• GALEGO
  • ESPAÑOL
  • ENGLISH
     
  noticias  

MARGARIDA MARIÑO: «CON ESTE DISCO QUERÍA DEMOSTRAR QUE EL VIOLONCELLO ES UN INSTRUMENTO SÚPER RICO EN MATICES»

MARGARIDA MARIÑO: «CON ESTE DISCO QUERÍA DEMOSTRAR QUE EL VIOLONCELLO ES UN INSTRUMENTO SÚPER RICO EN MATICES»
16 MARCH 2020

«Mi primer contacto con el cello fue antes de empezar en el conservatorio, con 7 u 8 años. Recuerdo sacarlo de la funda por primera vez en casa, un cello pequeñito de segunda mano que habían conseguido mis padres, y a partir de ahí no pude dejar de tocar» No sólo no ha podido dejar de tocar, es que ahora lo hace subida a un escenario frente decenas de espectadores entregados. Margarida Mariño inició sus estudios de violoncello en el Conservatorio Profesional de Música de Vigo, su ciudad natal, donde comienza a construir la estrecha relación que la une a su instrumento: «El violoncello es el único instrumento que puedo decir que sé tocar. Los y las que venimos del mundo de la enseñanza en el conservatorio tenemos que aprender también, como parte de la formación, unos años de piano complementario, y en un momento dado me dio también por el contrabajo... pero yo solo sé expresarme con el cello».

 

 

Criada entre música, y entre músicos —«mis hermanos mayores también son músicos (guitarrista, pianista y violinista) y desde pequeña escuché y me empapé tanto de sus horas de estudio en el cuarto de al lado como de la música que escuchábamos, desde Led Zeppelin, Metallica, Radiohead o Tool hasta Arias de Mozart, de Puccini o de Verdi»— Margarida Mariño se traslada a Barcelona para licenciarse en el Conservatori Superior Liceu, época durante la cual la artista viguesa empezó a dar sus «primeras notas» en el ámbito de las músicas improvisadas y del jazz, fruto de la fusión de estilos del centro y de su curiosidad intrínseca por liberar las cuerdas de su instrumento: «Cuando estudiaba en el conservatorio a veces no entendía muy bien el ambiente que tenía a mi alrededor; eran pocas las personas que encontraba que realmente les gustase tocar por el mero placer de hacer música juntas. En el mundo de la enseñanza clásica, sobre todo en los primeros años, sigue habiendo una estigmatización con los objetivos, el repertorio y el nivel técnico, y muchos alumnos y alumnas se centran en eso, sin permitirse el lujo de disfrutar con lo que hacen [...] en Barcelona me encontré con un clima totalmente distinto en la escuela, al convivir varios estilos diferentes en el mismo centro ya favoreces esa fusión, y empecé poco a poco a romper cadenas que permitieron que me liberase como cellista hacia otros estilos que también escuchaba y disfruto».

 

 

Cello en mano, Margarida Mariño es una artista polivalente, con una trayectoria que se extiende, tanto a nivel individual como colectivo, más allá de nuestras fronteras. Entre sus composiciones e interpretaciones se encuentra música original para cortometrajes y espectáculos, una tarea que, confiesa, «disfruta mucho haciendo»: «con la música nosotros también tenemos que contar historias, y cuando ya tienes ese guion pautado, esa historia que contar, a mí por lo menos me resulta mucho más fácil que componer desde cero». Junto a la Orquestra Sinfónica Vigo 430 (OSV430), la Orquesta Ressonnance (Suiza), o La Vía del Concerti (Italia), entre otras, Margarida Mariño lleva su carisma por escenarios internacionales, el más reciente, el pasado mes de febrero durante la presentación de su debut discográfico en los Países Bajos; unas estancias de las que Margarida destaca «el apoyo a la cultura desde las instituciones (públicas o privadas)»: «en los Países Bajos, por ejemplo, la gente puede pedir ayudar para organizar un concierto, incluso en su barrio un domingo cualquiera, y se la dan. El público tiene asumido que hacer algo cultura al día es tan importante como trabajar o hacer deporte, y lo hacen. En general, siento que la gente tiene más inquietud de escuchar cosas nuevas y volver a casa con algo nuevo aprendido, de la misma forma que también aprecian mucho que la música o el músico hable y explique su obra durante el concierto. Saben que la cultura es un bien y está mal visto desaprovecharla».

 

Hace un par de años que Margarida Mariño se embarcó en una aventura musical junto al multinstrumentista ferrolano Fernando Barroso en aquel Silence Lovers Club (2018), una docena de piezas con acordes swing, jazz primitivo, aires persas o tradición gallega unidos por las cuerdas de la mandolina y el violoncello; cuerdas que volvieron a juntarse en el último trabajo discográfico de Barroso, Xograr (2020), una experiencia que Margarida recuerda con cariño: «la música de Fernando Barroso fue para mí un reto con el que cada día descubro que puedo hacer cosas nuevas (como cantar y tocar a la vez). Él compone también la música del violoncello, después yo la hago mía, sobre todo en los momentos de improvisación, etc. Es un trabajo minucioso que está hecho con mucho mimo, y en los ensayos el repertorio sigue vivo, siempre buscamos alguna articulación que mejore alguna cosa, o un acorde que le dé otro color. Para mí, trabajar con esa frescura es fundamental, sino caes en la monotonía de lo que estás haciendo y eso lo detecta el público cuando estás tocando».

 

 

Y, aún así, Margarida Mariño decidió volar sola, explorando los límites sonoros y estéticos del violoncello, experimentando con géneros donde su instrumento no es tan común como el jazz, la música espontánea o la improvisación libre. La compositora viguesa lanzaba el pasado mes de febrero su apuesta en solitario, Cello&Electronics (2020), un repertorio compuesto por ocho piezas originales para cello, inspiradas en temas como la ecología, el cambio climático o la inmigración, utilizando pedales de efectos, voz y loops, con los que crea texturas únicas y complejas orquestaciones, fruto de una «liberación de cosas que tenía guardadas desde hace más o menos cuatro años»: «[con esto] no quiero decir que las piezas que suenan en el disco estuviera cuatro años escribiéndolas, sino que la necesidad de crear música sobre estos temas y otros se fue acumulando hasta que [me] decidí a lanzar este proyecto yo sola. El tema del cambio climático y la extinción de muchas especies debería preocuparnos mucho más, aunque solo sea por egoísmo, porque nos afecta a todos, y las migraciones humanas también, porque estamos juntos. Con este disco también quería demostrar que el violoncello es un instrumento súper rico en matices, tiene muchas posibilidades, empezando por el registro, que es lo que más amplitud tiene (de grave a agudo) de la familia de los de cuerda frotada y también por el juego que da su cuerpo de madera para las percusiones, texturas, etc.; cuanto más grande sea el instrumento, más juguete tenemos para experimentar. De momento no puedo estar más sorprendida de la acogida que está teniendo el álbum; estoy muy feliz».

 

 

 

A lo largo de Cello&Electronics, escuchamos un estilo muy personal en el que géneros tan, aparentemente, divergentes como el postrock, el triphop o la música clásica vibran «a una sola cuerda». Y es que, en la actualidad, existe un movimiento de música instrumental de notable éxito con músicos de formación clásica que la combinan en mayor o menor medida con elementos de la música electrónica, del pop o del jazz. Hablamos de Hildur Guðnadóttir, Anne Müller o Julia Kent, por nombrar a algunas compañeras cellistas, o Nils Frahm, Olafur Arnalds, A Winged Victory for the Sullen, Max Ritcher, etc. ¡Y Margarida Mariño está entre ellos! Entre el renacer de la instrumentación y de las formas clásicas bajo nuevas fórmulas que, como ella misma afirma, «son naturales»: «los instrumentos en sí mismos no deberían estar encorsetados al contexto histórico de cuando fueron creados, pienso que con cualquier instrumento, incluso mucho más ancestral que el cello, se pueden hacer cosas interesantísimas y más con el mestizaje cultural y el bagaje técnico que tenemos hoy en día».

 

«Soy muy fan de MounQup, Bliusvai, Trilitrate, Xabier Díaz, Os Amigos dos Músicos, Baiuca, Rar0, Xan Campos, Miguel Lamas, Abraham Cupeiro… ¡también me gusta mucho el último trabajo de A Banda da Loba!» son las recomendaciones de artistas y grupos gallegos que nos da Margarida Mariño y, «sin ningún reparo» también nos confiesa qué escucha en Spotify: «Yo escucho de todo, desde canto gregoriano hasta el trap más guarro; mis últimas búsquedas son: Koffee, Mayra Andrade, Rodrigo Cuevas, Terbutalina, Tyler The Creator, Masego… aunque soy más de podcasts que de Spotify, descubro muy buena música en el programa ‘Sonideros’ de Radio 3».

  noticias