CÉSAR DE CENTI: «LA MÚSICA ES UNA MANERA DE APACIGUAR MIS LUCHAS INTERNAS»
César de Centi es una de las voces de la canción de autor gallega contemporánea. Coruñés, con más de dos décadas de trayectoria, ha ido construyendo un camino marcado por la honestidad creativa, el cuidado por la palabra y una apuesta constante por la independencia artística. Desde su debut, Principios y declaraciones (2008), el músico y compositor ha profundizado en una sonoridad que combina lo acústico, el folk y el pop-rock. En su nuevo disco, Mi guerra mundial del yo contra el yo (2025), César de Centi se sumerge en un relato profundamente introspectivo sobre el conflicto interior, el suyo propio. Un trabajo en el que la madurez y la sensibilidad compositiva alcanzan una nueva dimensión, invitando a quien escucha a acompañarlo en esta batalla personal y emocional, humana y honesta.

Foto © Andrey Kusym
Con 25 años de trayectoria musical, ¿cuál fue, y cómo recuerdas, tu primer contacto con la música? ¿Qué hizo que apostases —y sigas apostando— por esta disciplina artística?
César de Centi: «En mi casa se escuchaban cantautores. Mi madre trabajaba en una tienda de discos en A Coruña y las primeras veces que me subí a un escenario haciendo versiones, me contaba que era lo que ella pinchaba cuando estaba embarazada de mí. A finales de los años noventa empiezo a elegir la música que quiero escuchar: la generación de cantautores y cantautoras hace un clic en mi cabeza.
Creo que el camino que circula en el intento de hacer una buena canción ayuda al músico y al oyente en sus vidas. Creo que es una buena meta en la vida».
Estudiaste Sociología, una ciencia que analiza el comportamiento colectivo y las relaciones humanas. ¿Dirías que se refleja de algún modo esta formación académica en tus composiciones? De ser así, ¿cómo?
César: «Tratar de entender el mundo fue algo que siempre estuvo encima de la mesa. ¡La otra opción era estudiar Ciencias Políticas!
Entiendo que la Sociología está en mis canciones de una manera menos explícita. Gracias a ella desarrollé mi pensamiento crítico y forma parte de mi necesidad de defender un género que trata de fotografiar el mundo.
Las ciencias sociales tienen mucho que ver con la canción social, ya que en el fondo tratan de reflexionar sobre lo que sucede».

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Encima del escenario eres tú y tu guitarra, ¿fue siempre este tu instrumento de referencia?
César: «Sin duda, la guitarra es buena compañera. Empecé tarde con ella, en mi casa tocaba mi hermana primero. La guitarra me ayudó como bálsamo, a llevar mejor los dramas cotidianos».
Te autodefines como «músico, cantautor, cancionista»... pero ¿y tu música? ¿Cómo describirías la música de César de Centi?
César: «Son fotografías de los actos cotidianos, de mis miedos y certezas, o del mundo que me tocó vivir. Hago canciones para tratar de gestionar mis inseguridades, para tratar de buscar la emoción. No sé se lo consigo o conseguiré, pero eso es parte de la aventura.
Mi música revive situaciones, buenas y malas, y trata de cartografiarlas para aprender de ellas».
Tu repertorio bebe de influencias de la tradición de la canción de autor clásica, pero integra estilos e influencias contemporáneas. ¿Quién dirías que tuvo, o tiene, un particular impacto en tu manera de hacer música?
César: «Marwan, Fabián, Pedro Pastor, Felix Arias, Luis Fercán, Xoel López, Quique González, Rafa Pons, Txetxu Altube, Valeria Castro, etc.».

Principios y declaraciones (2008) es tu primer álbum, una docena de canciones presentadas junto a José Luis Paz. ¿Cómo recuerdas aquella primera aventura discográfica?
César: «Mucha inexperiencia, pero mucha ilusión. Ese disco lo grabamos en el salón parroquial de Franciscanos, siendo nosotros los productores y el técnico de sonido mi mejor amigo. ¡Nada podía salir mal!
Ese disco fue el resumen de esa primera época, un recopilatorio de todo lo aprendido. Aprendes a perder miedos y respetar el oficio y a tratar de buscar un hueco. Esas canciones son importantes para mirar de frente a lo que hago actualmente».
¿Qué papel jugó José Luis Paz en este proyecto y que te aportó trabajar a dúo?
César: «Con José Luis Paz disfruté de muchas primeras veces, aprendí mucho de su manera de tocar la guitarra y él me ayudó a perder algunos miedos gracias a su talento.
En esas primeras veces en los compenetrábamos muy bien; éramos jóvenes y creo que teníamos maneras diferentes de ver el futuro. Con el tiempo entiendes que cada uno busca su camino y agradeces las huellas que deja en tu carrera.
Fui muy feliz con “Chelis” en aquella época. ¡Aun hace poco que cantamos juntos!».
Por aquel entonces, ¿fue este largo concebido, tal y como evoca el título, como una declaración de intenciones, una especie de manifiesto?
César: «Por supuesto, el título jugaba con un doble sentido. “Principios y declaraciones” es una manera de expresar: “aquí estamos y tenemos algunas cosas que decir”».

Cinco años más tarde llegaba La luz de los gigantes (2013), un álbum que vio la luz gracias, en parte, a una campaña de micromecenazgo que completaste con éxito en los primeros 15 días. ¿Esperabas ese apoyo tan inmediato del público?
César: «Fue un disco muy importante; aprendí a romper prejuicios y miedos que tenía en aquella época. Quería hacer cosas distintas para obtener resultados distintos.
Fue un momento personal de aprendizaje, repasé lo que llevaba de camino y pensé si una campaña de micromecenazgo echaría por tierra algunas cosas. Crecí y pude publicar ese disco.
Soy defensor del crowdfunding. Fue emocionante conseguirlo tan pronto. No era una práctica habitual y muy poca gente sabía de qué iba».
Los, nuevamente, doce temas que recoge este disco cantan a situaciones cotidianas, pero desde una perspectiva poética e intimista. ¿Hasta qué punto esas historias nacen de experiencias propias o son más bien observaciones de la vida a tu alrededor?
César: «En mi caso, y en ese disco, son ecos de experiencias personales. Siento que en cada canción estoy contando algo muy personal; es una especie de exhibicionismo sentimental, pero por supuesto también hay algo de ficción; está en el oyente la decisión de decidir dónde está cada cosa».

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Parte de ese intimismo viene dado por el estilo acústico de las canciones, un intimismo que, a veces, puede confundirse con vulnerabilidad. ¿Esa, digamos, cercanía emocional, es una búsqueda deliberada o surge de manera natural cuando compones? ¿Es esa cercanía una de las claves de tus composiciones?
César: «No tengo un personaje en escena, entendí con el tiempo los que la tienen, pero yo prefiro expresarme tal como soy a pesar de mis dificultades.
Creo que la vulnerabilidad es una sensación que aparece de manera natural en el ser humano; no escapo de ella, pero tampoco necesito llevarla conmigo todo el rato.
Posiblemente, si tuviese que hacer una canción de “humor” tendría que esforzarme más. Mientras que, de manera natural, esa emoción surge. Soy un dramas [risas].
Por otro lado, trato de suavizarlo en los comentarios entre canción y canción. Reír, llorar, reír, llorar...».

Un par de años más tarde te escuchábamos en Cincoparedes (2015), el disco que materializa «un experimento, una reunión de cinco músicos gallegos», junto a Felix Arias, Luis Moro, Silvia Penide y Nando Deibe. ¿Cómo surge este proyecto del que, sabemos, tú fuiste el «artífice»?
César: «Yo solo propuse juntarnos para hacer un concierto, lo demás —la idea, lo bonito, la manera de hacerlo— fue muy democrático y quizás por eso fue inolvidable. Con ellos aprendí a ser músico de banda. Creo que crecimos y, gracias a ellos, soy mejor músico.
El concierto de presentación en el Teatro Rosalía fue inolvidable, los minutos antes de salir...».
A día de hoy, ¿cabe la posibilidad de volver a veros juntos compartiendo escenario?
César: «Juntarnos a compartir escenario lo hicimos ya algunas veces desde aquella, pero no como CINCOPAREDES. No por nada malo, era un proyecto que surgió como alternativa nuestras carreras, algo que tenía una voluntad natural».

En Bailando el incendio (2019) atribuidas por el formato banda, bastándote así de aquel formato acústico e intimista que comentábamos. ¿QuÉ te llevó a tomar esta decisión, a dar este giro sonoro? ¿Qué buscabas con él?
César: «La idea era tener un productor que mirase las canciones desde otro prisma distinto al mío, pero reconocerme en ellas».
Grabado en A Palleira Estudios (O Incio, Lugo), la producción del disco corrió a cargo de Vizcaíno, quien también colabora en la canción que da nombre al disco. ¿Cuánto de culpa tiene de que Bailando el incendio suene como suena?
César: «Xabier fue el primer productor de mi carrera y creo que se nota en el trabajo. Es un tipo auténtico y responsable máximo de ese disco, que a causa de la pandemia tuvo dificultades de difusión.
Yo era fan del proyecto de Xabier y me gustan sus producciones, pero sobre todo sus canciones.
A Palleira fue una experiencia bonita, no solo como grabación de un disco, sino como experiencia vital: estábamos hasta las tantas, y comíamos chorizos, patatas y huevos de su casa.
Por ejemplo, Tito Calviño (músico) grabó las guitarras eléctricas en zapatillas en un pajar en medio de O Incio. De aquel disco me llevé un buen amigo. Bailando el incendio crece gracias a él».
Las letras bailan entre la rabia y la esperanza, entre el caos y la necesidad de seguir adelante. Lo de «bailar el incendio» puede entenderse como aceptar el fuego, pero incluso en él seguir danzando, ¿no? ¿Lo consideras, pues, una forma de reivindicar la resistencia o la belleza incluso en la destrucción?
César: «Sí, y la gestión de la incertidumbre de un oficio, y tratar de seguir adelante viendo y agradeciendo el incendio y luego las cenizas. Y gestionar el hecho de volver a empezar en cada disco».

Tu anterior disco, En Vivo en el Teatro Colón (2023) documenta 20 años de carrera. ¿Cómo fue el desafío de escoger canciones, invitados y banda para este proyecto?
César: «La grabación fue gracias a Bea A de Estrella, cantautora y técnica de sonido. Fue la técnica de sonido de aquella noche inolvidable en el Teatro Colón, junto a Adrián Rivas, que hizo una grabación en bruto de todo el concierto.
Al final, escogimos los temas que mejor quedaron. Bea y París Joel (cantautor y locutor) hicieron las mezclas».
¿Qué recuerdos te trae ese concierto?
César: «Tocar en el Colón fue algo que soñaba desde que iba a tocar con mi guitarra a los jardines de al lado. La idea era celebrar los veinte años. Siendo de A Coruña era emocionante ver tu proyecto de canciones independientes y propias en un espacio así».

Este año presentas tu quinto trabajo en solitario, Mi guerra mundial del yo contra el yo (2025). ¿Cuándo y cómo nació esta idea de guerra civil interna y cómo terminó por convertirse en el disco que escuchamos hoy?
César: «La mayor parte de las veces era yo quien me saboteaba, quizás por inseguridades. Hoy tengo menos y seguimos trabajando. A raíz de una gira que hice por el norte de Argentina con Tato López (cantautor) y María Ángeles Iglesias (actriz) hay un cambio en mi mentalidad.
Este disco habla de esas luchas internas, de tratar de ser un buen hombre, pero también de reivindicar un espacio».
El disco aborda emociones como «el miedo a no estar a la altura», «quedarse sin aire», «la ansiedad por no ser la persona que pretendías» o «la esperanza de que todo va a salir bien», que aparecen como ejes del álbum. ¿Cómo trasladaste estas «batallas» a las canciones?
César: «Trato de escribir lo que me surge de manera natural, me ayuda a poder defender el texto que canto.
Después de la pandemia surgieron nuevas preguntas y reflexiones por la vida que llevo, por ejemplo, la pérdida de una persona muy importante en mi vida; el hecho de que, algún día dejaré de tocar, o el agradecimiento infinito a mi pareja que respeta y apoya mi trabajo...».
¿Cómo fue el proceso creativo y selección de canciones para Mi guerra mundial del yo contra el yo?
César: «No soy muy prolífico componiendo, aunque en la actualidad tengo menos cortafuegos en el proceso creativo. Algunas de estas canciones pasaron bajo observaciones un tiempo, pero “Mi guerra mundial del yo contra el yo”, por ejemplo, nace de golpe en un momento de la gira en casa de un colega en Jerez. La canción que suele dar nombre el disco es la última que hago».

Foto © Javier Quiroga
En “Titiritero” te escuchamos junto a Ismael Serrano, una figura de referencia en la canción de autor. ¿Cómo surgió esta colaboración y qué significado tuvo para ti?
César: «Ismael es uno de mis músicos favoritos, él hace que descubra a Silvio, por ejemplo.
Atrapados en azul (1997) cambió mis hábitos, pasé del fútbol a guitarra radicalmente. Podría afirmar que por su culpa dejé el deporte. “Vértigo”, de ese disco, es un tema con el que viajo en el tiempo, y una de mis canciones favoritas con “Te doy una canción” de Silvio.
Un día cogí valor para proponerle cantar juntos y él, en un ejercicio de generosidad, aceptó. Imagina lo que significa para mí que uno de mis referentes, uno de los culpables de elegir este modo de entender el mundo, cante algo de mi autoría.
Muy emocionante, fue una primera vez como aquellas del principio».
Aunque hay introspección, en Mi guerra mundial del yo contra el yo también hay luz y humor. ¿Buscaste conscientemente ese equilibrio para que el disco no se quedase atrapado en la tristeza?
César: «Sí, es necesario, juego bastante con la ironía y, a pesar de todo, me río de mis dramas, y trato de que el público lo haga también. Soy bastante espontáneo entre canción y canción, a veces me funciona...».
Mirando atrás, ¿cuál es la diferencia entre esta «guerra mundial del yo contra el yo» y las «luchas» que tenías en tus anteriores discos?
César: «Canciones con un prisma de una persona de cuarenta y cuatro años. Una voz más personal que no reniega de sus referentes. Canciones más directas y sencillas. Yo trato de hacer canciones que permanezcan en mi repertorio mucho tiempo, y creo que en este trabajo algunas quedarán».

Foto © Javier Quiroga
En su conjunto, la media docena de cortes conforman una especie de viaje que va hacia el conflicto interno a la aceptación. ¿Dirías pues que, para ti, la música funciona como una forma de terapia o de armisticio contigo mismo?
César: «Sin duda, la música como una manera de apaciguar mis luchas internas, de hacer un mapa para gestionar mis circunstancias».
El disco fue grabado en los Estudios Diciembre (Madrid) bajo dirección de Borja Montenegro, una grabación en la que participaron músicos de renombre como Pablo Serrano, Jacob Sureda y Jacob Regulón. ¿Cómo fue el trabajo con este equipo y qué aportó cada uno, además de sus instrumentos?
César: «Dentro de mis posibilidades traté de estar lo máximo posible en el proceso, pero con Jacob Sureda (teclados) y Jacob Regulón (contrabajo) no pude.
Se aprende mucho, pero se junta también el “miedo” de que esas canciones estén a la altura. Es un momento muy personal donde tienes una sensación de inseguridad grande.
Tanto Borja como Juan González (técnico de sonido) entendieron y trataron con mucho respecto a mí y mis canciones».
Mi guerra mundial del yo contra el yo fue presentado en la Garufa, con banda, y con un sold out. ¿Cómo fue aquella noche?
César: «Fue perfecta, el mejor concierto con banda que di hasta el momento. El Garufa es una sala brutal de conciertos, creo que tiene mucha personalidad. Este tipo de conciertos son regalos en el camino y tengo la suerte de rodearme de músicos maravillosos que se unieron a la fiesta».
¿Cómo sigue siendo la acogida del disco en vivo? ¿Cuándo, y dónde, podremos volver a disfrutarlo en directo?
César: «Quedan pocas copias físicas y la semana de 17 de noviembre se publicará el tercer sencillo del disco y el videoclip de “Por si vuelves”. Se proyectará con la persona que dirigió los dos videoclips, Andrey Kusym.
El año que viene haré otra presentación especial en mi ciudad, mientras, seguimos de gira: 8/11 Trechuro (León), 13/11 O Logradouro (Carballo), 23/12 La Chela (con varios músicos) (A Coruña), 17/1 Arume (Santiago), 18/1 Transistor (Bertamiráns), 27/2 Liceum (O Porriño)».

Foto © Javier Quiroga
Hablábamos antes de la sensación de intimidad que puede haber en ponerse delante del público acompañado solo de una guitarra; ¿lo ves muy diferente a subirse al escenario con el respaldo de una banda?
César: «Es diferente, hay mayor exposición, pero llevo mucho tiempo haciéndolo y me gusta; llevo muchos años tocando en solitario, se podría decir que estoy cómodo. Aunque me gustaría tocar mucho más con mi banda».
En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
César: «Luis Fercán me gusta mucho, estoy empezando a escuchar a Carlos Ares. Pero me gusta mucho Felix Arias por poner un ejemplo. Felix es amigo, pero eso no saca que valore su manera de hacer canciones».
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César: «“Titiritero”, “Mi guerra mundial”, “Por si vuelves”, que se estrena ya, “Nana para dormir a unos padres”, “Llévame”, “Maldito volador de alas rotas”, “Faustino y Luisa”, “Bailando el incendio”, “Combatiendo”».

