismo tiempo que lo hacía la banda?

LINA: Cuando conocí a Cris, conecté mucho con sus viajes y con sus letras. A través de las conversaciones y de las fotografías que compartió conmigo, fui visualizando Salento, un pueblo de Colombia en el que estuvo Cris, como punto de partida para este proyecto. Sus colores y la calidez que transmitía me ayudaron mucho a darle una identidad visual con la que todas estuvimos de acuerdo.

Con el tiempo, fuimos afianzando nuestra conexión con la naturaleza, con la tierra y con el propio proceso de creación. De ahí surgieron las fotografías, los vídeos... Esos espacios en los que nos sentimos más conectadas con Galkan. De esa conexión nace también la portada de “Pelerinaxes»”, con la presencia de ese árbol de roble que conocemos tanto.

El proceso consistió en procurar que la parte visual fuese muy de la mano de nuestro sentir, contando además con la ventaja de conocer el grupo desde dentro.

 

 

Con la formación actual conviven voz, bajo, pandereta, vientos, guitarra y violín, además de otros elementos que aparecen en las grabaciones. ¿Cómo replanteáis los arreglos cuando las canciones pasan del estudio al directo?

LUCÍA: Pues tenemos muchas formas de trabajar dependiendo de quién compone las canciones. A veces, partimos de los ensayos para probar cosas, melodías, etc… Y otras veces partimos de audios de WhatsApp e indicaciones de cómo imaginamos o cómo sentimos la canción. Sí que es un proceso largo, en el que lo que más ayuda es tocarla y tocarla y tocarla para que vayan saliendo las cosas.

 

Muchas de vuestras canciones parten de historias íntimas o complejas, pero conviven con ritmos que también invitan al baile. ¿Descubrís algo sobre ellas cuando llegan al directo y aparecen las reacciones del público?

LUCÍA: Siempre es bonito estar tocando y ver cómo el público disfruta y baila. Es una sensación que nunca experimenté en mi vida y que me parece, de todo el proceso, una de las cosas más bonitas de tener un espacio donde compartir músicas con historias. Ver cómo se transmiten esas historias tan íntimas y que poca gente cuenta a través de las músicas y cómo la gente las baila es algo muy reconfortante.

 

 

En vuestras redes definís Galkan con cuatro palabras: «Contos que se cantan». Después de dos trabajos llenos de personas, lugares y recuerdos, ¿qué tiene que tener un cuento para que sintáis que merece ser cantado?

CRIS: Pienso que lo primero, es que no esté contado ya. Es bonito contar cuentos, pero también escucharlos. De algún modo pienso que los cuentos, esas historias, tienen su propia alma y su propia intención, y que si les das espacio, encuentran el momento y lugar para salir.

Ahí está nuestra parte.

Todo cuento merece ser contado, si es importante para la persona que lo canta.

 

Foto: Jesús Grova

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

LUCÍA: Talabarte nos gusta mucho ya que en esas melodías conviven también muchos estilos como nosotros.

 

Si abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100 % sinceridad, 0 % vergüenza.

LUCÍA: Qué pregunta más curiosa [risos]. Pues acabo de abrirlo y me sale un poco de flamenco, del que soy muy fan, y un poco de folkie de hoy en día como Caldo o Abril.

 

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