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MAREM LADSON: «TENEMOS QUE REIVINDICAR NUESTRO PAPEL, NO SOLO COMO CANTANTES, SINO COMO MÚSICAS, COMPOSITORAS, PRODUCTORAS»

MAREM LADSON: «TENEMOS QUE REIVINDICAR NUESTRO PAPEL, NO SOLO COMO CANTANTES, SINO COMO MÚSICAS, COMPOSITORAS, PRODUCTORAS»
30 MARCH 2020

No recuerda cuál fue su primer contacto con la música «siempre fue algo que llevaba dentro, fue saliendo de forma natural. Siempre sentí mucha curiosidad por la música en general, por descubrir artistas y entender la música más profundamente». Ella, Marem Ladson, tocó las cuerdas de su guitarra por primera vez a los nueve años. ¿Su primera canción? La compuso en sexto de primaria, un tema sobre el bullying. Nacida en Ourense con ascendencia norteamericana, Ladson creció «escuchando música muy diversa, en parte por los CDs que mi madre tenía en casa y por la música que escuchábamos en el coche», entre R&B y Bob Dylan hasta que descubrió su pasión por el pop-folk de autor, puede que a través de Internet, red que afirma «fue un factor determinante para mí, para poder entender la música y los discos de una manera más libre»; así, poco a poco, los acordes de la guitarra empezaron a envolverla.

 

 

Con estos inicios no es de extrañar que, a los 19 años, Marem Ladson publicase su primer single, All My Storms (Mont Ventoux, 2017), el debut de una carrera, por aquel entonces incipiente, que enlazaba con su etapa de adolescente, que llevó su intimismo, guitarra y voz desde el escenario del Café & Pop Torgal de su Ourense natal a las tablas del Monkey Week o del DCode Festival, festival en el que participó tras ganar el concurso de bandas emergentes. Ladson compuso ‘All My Storms’ en Houston (EEUU) cuando tenía 15 años; el tema, que canta a un amor no correspondido, venía acompañado de un videoclip rodado en Ourense, principalmente en la cantera de Cartelle, con Nico P. Pampín en la dirección y Marcos Ivazpi en la dirección artística.

 

 

Marem Ladson fue desarrollando un conjunto de canciones con ecos pop-folk e infliencias de artistas como Laura Marling, Fiona Apple, Regina Spektor o Alondra Bentley de la que, tiempo después, fue telonera. Con una facilidad pasmosa para componer, la profundidad de sus letras y su capacidad de interpretación, Ladson enseguida se convertía en una de las promesas musicales del panorama nacional. Esa «promesa» se hacía realidad en Marem Ladson(Mont Ventoux, 2018), su álbum debut, un LP de once canciones revoltosas, ambiciosas y especiales. «No es un disco normal», así, rotundamente, era descrito este álbum que llegaba cumpliendo todas las expectativas que previamente había creado aquel ‘All My Storms’; la cantautora defiende su «normalidad»: «para mí fue un proceso bastante normal, en el sentido de [que] hice el disco que llevaba dentro de mí mucho tiempo; fue un disco maduro y con un sonido meditado, algo que quizás fue sorprendente para el público». Grabado en El Invernadero (Madrid) por Brian Hunt y Juan Diego Gosálvez, Marem Ladson  recoge 11 piezas sobre experiencias familiares, decepciones y, sobre todo, de descubrimiento personal; cortes intimistas que bailan entre pop colorido y folk clásico en una propuesta musical que deja pildorazos como los valses de ‘My Corazón’ y ‘For  and About’ o el soul de ‘Born’.

 

 

Inquieto, ambicioso, especial; su diario no se lee, se escucha. Marem Ladson nos regalaba clásicos instantáneos como ‘Everything I’ve Ever Lost (Is Coming Back)’, piezas que ya auguraban un camino creativo apasionante, ‘Coming Home’ o ‘Losing Control’, que Ladson llevó a las tablas del 1 17º Ribeira Sacra, FIB, Festival Sinsal SON Estrella Galicia, Festival Noroeste o O Son do Camiño, entre otros, durante la temporada festivalera de 2018 y 2019. Riffs intensos y melodías infecciosas tiñen ‘Shades of Blue’, una mirada introspectiva a su vida actual donde la artista y compositora experimenta su lado más rockero, rompiendo chiclés del amor romántico. El clip, cargado de tonos azulados firmado por California Videos, rebosa árboles y  manzanas prohibidas, símbolos que representan la contradicción entre lo que uno quiere y lo que necesita.

 

 

Hace casi un año, el 25 de abril de 2019,  Marem Ladson lanzaba ‘Nothing Really  Matters’, un single-clip adelanto del que sería su próximo trabajo de estudio; tema donde su voz y forma se transforma en una melodía nueva y cargada de ritmo, con una letra que mezclaba, por primera vez, el inglés y el castellano, dos lenguas que, confiesa, «fluyen de manera muy distinta, la sonoridad es totalmente diferente; es muy refrescante cambiar de lengua, me abrió la mente en muchos aspectos». La evolución de la cantautora quedaba patente en el videoclip, dirigido por Nico Pampín y con la propia Marem cómo directora creativa y estilista, mostrando una artista que va consolidando su carrera, creando un estilo más ambicioso y contemporáneo sin perder por eso su autenticidad.

 

 

«Estoy nerviosa y emocionada, pero sobre todo agradecida de poder compartir mi música con vosotros y deseando que lo escuchéis». De este modo anticipaba Marem  Ladson el lanzamiento de Azul (Mont Ventoux, 2020) la primera semana de marzo. El  EP es una maravillosa colección de cinco temas que se alejan, en cuanto a son, de su debut, que tenía un mayor componente folk. Partiendo de la dualidad del azul —color que en la música anglosajona representa la tristeza y en la hispana tiene connotaciones positivas— como metáfora perfecta de la vida, de las experiencias y de las relaciones personales, la cantautora muestra su capacidad para transmitir ideas y sentimientos generacionales de una manera emocional, traspasando las pantallas, llegando al corazón: «normalmente mis canciones provienen de un lugar azul en el sentido triste, pero una vez que existen, pueden convertirse en un mensaje esperanzador».

 

Pop íntimo, coqueteos con la electrónica… el toque americano que inundaba Marem  Ladson se transforma en un sonido novedoso, fresco, lleno de capas y texturas que bailan entre el pop contemporáneo, el R&B y el folk; un sonido que tiñe letras evocadoras y conmovedoras. Grabado en Estudios Reno (Madrid) con Luca Petrica, el proceso creativo de Azul comenzaba «en mi casa», revela Marem, «yo sola con mi guitarra y una libreta. Una vez escritas las canciones, comencé a trabajar en la producción con mis músicos, Manu Blanco y Xoán Domínguez y, juntos,  coproducimos las canciones, todas las texturas y arreglos […] luego grabé mis voces, algunas percusiones y demás, en Reno [donde] Luca también hizo la mezcla».

 

 

Durante las cinco piezas que componen Azul, Marem Ladson sigue defendiendo el nivel de imaginación compositiva, profundidad en la lírica y capacidad de interpretación que la caracteriza desde sus inicios; un talento que la cantautora materializa con seguridad sobre los escenarios, con una madurez que controla cada aspecto de su carrera, aspectos que la elevan como una de las promesas femeninas más firmes del panorama musical actual, un papel que ella, «desde mi posición y mi experiencia como mujer joven mestiza» describe como « sent[ir] muchas veces que tengo que demostrar el doble mi valía. Se da por hecho que las mujeres en la música solo somos imagen, que nos escriben otros las canciones, que no lideramos nuestros propios proyectos, y no es así. Tenemos que reivindicar nuestro papel, no solo como cantantes, sino también como músicas, compositoras, productoras. Me pasó muchas veces que los técnicos de sonido se dirigen a los miembros de mi banda en lugar de [dirigirse] a mí para hablar de cualquier cuestión técnica, porque piensan que no voy a saber. Que se sorprendan al escucharme tocar la guitarra, porque tienen interiorizada la idea de que las mujeres no sabemos tocar. Que me ‘ayuden’ a pedir monitores o a subir el volumen del ampli porque piensan que no sé cómo se hace, porque tienen interiorizada esa actitud  paternalista. Es una cuestión que subyace en el fondo, una cuestión estructural. Y quien no sea capaz de verlo, es que no quiere quitarse la venda de los ojos. Hay mucho machismo y está tan interiorizado que la gente ni se da cuenta de que estas cosas están mal, y que es una cuestión de género. También me ha pasado que no me inviten a una reunión porque van a discutir términos contractuales, y yo como mujer artista, suponen que mi lugar está en cantar y componer únicamente, como si los negocios no fueran parte de mi profesión, y curiosamente, solo se sientan hombres en la mesa de negocios. Porque sigue existiendo esa idea en la industria de que las mujeres somos frágiles, vulnerables; por eso me parece tan importante reivindicar nuestro papel también como mujeres de negocios. También se pone demasiado énfasis en nuestra imagen, si somos demasiado delgadas, o demasiado gordas, en nuestra forma de comunicarnos, si expresamos nuestras ideas con una rotundidad que resulta imponente, o si mostramos nuestra vulnerabilidad y parecemos frágiles. También la cuestión de la desigualdad de género es una cuestión de raza, y de clase, por supuesto. Las revistas de moda o lifestyle siguen promoviendo una imagen predominantemente occidental, un canon único de belleza, con ciertas excepciones, pero de nuevo, cara la galería. Me han llegado a pedir que me quite las trenzas o que me alise el pelo, que no me ponga uñas de gel, todo para conseguir una imagen dentro de los cánones de belleza occidentales. Lo más curioso, es el doble rasero cuando una artista blanca se ponen aros grandes, trenzas, uñas de gel, labios perfilados e incluso un durag, apropiándose por completo de la estética afro, y se considera cool. Siento que las cosas están cambiando externamente, que se está intentando cubrir una cuota morada, que solo ayuda a la apariencia, pero seguimos sin abordar las cuestiones de fondo, porque son demasiado incómodas. La industria de la música está dominada por hombres, desde las discográficas, las editoriales, las distribuidoras, las plataformas digitales, los promotores de las salas y festivales, los técnicos de sonido, los roadies, etc. Las mujeres estamos luchando muy duro por hacernos un hueco».

 

 

Desafortunadamente, Marem Ladson todavía no ha podido volver a los escenarios a presentar Azul en directo, no pudo volver para emocionarnos con su voz y acariciarnos con los acordes de su guitarra; debido al actual estado de emergencia sanitaria provocada por el COVID-19, se vio obligada a posponer su gira por España y Estados Unidos, una situación «muy compleja y difícil para todos», ya que «los ingresos de los músicos provienen principalmente de los conciertos en directo, por eso esta situación nos afecta directamente […] ahora que todo está paralizado, están surgiendo muchas propuestas culturales para no dejar de crear contenido, y la verdad es que me dan un poco de ansiedad. Quizás es un buen momento para parar y reflexionar, salir de esta velocidad excesiva impuesta por la propia industria para conseguir que los artistas lancemos contenido constantemente, pero esto perjudica la propia creación. Creo que es el momento de parar el ritmo, escucharnos a nosotros mismos, y reflexionar. Es un momento difícil para mucha gente que está perdiendo su trabajo y sus negocios; como todo, es una cuestión de clase, ya que afecta más a unos que otros. Es un momento de recuperar la conciencia colectiva, la solidaridad, de estar agradecidos por lo que tenemos y adquirir consciencia social».

 

Marem se despide no sin antes chivarnos sus gallegos favoritos (musicalmente hablando!), «Blanco Palamera y Os Amigos dos Músicos», y descubrirnos su  Spotify: «[…] eso de los guilty pleasures es de otra generación [risas]. La verdad es que no tengo prejuicios con la música, me gusta escuchar mucha música para crear con mayor libertad y con una mayor amplitud. En mi playlist de inspiración hay temas de Vashti Bunyan, Helado Negro, Jeff Buckley, Brockhampton, Enya, Françoise  Hardy, Kaytranada o Fiona Apple».

 

 

 

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