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PAULA RÍOS: «EL ESTILO DE FANNY MENDELSSOHN ES MUY EXPERIMENTAL Y ARRIESGADO, FORMAL Y ARMÓNICAMENTE»

PAULA RÍOS: «El estilo de Fanny Mendelssohn es muy experimental y arriesgado, formal y armónicamente»
10 JULY 2023

Finalizó sus estudios de piano con Premio Extraordinario Fin de Carrera en el CSM de Vigo y, desde aquella, Paula Ríos no ha dejado de formarse, complementar su formación, investigar... Encima del escenario es una pianista de fuerte personalidad, refinada técnica y originalidad en sus propuestas. Fuera de él, Paula se sumerge en la obra de Frédéric Chopin y el inicio del Romanticismo, en el repertorio del nacionalismo y las vanguardias en España y, para su último trabajo, en la obra de la Fanny Mendelssohn.

En When in Silence of the Soul (Eudora Records, 2023), la pianista gallega rinde homenaje a la «hermana de las musas», como la llamaba su madre, rescatando un puñado —17 exactamente— de las más de 400 piezas que Fanny Mendelssohn firmó a principios del siglo XIX.

 

 

Foto © Juan Barte

 

Paula, ¿cómo recuerdas tu primer contacto con la música? ¿Fue siempre el piano tu instrumento de referencia o tocaste otras «teclas» antes?

Paula Ríos: «De niña siempre estaba dibujando, escribiendo y atareada con mis pequeños proyectos artísticos. La música en los primeros años (piano y coro) era una vía más para desarrollar la creatividad».

 

Como alumna pasas del Conservatorio Superior de Música de Vigo, donde te graduaste, a la Akademie diere Stadt Basel (Suiza), además de participar en clases magistrales; y, ahora, complementas tu carrera artística con la docencia. En tu opinión, ¿crees que los conservatorios necesitan cierta «actualización» o tienen vitalidad suficiente para seguir atrayendo y formando nuevos talentos?

Paula: «El conservatorio es un camino fantástico, aunque hay otros, para lograr que el arte esté presente en la vida de todo tipo de niños. Crecen siendo más creativos, trabajadores, solidarios; mejoran su autoestima, viven experiencias y desafíos que los forman en todos los niveles.

Naturalmente todo sistema hace falta ser mejorado y actualizado para que esté en contacto con la realidad social del alumnado y con el mundo de la música profesional. Me preocupa que los estudios de alto nivel —y, por tanto, la posibilidad de una carrera musical— solo sean accesibles para alumnado de alto poder adquisitivo, si no hay bolsas y ayudas de sobra para los demás.

Con respecto a España, el progreso es evidente; fruto de varias generaciones de maestros e instituciones comprometidos con la enseñanza, y de familias y alumnado que hicieron un esfuerzo enorme».

 

Foto © Michal Novak

 

En tu amplio repertorio encontramos piezas para piano solo, pero también para piano y orquesta y música de cámara. ¿Cómo va creciendo? En tus recitales, sin contar con la selección propia de los discos, ¿cómo suele ser la elección del repertorio?

Paula: «Suelo elaborar proyectos temáticos centrados en ciertos compositores o momentos de la Historia que me interesan, y disfruto mucho sumergiéndome en ellos leyendo biografías, memorias y aprendiendo sobre el contexto social en el que surgió la música.

Actualmente estoy centrada en el primero Romanticismo, que fue un momento clave para el piano y lleno de personajes geniales y bastante pintorescos; y la música gallega y española del primero tercio del siglo XX, ya que contamos con mucho repertorio extraordinario y aún desconocido».

 

Has pisado escenarios de Reino Unido, Francia, Suiza, Alemania y Argentina. ¿Qué destacarías de estas experiencias internacionales?

Paula: «Primero, me alegro de notar que la presencia de músicos españoles en Europa ya es cotidiana. Formamos parte de Europa y nuestra música es recibida con mucho interés y respeto. Me gusta también tocar fuera repertorio internacional como un desafío».

 

 

 

Tu Chopin en Mallorca (2010) fue publicado por el Museo Chopin de Valldemossa con motivo del bicentenario de Chopin (1810-2010). ¿Cómo surgió este proyecto-homenaje?

Paula: «La Celda de Chopin y George Sand tiene una vida cultural muy intensa y, cada año, organiza el Festival Pianino, que apuesta por nombres nuevos, además de invitar a grandes figuras especialistas en Chopin. En 2009 toqué por vez primera en el Festival y así surgió la oferta de la Celda de grabar el disco en la isla. Ese proyecto cambió mi carrera».

 

 

El disco recoge sus composiciones durante su estancia en el Monasterio de Valldemossa (Mallorca) entre 1838 y 1839, entre ellas los célebres preludios del Op. 28. ¿Hay alguna pieza que te llamase especialmente la atención? ¿Por qué?

Paula: «Fue un período muy breve y accidentado, pero es sorprendente la cantidad y calidad de piezas que compuso. Era un hombre joven, pero un artista en estado de gracia.

Me gusta tocar el disco entero en concierto, especialmente los Preludios, porque conforman un viaje emocional. Siempre siento que llevan al público (y a mí) a un estado muy vulnerable; es música tierna, inquieta, apacible, herida... Los Preludios son una de las grandes obras maestras de la Historia y por eso están llenos de humanidad».

 

¿Cómo describirías la música de Chopin? ¿Qué destacarías de su aportación como compositor? ¿Y cómo intérprete?

Paula: «Como decía, Chopin conecta con la gente de una manera muy profunda; evoca emociones universales, tanto las que se muestran como las que se ocultan. Habla de nuestra grandeza y también del que nos horroriza. Para mí es un desafío constante y me hace crecer como pianista y como persona».

 

 

 

En Viento de plata (2015), tu segundo trabajo, el protagonismo recae en la pareja formada por Rosa García Ascot y el gallego Jesús Bal y Gay, asociados al Grupo de los Ocho —equivalencia musical de la Generación del 27— de principios del siglo XX. ¿Por qué escoger estos dos compositores?

Paula: «Siempre estoy visitando archivos y bibliotecas buscando repertorio de esa época. Supe de su historia: él, organizador de actividades en la Residencia de Estudiantes, intelectual completo y figura gallega relevante; ella, discípula de Falla, amiga de Lorca, pianista y miembro del Grupo de los Ocho; ambos, exiliados invitados por el Gobierno mexicano, amigos de Stravinsky y artistas íntegros. Cuando encontré las partituras y me di cuenta de su calidad creí que debería existir un disco que las reuniera».

 

 

García Ascot fue la única discípula que admitió Manuel de Falla (y por quien discutió con Ravel). Para ti, ¿qué dirías que vio Falla en Rosa para que quisiese ser su maestro? ¿Qué crees ti que significó para ella, siendo mujer en el París de 1920, este «paso» en su carrera?

Paula: «Manuel de Falla era un personaje importantísimo en España, muy demandado. El hecho de que quisiese ser su maestro indica el talento que ella tenía. Su estilo compositivo muestra una pianista excelente y llena de ideas. Más tarde también trabajó un tiempo con Nadia Boulanger, posiblemente la maestra de composición más importante del siglo XX.

La Guerra Civil quebró la carrera y los proyectos de Rosa y la de muchos otros artistas; lamentablemente no aparece ninguna grabación suya. Hay mucha música que nunca se llegó a escribir».

 

Foto © Juan Barte 

 

¿Qué te hizo saltar del Romanticismo (s.XIX) a la Generación del 27 (s.XX)?

Paula: «El Romanticismo es un campo que por formación y por interés siempre está muy cerca de mí, y la música española es una verdadera cueva llena de tesoros.

El caso de los músicos del 27 es especial porque sufrieron un borrado y olvido injusto a todos los niveles, y hace falta mayor difusión de su obra y su historia. Somos resultado de su compromiso y su talento, y creo que les debemos agradecimiento y restitución, en los libros y en las salas de conciertos».

 

 

Para Viento de Plata recuperaste obras que tú describías como de «enorme frescura y brillo; de gran conocimiento profundo del repertorio español y de la historia de la música española para teclado». ¿Qué hace que las califiques de este modo?

Paula: «La Generación del 27 musical es fascinante: quería estar a la vanguardia y conectaba con las corrientes de París y, al mismo tiempo, partía de la rica tradición musical española con influencias hasta del Renacimiento y el Barroco.

Por otra parte, su compromiso pedagógico y de rescate patrimonial los llevó a recoger música tradicional (por ejemplo en cancioneros, como Bal y Gay) y supieron reinterpretarla y extraer su esencia para reflejarla en sus obras. Este eclecticismo produjo una diversidad de obras interesantísima. García Ascot homenajea a los compositores del XVIII cómo Scarlatti el Soler en la Petite Suite; Bal pone música a la poesía de Amado Carballo o Alberti y avanza en su lenguaje en las Follas de álbum... No deja de sorprenderme la versatilidad en la creación de esta generación».

 

Durante la presentación de este disco tuviste la oportunidad de tocar un piano Bechstein que fue testigo de conciertos de Lorca, Manuel de Falta o Ravel, entre otros en la Residencia de Estudiantes(Madrid). ¿Qué sensaciones te produjo tocar esas mismas teclas?

Paula: «Fue un enorme honor presentar el disco en la misma sala donde los dos compositores se conocieron, donde tantos artistas pasaron tardes nutriéndose unos de otros... Gerardo Diego, Lorca, Ravel, Stravinsky y muchos más tocaron ese piano».

 

 

 

Tu tercera referencia, Cantar con los dedos (Calanda Music, 2017) es un reencuentro con Chopin, pero con ese Chopin nuevo que vivía en París y compartía amistad, rivalidad y amor por la música con Vincenzo Bellini o Sigismond Thalberg. Musicalmente, ¿destacarías alguna diferencia entre este Chopin y el Chopin que se resguardó en Mallorca?

Paula: «Chopin llegó muy joven a París, lleno de talento y ambición, y encontró un ambiente artístico trepidante en el que enseguida destacó. Sin embargo, la competencia era gigantesca: en París también vivían Liszt, Thalberg, Kalkbrenner y muchos otros. Eran personajes únicos y se presentaban ante el maravillado público como pianistas de sus propias composiciones, que llevaban al piano a sus límites expresivos y también técnicos.

De aquella, las composiciones de Chopin ya mostraban profundidad, una voz propia y también dificultades pianísticas brillantes y llenas de imaginación. En pocos años añadió a estos elementos una escritura aún más compleja y experimental, como muestran la Balada op.38 o los propios Preludios».

 

 

«Cantar con los dedos» es una expresión que remite a Chopin, y el bel canto fue una de sus principales fuentes de inspiración. En el disco también pueden escucharse piezas de Bellini, que debe su fama a la ópera, además de dos variaciones sobre temas suyos a cargo de Thalberg y Kalkbrenner. ¿Explorar la relación entre bel canto y piano es lo que da unidad al disco?

Paula: «El proyecto realmente nació para dedicar un tiempo a estudiar en profundidad cómo llevar la sensibilidad y expresividad de la voz humana al piano. ¡Esta es la gran lucha que tenemos los pianistas toda la vida!

Y ese momento, la juventud de esa primera generación de pianistas-compositores románticos (Liszt, Chopin, Schumann, Mendelssohn, etc.), era perfecta: estaban, de distinto modo, intentando copiar la voz con el piano. De hecho, estaban revolucionando la forma de componer para teclado. Chopin exigía a sus alumnos que recibiesen clases de canto para poder tocar —el título viene de una conocida cita suya: “¡Hay que cantar con los dedos!”—; la ópera era el género más exitoso y emocionante del momento y grandes cantantes surgieron entonces como, por ejemplo, las hermanas María Malibran y Pauline Viardot-García. El vínculo entre Bellini y Chopin es único y me ayudó como hilo conductor».

 

Chopin en 1849. Foto: Louis-Auguste Bisson

 

La colección de nueve piezas abarca un período corto de tiempo (1829-1836) y fueron elegidas cuidadosamente tras un minucioso estudio. En esta ocasión, ¿cómo fue el proceso selección?

Paula: «Las piezas de Chopin muestran esas melodías infinitas propias de Bellini, pero también el virtuosismo extremo de la época. Las piezas de Bellini salieron de la Universidad de Pavia y las de Thalberg y Kalkbrenner son muestras del estilo brillante, y creo que también del deseo de seducir, divertir y asombrar al público que tenía esta generación; sensaciones que aún provocan cuando las toco en concierto.

Fue un proyecto muy interesante porque consulté tratados de la época de piano y de canto, estudié muchas grabaciones históricas; pude trabajar con pianos del s.XX para acercarme un poco más a las composiciones...».

 

 

Chopin en tu debut, Chopin en este disco... ¿es él tu compositor favorito?

Paula: «No lo sé, pero sin duda es el que más me hizo crecer hasta hoy. Es tan demandante intelectualmente, precisa tanta creatividad, control e hipersensibilidad que exige todo lo que le podamos dar».

 

 

 

Estás presentando el tuyo último trabajo discográfico, When in Silence of the Soul (Ediciones Eudora, 2023), dedicado a la figura de la compositora y pianista Fanny Mendelssohn, hermana del también compositor Felix Mendelssohn. ¿Por qué ella?

Paula: «Fanny Mendelssohn aparece en todos los libros de Historia de la Música, pero su obra apenas es conocida.

En 2019, con motivo del bicentenario de Clara Schumann, presenté en varios festivales y salas un proyecto con música de las dos compositoras principales del s.XIX; la respuesta del público fue tan positiva que surgió la idea del disco. Cuando toqué más y más piezas suyas me di cuenta de que iba a ser un proyecto importante para mí».

 

 

Esta vez el Romanticismo tiene nombre de mujer y, como pasaba con García Ascot, un nombre de mujer olvidado y no reconocido en su época. ¿Qué factores dirías tú que influyeron para que el éxito de las carreras de Felix y Fanny Mendelssohn resultase tan dispar?

Paula: «Hubo varios motivos. Ambos tenían un talento precoz y, al principio, recibieron la misma educación, pero el hecho de que era una mujer de una clase social elevada hacía imposible una carrera profesional.

La familia apoyó y promocionó a Felix con viajes, formación y contactos, pero ella siguió componiendo en casa para sí misma; cantaba, dirigía y organizaba un reconocido ciclo de conciertos en la residencia familiar en el que tocaba con grandes figuras. Quiso publicar su obra y Felix no lo permitió, hasta que en su último año de vida finalmente dio el paso por sí misma. Por suerte, contaba con multitud de referentes femeninos: sus tías, músicas y mecenas, o compositoras como Clara Schumann, Marie Bigot o Johanna Kinkel.

Es difícil comprender cómo pudo ser una compositora tan prolífica y pianista virtuosa con tan poca motivación. No tiene sentido que casi 200 años después aún no se le reconozca su genio, ocupando la posición que le corresponde».

 

Fanny Mendelssohn. Debuxo de Wilhelm Hensel (ca. 1829)  

 

Leemos que te llevó unos cinco años darle forma a este nuevo disco, ¿cómo se fue desarrollando todo el proceso?

Paula: «Pude tener acceso a los manuscritos de casi toda su obra. Toqué cientos de piezas y poco a poco hice una selección pensando en el público. Además estudié crónicas, diarios, investigaciones académicas recientes y trabajé con pianos de su época. Quise estar lo más segura posible de cada decisión».

 

 

¿Qué destacarías de las composiciones de Fanny Mendelssohn?

Paula: «Posiblemente, a causa de su aislamiento y al no tener que complacer a críticos o público, fue una compositora muy libre. Tuvo varias influencias muy fuertes: el legado de la familia Bach (muy relacionada con la suya propia), Beethoven, su hermano Felix (la influencia era mutua), mundo del lied alemán y sus contemporáneos; estaba muy atenta las innovaciones pianísticas.

Su estilo es muy experimental, arriesgado, formal y armónicamente; crea figuraciones en el piano muy astutas. Como compositora especialista en lied crea melodías inolvidables con mucha facilidad, y las dificultades técnicas son enormes, aunque ella debía tener una técnica muy natural y simple. Su estilo es único, muy valiente y con ecos autobiográficos».

 

Abren el largo los cuatro movimientos de su famosa “Ostersonate” (Sonata de Pascua). Perdida durante 150 años, fue atribuida erróneamente a su hermano Felix. Tú estrenaste la obra en España y Portugal ya con su correcta autoría. ¿Qué significó para ti?

Paula: «Conocí la historia de esta Sonata por la prensa, y cuando toqué la partitura supe que la tenía que llevar a concierto. Es una obra extraordinaria: heredera de Beethoven, con un preludio y fuga bachianos en el segundo movimiento, un coral como epílogo, y con un espíritu salvaje y recursos 100% románticos.

La musicóloga que confirmó su autoría, Angela Mace Christian, y Sheila Hayman, descendente de los Mendelssohn, me ayudaron y me motivaron durante todo el proyecto».

 

 

When in Silence of the Soul hace referencia a uno de los poemas de Goethe que la compositora musicó. ¿Qué hizo que lo adoptaras como título del disco?

Paula: «En su biografía aparecen con toda naturalidad las más grandes figuras intelectuales de su tiempo. Goethe era amigo de la familia y de su maestro de composición; cuando oyó que la niña Fanny tenía dificultades para encontrar poemas adecuados para musicalizar, anotó un poema, que entregó al maestro para ella.

Este es un ejemplo del respeto y admiración que provocaba a las personas que la conocieron, músicos y artistas de todo tipo: Paganini, Clara y Robert Schumann, Gounod, Hans Christian Andersen, Liszt...».

 

¿Cómo ves el papel actual de la mujer en la música en general y en la clásica en particular?

Paula: «La situación es la misma que en el resto de la sociedad: estamos viviendo un tiempo de transición y, aunque hacen falta cambios muy urgentes ya que sigue habiendo casos de discriminación (hay profesiones en el mundo de la música muy masculinizadas y apenas se interpretan compositoras), creo que debemos ser optimistas. Creo firmemente en la diversidad en el arte para su vigencia».

 

Chopin, Rosa García Ascot y Jesús Bal y Gay, Bellini, Fanny Mendelssohn... a pesar de sus diferencias, ¿crees que hay algo que tengan en común estos compositores?

Paula: «Quizás podemos decir que todos fueron creadores que, apoyándose en sus antecesores musicales, supieron estar conectados con la música de su tiempo y sentaron ciertas bases para el futuro».

 

Foto © Michal Novak

 

Hay quien dice que son tiempos difíciles para la música clásica en esta época de atención dividida y consumo rápido, pero, a la vez, también se respiran aires de renovación. ¿Cómo ves tú la situación actual de la música clásica?

Paula: «Por una parte, los conservatorios y escuelas de música tienen una gran demanda y los músicos están mejor formados que nunca; por la otra, las condiciones de trabajo en el mundo profesional son a menudo precarias, y eso provoca que muchos artistas de talento no se puedan dedicar a la música o se marchen de España.

Hay que conseguir revalorizar la creación y el consumo de música: entradas, grabaciones, colaboraciones, ensayos... Creo que el público está deseando una renovación de formatos y repertorios, e intérpretes y programadores tenemos que hacer un esfuerzo para entusiasmar y renovar ese público. La musicología, la creación contemporánea, la interpretación histórica, las artes escénicas e incluso las redes sociales ya están señalándonos múltiples nuevos caminos que podemos tomar».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Paula: «Hay muchos músicos en Galicia con una formación sensacional que están desarrollando carreras y proyectos diferentes. Podría dar muchos ejemplos, pero ahora mismo puedo hablar del nuevo Cuarteto Ascot, que cuenta con la pianista gallega Irene Comesaña y que está difundiendo repertorio camerístico español desconocido.

Pero una gran labor que se lleva a cabo en Galicia es la red de bandas y corales que crean público y forman musicalmente cientos de chicos y adultos en ciudades y villas».

 

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Paula: «Intento probar de todo sin perjuicios para aprender y poder formar mi opinión. Además de mis pianistas de referencia (Lupu, Lipatti, Koczalski, Leonskaja, Sánchez, etc.) también escucho mucha música que no puedo tocar: contemporánea con electrónica, lied, pop de la Motown, flamenco...».

 

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