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SAMUEL DIZ: «LA INQUIETUD POR LA HISTORIA DE LA MÚSICA EN GALICIA DIO GRANDES PASOS EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS»

SAMUEL DIZ: «LA INQUIETUD POR LA HISTORIA DE LA MÚSICA EN GALICIA DIO GRANDES PASOS EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS»
6 JULY 2020

Intérprete e investigador, Samuel Diz (Tui, 1986) es un virtuoso de la guitarra clásica. Tras graduarse en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla Manuel Castillo bajo la dirección de Gaëlle Solal, amplía su formación artística con guitarristas de la talla de Alen Garagic y Daekun Jang. Su talento en la interpretación de temas populares clásicos lo lleva a actuar por todo el mundo, destacando su presencia en The Council on Latin American and Iberian Studies da Yale University, en el Harare International Festival of the Arts de Zimbabue o en el emblemático Palau de la Música Catalana.

 

Su última entrega discográfica, publicada hace ya un lustro, se la dedicaba a Federico García Lorca, Impresiones y Paisajes, Como El Primer Libro de Lorca (Poliédrica, 2015); ahora, Diz hace lo propio con María Teresa León. Su nuevo trabajo, Memoria de la Melancolía (2020), recorre la autobiografía de la escritora y activista feminista a través de 15 composiciones orginales de la Genereación de 27 y el exilio republicano español. Grabado en la Huerta de San Vicente (Granada) con la guitarra de Lorca, el álbum fue creado a partir de los círculos y momentos vitales de María Teresa León, como resultado de un arduo trabajo de campo e investigación realizado en archivos y ciudades commo Madrid, Roma, Ciudad de México, París o La Habana. Una joya de la memoria histórica, banda sonora en la que Samuel Diz vuelve a hacer sonar la guitarra de Lorca, junto al violín de Isabel Villanueva, la guitarra de Javier Riba y la voz del tenor argentino Jonatan Alvarado.

 

 

Encima del escenario eres tú y tu guitarra, ¿fue siempre este tu instrumento de referencia? ¿Recuerdas tu primer contacto con este, u otro, instrumento? ¿Y con la música en general?

Samuel Diz: «Toco la guitarra desde los ocho años, gracias al cariño y esfuerzo de mi padre y de mi madre. Durante algún tiempo compaginé los estudios de guitarra con los de percusión, en el Conservatorio y en la Banda de Música de Tui. La percusión me ofrecía la oportunidad de tocar en grupo, de formar parte de un colectivo, de expresar mi faceta más extrovertida, hasta que a los 17 años tuve la oportunidad de convivir durante una semana con algunos de los nombres más reconocidos de la guitarra clásica. En esa convivencia encontré un colectivo que me iluminó el camino durante mucho tiempo».

 

En tu debut discográfico, Guitarra Clásica Galega (2012), recuperas la identidad de la guitarra en nuestra tierra con un repertorio inédito de José Chas, José Fernández Vide o Jesús Bal y Gay. ¿Cómo fue la elección de los autores y de las obras concretas? ¿Echando la vista atrás, cómo ves el pasado, presente y futuro de este instrumento en nuestra cultura?

Samuel Diz: «Fue un proyecto del que tengo muy buen recuerdo y que fue posible gracias a José Aldea (Ouvirmos) y al apoyo de Agadic. Estaba viviendo en Barcelona y la oferta apareció en un momento bisagra de mi vida, tras mis primeros conciertos en Puerto Rico, Estados Unidos y Francia, así como el primer viaje a Zimbabue. El proceso fue relativamente fácil, ya que llevaba algún tiempo investigando sobre la identidad de la guitarra en Galicia y acababa de realizar el estreno absoluto de la ‘Pastoral’ de Bal y Gay, escrito en 1993 para Regino Sainz de la Maza. Una partitura enmarcada en la estética neoclásica de la generación del 27’ o la Segunda República y que en su momento quedó inédita, sin conocerse, a día de hoy, los porqués. 

La guitarra fue un instrumento muy popular en Galicia. ¿No es paradójico que en uno de los textos más emotivos y simbólicos de Manuel Murguía, ‘Ignotus’, aparezca Rosalía tocando la guitarra? ¿O que en la crestería barroca de la sacristía de la Catedral de Tui el artesano tallase una guitarra?

La inquietud por la historia de la música en Galicia dio grandes pasos en las últimas décadas. La visión global de Lorena López Cobas en 2012 en su publicación en Ouvirmos fue una revelación. Ahora estoy esperando a la defensa de la tesis doctoral de Isabel Rei Sanmartín, dedicada a la historia de la guitarra en Galicia, investigación que estoy seguro marcará un antes y un después en el conocimiento de nuestra identidad.

La guitarra, como instrumento de concierto, vivió posiblemente su esplendor en Galicia en los años 60’ y 70’ del siglo pasado, especialmente con el magisterio de Andrés Segovia y José Tomás en los cursos de Música en Compostela. Ya en los 80’ fue muy destacada la huella de la Agrupación Guitarrística Gallega, legado estudiado en profundidad por Sergio Franqueira Barca. Hoy, en el Conservatorio Superior de Música de Vigo, tenemos a una de las guitarristas más demandadas a nivel europeo, Margarita Escarpa; una gran fortuna para las nuevas generaciones.

A nivel escénico, lamentablemente no es habitual encontrar un concierto de guitarra en un festival o temporada de música de cámara, cuestión que ocurre en muchos lugares. Quizás deberíamos iniciar con una autocrítica en el propio gremio guitarrístico, a nivel mundial, donde la guitarra está presente especialmente en foros muy especializados, generalmente festivales de guitarra, siendo nosotros mismos los primeros en no caminar con la sociedad. Como recogió en La Voz de Galicia, en una entrevista que me realizó Manuel Rodríguez: ‘Los festivales son el cáncer de la guitarra’.

Ese es uno de mis retos, acercar el instrumento a la sociedad, crear puentes indisciplinares desde el conocimiento e identidad de nuestro repertorio, y en ese sentido agradezco a todos aquellos espacios musicales en Galicia que me abren sus puestas como el Rosalía de A Coruña, el festival Espazos Sonoros o a la Semana del Corpus de Lugo, y también en los diálogos con otras artes en AFundación, en la Cidade da Cultura, en el Museo de Bellas Artes de A Coruña, en la MITEU o en el Festival de Teatro Universitario de la USC».

 

 

En Impresiones y paisajes, como el primer libro de Lorca (2015) recoges tu trabajo de investigación, recuperación y conocimiento de la guitarra en la Generación del 27. ¿Por qué escogiste este movimiento en general y a Lorca en particular?

Samuel Diz: «En respuesta al papel de la guitarra en la pintura cubista y en la literatura de las vanguardias, como símbolo de la modernidad, la generación musical del 27’ renovó el lenguaje musical del instrumento. Hace este verano 100 años, Manuel de Falla escribió su 'Homenaje a Debussy', una obra fundamental de nuestro repertorio y en la estela de la nueva creación musical española en la que se enmarca, por ejemplo, la ‘Pastoral’ de Jesús Bal y Gay o ‘Atardecer’ del vigués Juan José Mantecón, obra inédita que tuve la suerte de recuperar en este trabajo discográfico, publicado con en el apoyo del INJUVE.

Federico García Lorca es la piedra angular de esa generación, tanto a nivel interdisciplinar como interpersonal. Y, en concreto Impresiones y paisajes fue un libro que me acompañó durante una gira de once conciertos por la geografía española de la mano de AIE, momento en el que estaba completamente inmerso en la investigación de este repertorio. Fue el primer libro de Lorca, dedicado a su profesor de música Antonio Segura, y en el que recoge, además, su primer viaje a Galicia en octubre de 1916. Un siglo después, exactamente en el mismo día de la llegada de Lorca a Santiago, celebramos un acto muy emotivo en el Salón Teatro junto a la periodista gallega Carolina Alba (Radio3) y el lorquista Ian Gibson».

 

 

Tu último trabajo, Memoria de la Melancolía (2020), rinde homenaje a la escritora y activista María Teresa León a través de composiciones originales de diversos autores de la Generación del 27, en la mayoría inéditas. Después de Lorca, ¿qué te llevó a elegir a esta destacada figura femenina en el exilio?

Samuel Diz: «El trabajo de investigación continúa despierto cada día y con la publicación de Impresiones y paisajes se abrieron nuevos archivos y oportunidades. Mientras que ese disco estaba centrado principalmente en el repertorio escrito para guitarra entre 1918 y 1936, en el nuevo trabajo discográfico quería recoger músicas que quedaran esparcidas en el exilio republicano de 1939, escritas para guitarra o no, como los cancioneros inéditos de Gustavo Durán, un personaje con una biografía de novela.

Siempre compagino la investigación y estudio musical con lecturas de la época, para poder comprender y sentir ese momento. Entre todos los libros que me acompañaron, Memoria de la Melancolía me sorprendió por su poética y espeluznante narrativa. Fue publicado en Buenos Aires en 1970 por Losada (otro vínculo con Galicia) y, al poco tiempo, el alzhéimer borró los recuerdos de María Teresa León».

 

 

El álbum fue creado a partir de los círculos y movimientos vitales de María Teresa León (cuya voz también podemos escuchar en él) como resultado de un arduo trabajo de campo e investigación realizado en archivos y ciudades como Madrid, Roma, Ciudad de México, París o La Habana. ¿Cómo fue ese complejo proceso de llevar su biografía al disco? ¿Qué papel tuvo Aitana Alberti León (hija de María Teresa León y Rafael Alberti)?

Samuel Diz: «Para mí todo empieza por sentir un lugar. Sentarme, con calma, y escuchar el espacio. Levantarme y recorrer esas calles o paisajes hasta llegar a otro punto que tengo marcado, como si fuese un peregrinaje. Todo eso con un 'My Maps' en el teléfono en el que trabajé durante meses, creando una base de datos de más de 600 localizaciones y círculos vitales de María Teresa León a partir de hemeroteca, entrevistas y publicaciones monográficas. Así, recorrí Roma o París. En México, además, aún existe la posibilidad de tocar el timbre de las casas, lo que aumenta la emoción y aventura de descubrir si aun vive allí la persona o familia que tienes en la base de datos. Así, por ejemplo, fue como conocí a Paloma Altolaguirre, en Tres Cruces, 11, en Coyoacán, un hogar emblemático del exilio español en México por ser el lugar de fallecimiento de Luis Cernuda.

Los encuentros en esos lugares son mágicos, invitan a sentir el proyecto, a vivir la historia primera persona convirtiéndola, sencillamente, en presente. María Teresa o Lorca me han acercado a hermosas personas que ahora son grandes amistades.

A nivel intelectual y académico, la Biblioteca Nacional, la Fundación Juan March o la Residencia de Estudiantes custodian importantes colecciones musicales en Madrid. En México son múltiples las instituciones que conservan el legado del exilio republicano, así como numerosos archivos personales y familiares. Son realmente indescriptibles los materiales que tuve la oportunidad de tener en mis manos de forma más fortuita.

Conocí a Aitana Alberti León el pasado mes de diciembre; también a su hija pequeña, Marina. En un proyecto de estas características trabajo con fibra sensible, por lo que en primer lugar necesito pedir permiso a la familia. Un permiso puramente emocional, sincero y sentido que, al mismo tiempo, me da la oportunidad de llegar a una capa más profundan sobre esa vida y esos recuerdos que tomo como homenaje y como base en mi creación».

 

 

Memoria de la Melancolía fue grabado en la casa de Lorca, en la Huerta de San Vicente (Granada), con la guitarra del poeta. ¿Cómo describirías la experiencia? ¿Qué se siente al tocar en su casa, con su instrumento?

Samuel Diz: «Uno de los regalos más grandes de la vida. Todo empezó en Estados Unidos en octubre de 2016, cuando llegué a la Universidad de Boston invitado por el hispanista Christopher Maurer, una de las máximas autoridades en el mundo lorquiano. Fue justamente en los días que Bob Dylan recibía el Nobel de Literatura. Y fue Maurer quien me propuso descubrir la guitarra de Lorca, conservada en Granada en su casa de la Huerta de San Vicente, hoy museo.

El primer contacto in situ con la guitarra fue el 5 de junio de 2017, casualmente en el día del aniversario de Lorca, tras ofrecer un concierto el día anterior en su casa natal de Fuente Vaqueros. Era lunes, por lo que tuve la oportunidad de tocar la guitarra en el museo a puerta cerrada. Su sonido me atrapó desde el primer momento. Junto a su simbolismo y su intrahistoria, descubrí un instrumento con una sonoridad envolvente y seductora. Una guitarra construida en Granada por José Ortega alrededor de 1906.

 

 

Gracias al apoyo continuo e incondicional de Beatriz Fontán y al equipo de la Huerta de San Vicente, en octubre de 2019 me entregué en cuerpo y alma al instrumento durante tres semanas. No hice otra cosa durante ese tiempo, nada más que tocar y tocar. Terminamos el trabajo en la Huerta de San Vicente la mañana del 24 de octubre, día de la exhumación de Franco. ¿No es paradójico?

La guitarra fue restaurada en 1996 por Francisco Manuel Díaz y, desde aquella, diversos artistas la tocaron en concierto como Vicente Amigo, Tomatito, Eliot Fisk, Patti Smith, Lou Reed ou o propio Bob Dylan. Ahora, Memoria de la Melancolía es el primer disco grabado con esta guitarra».

 

 

Has tocado en el Palau da Música Catalana, donde recibiste el Premio de la Crítica ‘El Primer Palau’ por tu estudio y coherencia del programa, demostrando una alta seguridad escénica y un sonido muy diáfano con la guitarra. ¿Qué supuso este reconocimiento, entre otros, en tu trayectoria?

Samuel Diz: «Fue una gran oportunidad, una especie de sueño hecho realidad. Yo vivía en Barcelona y por cuestiones económicas no siempre podía asistir a los conciertos organizados en el Palau, pero cuando iba siempre prensaba... 'algún día subiré a ese escenario'. En 2012 había dejado la ciudad y al año siguiente recibí la invitación.

'El Primer Palau' selecciona anualmente a ocho nuevos intérpretes o formaciones para debut en esta emblemática sala de conciertos. Al finalizar el ciclo, un jurado técnico entrega una serie de premios y otro jurado, formado por periodistas musicales, elige una propuesta de esas ocho participantes. En 2013, tuve la suerte de ser la persona elegida. Con el paso del tiempo siento que ese concierto y ese premio fueron el cierre vital de mi estancia en Barcelona».

 

 

Zimbabue, Estados Unidos o México son algunos de los países que tuvieron la oportunidad de verte encima de un escenario, de escucharte. ¿Cómo son acogidos tus conciertos más allá de nuestras fronteras? ¿Alguna diferencia, o similitud, con el público estatal?

Samuel Diz: «Cada lugar es una experiencia única. La magia de un concierto empieza con lo que emitimos desde el escenario. Estos viajes intercontinentales son una dosis extra de motivación y respeto. Mi experiencia personal en Estados Unidos está vinculada especialmente al mundo académico de las universidades de Boston o Yale.

En Zimbabue, por el contrario, el ambiente fue completamente artístico. El Harare International Festival of the Arts, conocido como HIFA, es un macro festival que reúne a una audiencia anual de 60.000 personas, con artistas de cualquier disciplina artística y estilos musicales llegados desde los cinco continentes. Yo tuve la suerte de recibir la invitación para representar a España en 2012 y 2013; quizás es una de las experiencias más grandes vividas, tanto a nivel profesional como por lo que despertó y removió en mi interior.

Hoy, México, es casi como mi segunda casa. Casi todos los días mantenemos conversaciones o mensajes con la ‘familia’ allí creada, especialmente en los ambientes musicales, literario y artísticos vinculados al exilio republicano español. Cada uno de los conciertos, así como las investigaciones en marcha, son una respuesta viva al tejido social. Es muy emocionante hablar con los familiares de un compositor o de una pintora ya fallecida y descubrirles detalles o hechos vitales, a los familiares de esa persona, que desconocían completamente. O ir a su propia casa y tocar músicas que su padre o su madre escucharan en vida. Recuerdo, por ejemplo, una experiencia muy emocionante en casa de Norah Horna, hija de la fotógrafa Kati Horna, tocando melodías que su padre José Horna le cantaba cuando era pequeña. Las lágrimas inundan la emoción, los recuerdos, y en ese momento todo el trabajo de investigación académico cobra un sentido social y emocional».

 

 

Eres director artístico de de Música no Claustro en Tui, festival que combina música, patrimonio y creación desde 2005. ¿Qué supone para ti esta labor, a diferencia de la interpretación e investigación a las que nos tiene acostumbrados?

Samuel Diz: «El festival empezó de una forma muy sencilla: dos conciertos que ofrecemos gracias al apoyo del clérigo don Ricardo García. La buena respuesta del público nos animó a continuar los siguientes veranos, hasta que en la cuarta edición ya hacía falta una dirección para dar orden al proyecto, encargo que recibí con ilusión y respeto desde la Catedral de Tui.

En ese momento fue cuando nació la marca 'Música no Claustro', creciendo el evento de forma orgánica hasta el particular formato actual donde la música, el patrimonio y la creación caminan bajo un denominador común en cada edición. El público puede vivir y disfrutar de un concierto, o de una visita, o de un taller, de forma separada; pero si esa persona asistente a todas las actividades descubre toda la historia que envuelve al programa. Sería casi como esa novela de lectura estival.

La última edición, por ejemplo, en 2018 —ya en la etapa bianual que comenzamos en 2016— el hilo conductor fue el legado escultórico del sepulcro de Diego de Avellaneda, obispo de la sede tudense en el XVI. Esta creación funeraria es una de las principales obras que custodia el Museo Nacional de Escultura desde 1933. Fue por eso que el festival comenzó en Valladolid, en la misma sala donde se conserva este sepulcro con un concierto del acordeonista Nikola Tanaskovic que tendió el puente entre y música para tecla del XVI y la creación religiosa contemporánea de Sofia Gubaidulina. En Tui el programa continuó con una serie de conciertos vinculados o creados ad hoc, como por ejemplo las 'Trece canciones bonitas' de Germán Díaz y Benxamín Otero. En ese diálogo territorial tomaron el cancionero musical popular de Galicia y de Castilla para la creación de ese hermoso disco que ahora gira en salas y festivales.

Acogemos también un importante taller artesanal de talla de santos y una serie de visitas guiadas al legado de Avellaneda en la Catedral, destacando como novedad a creación de contenidos adaptados la personas con discapacidad visual a la vez que la ONCE. Un programa comisariado desde una visión casi museística, lo que nos llevó al reconocimiento de la revista Descubrir el arte como festival del verano en España junto al Festival de Teatro de Mérida.

Y nunca sin olvidar, por supuesto, a los nuevos talentos musicales, esencia del festival desde esa primera edición en 2005. Así, escuchamos por ejemplo a estudiantes de música de origen gallega en conservatorios nacionales y europeos, la voz y el saxo de Eva Fernández o el debut en Galicia de la cantante africana Tina Masawi.

Hoy, Música no Claustro, es mi compromiso con mi ciudad natal».

 

 

Vemos que mantenéis la edición de este 2020, programada para la primera semana de agosto, ¿cómo está siendo la organización de un evento de estas características en la era COVID-19?

Samuel Diz: «Tuvimos que paralizar todo el programa que estábamos diseñando desde 2018, en el que como novedad tendríamos fondos y apoyos de instituciones internacionales. Pero sentimos que es nuestro compromiso abrir el claustro de la Catedral de Tui y ofrecerle a nuestros públicos a oportunidad de evadirse emocional e intelectualmente. Será con un programa modificado, adaptado las circunstancias, en el que además todos tendremos que prestar atención y aprender las nuevas dinámicas y protocolos de higiene y seguridad».

 

Tras el estado de emergencia sanitaria provocada por el coronavirus, ¿cómo estás afrontando la vuelta a los escenarios en un futuro cercano?

Samuel Diz: «El primer concierto presentación del nuevo disco Memoria de la Melancolía sería justamente el 14 de marzo en el Teatro Municipal de Tui. Tenía mucha ilusión por comenzar en casa este proyecto, por diversas razones personales, y la semana siguiente viajaría a Londres para mi debut en el Reino Unido en un lugar mágico, en la Royal Academy of Arts, en un concierto coproducido por la Iberian &  Latin American Music Society y el Instituto Cervantes, y que había preparado ad hoc para la exposición 'Picasso & Paper’.

Las primeras semanas fueron de 'desconcierto', procurando vivir en silencio y reflexión, alimentando la calma. Fueron meses de mucha lectura, entre ellas las memorias Antes que sea tarde (2020) de la gallega Carmen Parga. También invertí el tiempo en estudiar una nueva antología de partituras de compositores gallegos que fui recogiendo en los últimos años y que grabaré en las próximas semanas, proyecto seleccionado recién por el Fondo de proyectos Xacobeo 2021.

En la nueva agenda, el primer concierto de Memoria de la Melancolía será en septiembre en la Huerta de San Vicente, con la propia guitarra de Lorca y con los artistas participantes en la grabación del disco».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Samuel Diz: «Admiro la profundidade y frescura de los trabajos de Germán Díaz. También la composición de Fernando Buide, quien está viviendo un lindo momento de su carrera creativa después de la estancia en la Academia de Roma, de recibir el Premio AEOS o ser beneficiario de la Beca Leonardo del BBVA, con la que escribió su primera ópera.

Me fascina también la energía e ilusión de las nuevas generaciones, como por ejemplo las hermanas violinistas tudenses Sara y Raquel Areal, o la oboísta Iria Folgado con su reciente plaza de solista de cuerno inglés en la Konzerthaus Orchester Berlin.

Otra artista, en este caso herencia de las diásporas gallegas, sería la cantante mexicana de son jarocho Paulina Tenorio Fuertes, con su grupo Paulina y el  Buscapié. Su abuelo, Benito Casanovas Rodríguez, era el alcalde de Ponteareas en 1936; después de ser encarcelados en Tui, él y su doña, María Camba Fernández, llegaron a México. En 1955 se trasladaron a vivir a Oaxaca, donde, a día de hoy,  Paulina regenta el emblemático restaurante El Sol y la Luna».

 

Si abriésemos tu cuenta de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad – 0% Vergüenza.

Samuel Diz: «Una gran variedad de música, desde la polifonía de Palestrina o  Victoria, a interpretaciones de grandes intérpretes. En casa, también escuchamos mucha música actual. Ahora, mientras respondo la esta entrevista, me acompañé por ejemplo del monográfico que la pianista Martha Argerich dedicó la Chopin en 2010. Al finalizar diera disco pasé las recomendaciones aleatorias semanales de Spotify, para responder con sinceridad, escuchando los nuevos singles publicados por Keaton  Henson, Silvia Pérez Cruz, Rodrigo Leão o Jorge Drexler. Por supuesto, al llegar a la anterior pregunta, escuché una vez más el primer disco de Paulina y el Buscapié (único disponible en Spotify), música que siempre me levanta la paletilla».

 

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