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«EL CONTRABAJO ES MUY VERSÁTIL Y CON LA TÉCNICA PRECISA TE PERMITE HACER COSAS MARAVILLOSAS»

«EL CONTRABAJO ES MUY VERSÁTIL Y CON LA TÉCNICA PRECISA TE PERMITE HACER COSAS MARAVILLOSAS»
14 FEBRUARY 2022

De la guitarra al bajo eléctrico, de este—y por «su equivalencia en el elenco acústico-sinfónico»— al contrabajo. Para  Álvaro Iglesias (O Porriño, 1974), que roza los 30 años encima de los escenarios, su instrumento es casi como una prolongación más de su cuerpo. Gran parte de su carrera como músico profesional la pasó acompañando a artistas como Carlos Núñez, Pancho Álvarez o Anxo Lorenzo; o formando parte de grupos como TRES, Entre Trastes, Ardentía, SonDeSeu, Rodrigo Romaní o, actualmente, TOR.

Pero su contrabajo empieza a brillar por sí mismo con su debut en solitario, Alma (Zouma Records, 2018), el primer disco en la historia en la música celta con este instrumento como solista; un álbum donde Iglesias defendía la singularidad y sonoridad que aporta el contrabajo a nuestras melodías tradicionales. En su nueva referencia, Vagalume (Zouma Records/Inquedanzas Sonoras, 2021), el músico y compositor gallego reafirma esa capacidad solista del contrabajo en la decena de piezas que lo componen; diez piezas instrumentales que parten de un repertorio íntegramente gallego y para las que, en ocasiones, contó con Xosé Liz (bouzouki, guitarra acústica, flauta) y Luís Peixoto (mandolina, zanfoña, bouzouki).

 

 

 

Con casi tres décadas detrás del contrabajo, podríamos aceptar el instrumento casi como una prolongación más de tu cuerpo. ¿Cómo recuerdas tus comienzos en la música?

Álvaro Iglesias: «Vengo de una familia muy musical en todos los sentidos, y de estar escuchando todo tipo de música desde que nací, tanto en vinilos o casetes como tocada o cantada, lo cual no significaba nada en especial para mí, sino simplemente algo que formaba parte natural de mí entorno.

Con 9 años empecé clases de guitarra en el colegio, y ya más de adolescente cogía de vez en cuando algún instrumento que andaba por casa, básicamente para entretenerme un rato tocando o, mejor dicho, intentando hacerlo por encima de la música de cualquier disco que pudiera estar escuchando. Cuando estaba terminando mis estudios de secundaria en el instituto de O Porriño, que de allí vengo, se me cruzó de forma totalmente inesperada en mi vida la posibilidad de formar parte del grupo de folk rock TRES, una banda formada en aquel año (1994) por componentes de Matto Congrio como Diego Bouzón, Isaac Palacín, Marcos Legazpi, o, el artífice de tal arriesgada hazaña de subir a un escenario con un bajo eléctrico a un chico de 19 años que nunca se le había pasado por la cabeza ser músico, como fue Pancho Álvarez.

A partir de ahí, con el apoyo y fuerte convencimiento de mi familia, quedó atrás mi camino hacia los estudios universitarios y tomamos el de la música profesional ya con el contrabajo. Empecé luego mi “especialización” en nuestras músicas ya más en profundidad, aprendiendo y tocando en casa con los mejores maestros posibles, como Os Alegres, Os Morenos, Os Campaneiros, Os Areeiras, etc., a los que tanto les deberé siempre. El mejor comienzo en la música que pude tener en este sentido, y también en lo que se refiere a los grupos que vinieron luego, como Arán, Pancho Álvarez, o los conciertos que hice con Carlos Núñez presentando su primer disco».

 

¿Cómo describirías el contrabajo? ¿Siempre tuviste preferencia por este instrumento o tocaste antes otras cuerdas... teclas, quizás?

Álvaro: «Como os comentaba antes, empecé con la guitarra como actividad extraescolar con unos 9 años, y solía luego tocarla siempre simplemente para pasar el rato. Gracias a la actividad musical en casa, tenía ciertos instrumentos a mi disposición, entre ellos el bajo eléctrico, que fue el que finalmente se quedó conmigo; con él tomé un primer contacto y aprendí a tocar la música gallega que tanto me marcó en aquellos primeros discos de Na Lúa o Milladoiro en los años 80, y que hicieron de mí gran parte del músico que soy hoy en día. Hacía también cosillas con otros instrumentos ¡aunque a día de hoy puedo confesarme casi puramente cuerdista de nacimiento!

Cuando empecé mis estudios en el conservatorio escogí, por equivalencia al bajo eléctrico en el elenco acústico-sinfónico, el contrabajo. Fue un instrumento que en una primera toma de contacto visual me impactó, me impuso un profundo respeto, que mantendré intacto de por vida y que considero fundamental para poder tocarlo bien. Es muy versátil (mucho más de lo que parece) y con la técnica precisa, a pesar da su apariencia, te permite hacer cosas maravillosas y sumamente bellas, siempre que lo trates con el cariño que necesita y respondas a su exigencia, que va a ser muy intensa siempre.

Lo describiría, a partir del dicho, como una especie de ser no inerte especialmente sensible sin el que no podría mostrar, transmitir o vivir como el músico pleno que él consiguió que fuese».

 

 

Gran parte da tu carrera como músico profesional la pasaste acompañando en el escenario a artistas de la talla de Carlos Núñez, Pancho Álvarez y Anxo Lorenzo, entre otros, con los que pisaste importantes festivales como el Festival do Mundo Celta de Ortigueirao el Festival Intercéltico de Lorient. ¿Hay alguna lección o enseñanza que resuma estas experiencias junto a ellos?

Álvaro: «Muchas cosas se pueden aprender con músicos de tanto nivel, cosas que formarán parte da tu personalidad y profesionalidad de forma natural, además, incluso sin querer aprenderlas, tanto dentro como fuera del escenario.

En mi experiencia trabajando con alguno de ellos aprendí algo que es fundamental para mí, y que te define de una manera muy notoria a mi entender: el saber siempre cuál es tu lugar dentro de una banda, tener claro qué es lo que tienes que hacer, lo que puedes aportar, entender qué ocurre en todo momento y saber adaptarte a eso. Cada grupo es distinto de los demás, aunque estén dentro del mismo tipo de música, por lo que tu papel nunca va a ser exactamente el mismo».

 

Actualmente formas parte del grupo de folk céltico TOR,aunque pasaste y colaboraste con otros muchos como Entre Trastes, Ardentía, SonDeSeu o Rodrigo Romaní. ¿Qué diferencias destacarías entre trabajar en grupo a hacerlo en solitario?

Álvaro: «De repente, absolutamente todo recae sobre ti. Pasar a ser el único responsable del proyecto, ser el centro de atención fuera y dentro del escenario o, por poner un ejemplo, en esta misma entrevista, en la que por momentos te das de cuenta de que la estás haciendo tú solo.

El trabajo se multiplica por tres o por cuatro, y debes saber qué dirección vas a tomar y cuándo, dónde y cómo tomarla. Es totalmente distinto todo. Puedes llevar hechos una infinidad de conciertos que cuando tienes que hacer el primero en solitario... va a ser como si no contasen todos los anteriores, ¡sales al escenario casi con la misma tensión que tenías en tu primera vez! Pero luego, cuando todo reposa, por lo menos en mi caso, sientes que todo este trabajo es de lo mejorcito que has hecho en tu carrera y quedas recompensado con creces».

 

 

Debutas en solitario con Alma (Zouma Records, 2018), el primer disco en la historia de la música celta en el que instrumento solista es un contrabajo. En tu opinión, ¿por qué crees que nunca nadie lo había intentado antes?

Álvaro: «Es un proceso en el que creo que hay una serie de cosas que son complementarias entre todas ellas y que, además, deben darse conjuntamente en un momento dado; aunque esto puede ir sucediendo tanto progresiva como simultáneamente en el tiempo.

En mi caso fue más progresivamente, al empezar muy joven a escuchar y tomar un ligero contacto instrumental con la música gallega, ampliado luego a las demás músicas europeas de su estilo como la irlandesa, escocesa o bretona, por ejemplo. Y años más tarde, al estudiar contrabajo para luego ir integrándolo poco a poco tanto en el estudio especializado y en el desarrollo de la técnica precisa, como en los conciertos en directo o en las grabaciones discográficas que se fueron sucediendo.

Alma fue la primera muestra y respuesta a todo este proceso en solitario; la solidificación de complemento y conjunto de la que hablaba al principio. Para poder intentar materializar algo como esto, primero tienen que darse esta serie de factores o similares en un músico, y que simplemente no había ocurrido antes con estas músicas».

 

 

¿Cómo es arreglar una pieza para conseguir el equilibro que permita que el registro grave del contrabajo lleve a melodía? Porque en la música celta y tradicional estamos acostumbrados a que la lleven instrumentos con sonidos más agudos, como la gaita, y a que, en general, el contrabajo se ocupe más de lo armónico que de lo melódico. ¿Tiene algo que ver con eso que escogieses un contrabajo de cinco cuerdas en lugar del de cuatro?

Álvaro: «Pues creo que el equilibrio principal está entre la tonalidad que escojas para tocar esa pieza y la tesitura donde decidas hacerlo. Normalmente, cuando no hay acompañamiento del contrabajo tienes más amplitud frecuencial para esa melodía, lo que significa más áreas donde poder tocarla. Mientras que cuando ese acompañamiento aparece, bien como contrabajo o bien como cualquier otro instrumento que pudiese aportar frecuencias similares, debes alejarte melódicamente hacia una tesitura mayor, precisamente para evitar que estas puedan coincidir y "pelear" entre ellas en un momento dado; lo que provocaría una pérdida de calidad tímbrica en alguno de estos instrumentos, o en ambos, según dónde pudiera ocurrir esto.

El tener una cuerda más aguda hace que este problema prácticamente desaparezca, y también, en el camino, acerca el instrumento hacia las tímbricas más familiares para nosotros en las melodías».

 

 

El contrabajo suele ser un instrumento que escuchamos en géneros como la música clásica o el jazz, pero el tuyo suena a trad y folk... Con Alma querías reivindicar la capacidad del contrabajo como instrumento solista. ¿Crees que has alcanzado, o estás alcanzando, tu objetivo?

Álvaro: «El contrabajo ya desde un primer momento me encajaba maravillosamente dentro de la música gallega y el folk en general. Pero hablamos de tocar en casa sobre las sonoridades de los cuartetos gallegos más tradicionales, o sobre otros grupos folkies de diversos estilos de aquellos años 80 y 90, algunos de ellos con bajo eléctrico, pero ninguno con contrabajo haciendo las melodías.

Mis dudas y temores surgieron cuando empecé a pensar en hacer mi primer trabajo en solitario, ya que no tenía ni idea de qué podría ocurrir cuando mezclase, al mismo nivel, un contrabajo melódico con los demás instrumentos que pretendía utilizar; además de pensar, ya en un futuro más lejano, qué respuesta iba a dar el público a lo que estaban a punto de escuchar. En esto último no podría dar una respuesta del todo clara, ya que considero que aún es muy pronto para saberlo, pero sí que mis dudas más primitivas quedaron totalmente disipadas y me dieron la tranquilidad y seguridad de continuar haciendo trabajos como ese, tanto en directo como en estudio, hacia mi actual futuro y esperando que hacia uno lejano también».

 

Alma es un álbum instrumental, excepto un tema: “Alalá do Pai Iglesias I”, en el que escuchamos la voz de Xabier Díaz. ¿Qué hace que esta pieza lleve letra? Teniendo en cuenta de que le sigue “Alalá del Pai Iglesias II” sin ella...

Álvaro: «Esta primera pieza, que no podría estar mejor interpretada que por Xabier, en realidad deriva de su segunda parte, que fue la que realmente compuse como tema instrumental para el disco.

Su desarrollo me fue llevando sigilosamente hacia una primera parte totalmente ad libitum, en la que solamente necesitaba que se escuchasen dos personas; un diálogo cantado entre un padre y su hijo representados con esa hermosa sencillez. Será siempre una de las piezas más especiales que haya compuesto en mi vida, ya no porque sea un primer alalá con una primera letra, sino por estar dedicada a la memoria de mi padre».

 

 

Tu segundo trabajo discográfico, Luarada (ZinemusiK, 2020) es la banda sonora de la película homónima, de Óscar Doviso, sobre el conocido Lobishome de Esgos. ¿Cómo afrontaste su composición, donde la música tiene que completar las imágenes y los sonidos de la película?

Álvaro: «Luarada es la primera película hecha sobre este personaje que está basada en hechos reales, en paisajes reales, en localizaciones, en vestuario... Y en absolutamente todo lo que va en ella, meticulosamente documentada bajo el asesoramiento principal de los hermanos Félix y Cástor Castro Vicente, los mayores estudiosos en la causa contra nuestro lobishome Manuel Blanco Romasanta.

En base a eso, me fue relativamente sencillo decidir qué música y qué tipo de instrumentación concreta querría para la composición de su banda sonora, una música que se integrase totalmente con toda esta realidad de los personajes, del entorno o de la época en la que se desarrolla toda esta historia. Hice luego un pequeño recopilatorio de canciones tradicionales en el área de los ayuntamientos de Esgos, Allariz y Vilar de Barrio principalmente, junto con sus instrumentos musicales más característicos, utilizando también en varias ocasiones la maestría de mis queridísimos compañeros de TOR, a los que considero parte importantísima en esta banda sonora.

Luarada se encuentra ahora mismo en proceso de preparación para continuar con su rodaje, ya que de lo que estamos hablando es de una primera parte de unos 37 minutos, cuyo montaje se hizo especialmente como un pequeño adelanto para la clausura del OUFF 2020. Igual que el disco de esta banda sonora, disponible por ahora en formato digital hasta que se complete con el estreno de la película, cuando posiblemente pasaremos a tenerlo en formato físico también».

 

 

Estás presentando tu nuevo disco, Vagalume (Zouma Records, 2021), que llegó con un poquillo de demora, algo propio de estos tiempos pandémicos. ¿De qué otra forma afectó la situación actual al desarrollo del álbum?

Álvaro: «En un principio, el disco lo habíamos programado para que saliera a mediados del mes de noviembre, pero la situación que vivimos con los problemas de los transportes en esa época hizo que en un primer momento llegase el 24 de diciembre, y ya definitivamente con algunas modificaciones hechas por problemas con la fabricación, el 18 de enero.

Fue en lo único que afectó, ya que en lo que respecta a la producción fue todo sobre ruedas; desde el proceso de grabación, en el que los artistas invitados desde sus propios estudios me enviaban todo muy bien hechito y respetando, además, con cierta exactitud los plazos de entrega de sus grabaciones, hasta mi trabajo más intenso en mi estudio, donde todo iba también fluyendo según lo previsto, ¡pasando allí encerrado prácticamente todo el verano pasado, eso sí!».

 

 

La decena de canciones que recoge Vagalume mezcla piezas tradicionales con originales tuyas como, por ejemplo, “Acuneiriña”. A la hora de componerlas, ¿qué, o quién, te inspira?

Álvaro: «Pues precisamente esta misma pieza fue compuesta expresamente para hacer mi tercer videoclip en la promoción de Vagalume, en el Mosteiro de Carboeiro (Pontevedra). Tenía la localización, tenía también el formato clarísimo a dúo, tenía también cerrada la fecha de la grabación, pero aún no tenía ni idea de qué iba a tocar.

¿Qué me inspiró aquí? Pues una de las cosas que me ayudó muchísimo fue la de situarme en este espectacular lugar, imaginando su sonoridad y adaptándola a un arreglo instrumental en concreto, como un dúo de contrabajo y flauta en el que además tengo la inmensa fortuna de tener a Xosé Liz; lo que hace también que, después de más de veinte años tocando juntos, sea mucho más sencillo componer algo que él va a tocar.

Es como una combinación de varias cosas dentro de las que me sitúo mentalmente, tanto para componer como para arreglar; dentro de las que principalmente están los instrumentos y los instrumentistas, y el tipo de repertorio en el que la pieza se integrará».

 

 

Respecto al repertorio tradicional, con canciones como “Xota de Riotorto” o el “Pasarrúas dos Trintas de Trives”,¿cómo escogiste los temas?

Álvaro: «En el caso en concreto de la "Xota de Riotorto", surgió con la idea de hacer un vídeo mientras estábamos confinados, previo todo esto al inicio de la grabación del disco, pero con la elección de su repertorio ya iniciado. Le propuse entonces a Pancho Álvarez hacerlo como dúo, simplemente para publicarlo en las redes sociales y también porque, después de haber formado parte de su banda y haber colaborado recíprocamente en unos cuantos discos, me hacía una ilusión enorme hacer algo así juntos y guardarlo como un bonito recuerdo.

No le di demasiadas vueltas a qué tema sería el idóneo cuando me enteré de cómo sonaría esta hermosísima jota del repertorio de Florencio López, arreglada y dada a conocer además por Pancho. Pasado el confinamiento, dejé atrás la idea de que simplemente quedase como un vídeo para redes sociales y ambos acordamos que formase parte de Vagalume, y que fuese él —quién mejor que semejante figura— el que hiciese el arreglo definitivo tanto para el disco, como para un vídeo de promoción, ya con la producción del maestro Diego Bea Besada.

Él fue quien más tarde hizo también el "Acuneiriña" y el “Pasarrúas dos Trintas de Trives”, pieza que técnica y tímbricamente me funcionaba estupendamente y que, además, ya conocía y adoraba tocarla con otra gran maestra, mi querida Begoña Riobó. Decidí incluirla, además, por hacer una afectuosa deferencia a mi familia de A Pobra de Trives, a la que tanto queremos.

Partiendo de la misma idea que Alma, quería que este Vagalume fuese también un repertorio íntegramente gallego y, en base a eso, fui trabajando canciones que surgieron de forma espontánea y otras que, de tanto escuchar nuestra música todos estos años, siempre me encandilaron; y las fui guardando para repartir entre todos los trabajos discográficos que pueda llegar a hacer. ¡Tenemos muchísima música en Galicia para hacer y por hacer todavía!».

 

 

En algunos temas del disco escuchamos a Xosé Liz (bouzuki, guitarra acústica, flauta) y Luis Peixoto (mandolina, zanfona, bouzouki), que conforman tu formación a trío. ¿Cómo es trabajar con ellos? ¿Qué dirías que aportan a los temas, además de sus instrumentos?

Álvaro: «¡A veces les digo bromeando que tenía que volver a grabar algunos temas de Alma solamente con ellos dos! Son músicos excepcionales, músicos que entienden ya desde un primer momento lo que quieres y necesitas, que siempre responden a tus necesidades muy por encima de lo que de ellos esperas y que hacen que todo suene y encaje de una manera maravillosa y espectacular. Siempre saben estar en su lugar, algo que para mí es fundamental, sabiendo en todo momento cuándo deben ponerse en un primer plano y cuándo volver hacia atrás.

Además, ambos son multinstrumentistas, lo que me da muchísimas opciones de interpretación, cambios tímbricos, de puesta en escena, dinámicas, etc., que hacen que el propio concierto vaya fluyendo siempre por donde tú quieres. Somos además tres grandes amigos que disfrutamos enormemente tanto en los escenarios como fuera de ellos; tengo muchísima suerte de tenerlos conmigo. Es como un broche final a todo este trabajo de mis últimos cinco años y seguro que este proyecto no sería, ni de lejos, lo mismo sin ellos».

 

La luciérnaga (en gallego, vagalume) es un insecto conocido por emitir luz en la oscuridad. ¿Por qué titular así el disco? ¿Lo consideras, de algún modo, como una metáfora: una luz (la música) en la oscuridad (la pandemia)?

Álvaro: «Desde pequeño siempre me fascinó este pequeño animalillo que habitualmente me provocaba las mismas hermosas sensaciones cuando lo encontraba, o volando cerca de mí o semioculto en algún lugar del jardín de mi casa, donde acudía a cogerlo con todo el cuidado del mundo.

Quise titular así este álbum como si fuese esa pequeña luz que ella lleva, y que pudiese transmitir un poco las mismas sensaciones dentro de varios conceptos o situaciones como, por ejemplo, esta tan horrible que tuvimos que vivir o, lo que sería muy modestamente, mi pequeño lugar con mi "extraño" instrumento dentro de estas músicas».

 

 

Intérprete y compositor, pero también productor y arreglista. ¿Cómo se ve el trabajo desde la otra cara de la moneda? ¿De qué manera se retroalimentan ambas facetas?

Álvaro: «Para mí, la experiencia de todos mis años como acompañante de tanta gente es absolutamente crucial para poder luego desarrollar mi trabajo en solitario, independientemente del tipo que pueda ser. Hice varias composiciones, arreglos y alguna producción en algunos de sus discos que completan y hacen más sólida esta experiencia y aprendizaje profesional.

Siempre fui un músico que memoricé todos los repertorios que tuve que hacer, precisamente para tener, a mi entender, una buena librería mental de la que poder extraer en el momento que necesitase lo que necesitase. Con todo esto, las dos facetas llevan implícita una reciprocidad total y fundamental y, simplemente, la diferencia a la hora de hacer un tipo de trabajo u otro está en saber qué es lo que debes hacer; entendiendo siempre como una prioridad al grupo o a quién le haces una producción, composición o un simple arreglo».

 

 

Tres años, y una pandemia, separan los tres álbumes. Ahora, con ellos en la mano, ¿qué diferencias encuentras entre los tres?

Álvaro: «La BSO de Luarada, que como comentaba anteriormente aún está por finalizar, es un trabajo muy especial que considero un poco aparte de los otros dos, aunque tenga, obviamente, muchas similitudes dado que el músico principal es el mismo.

Alma es un disco muy íntimo en el que quise dar todo el protagonismo al contrabajo, y donde los músicos invitados simplemente diesen cierto "color" con su maestría en los momentos donde yo necesitaba de ello. Quise llevar, salvo en un par de temas, el peso total de los arreglos de las cuerdas grabándolas yo mismo y haciendo también todos los arreglos y composiciones posibles. Era mi primer trabajo y sentí que necesitaba hacerlo de este modo.

Sin embargo, Vagalume fue otra cosa. Ya venía con dos trabajos anteriores y no necesitaba tanta intimidad ni demostrar nada que no hiciera anteriormente. Es un trabajo mucho más distendido donde los invitados tienen todo el protagonismo que merecen, en lo interpretativo y en lo arreglístico, como Pancho Álvarez en la "Xota de Riotorto" o Xosé Liz en el " Alalá/Vinde axiña", además de consignarle todos los arreglos de las cuerdas en este disco.

Quisiera destacar de una manera especial dos de las principales similitudes que existen en los tres trabajos: el repertorio íntegramente gallego y mi inmenso agradecimiento a todos los que me acompañan en ellos que, por si fuera poco, sé de buena tinta que lo hicieron con absoluta implicación y con todo su cariño».

 

Los acordes de tu “Alalá de Pai Iglesias II” pusieron banda sonora al spot O único xeito de apoiar a cultura é gozala’, de la Consellería de Cultura. ¿Qué significó para ti que escogiesen esta pieza para la campaña?

Álvaro: «Lo recordaré siempre como algo muy especial, principalmente por lo que aquel spot significaba. El ser un tema elegido entre todos los temas de todos artistas gallegos... pues ya lo podéis imaginar. Es un tema, además, que significa —y significará— mucho siempre para mí. ¡Encantadísimo y muy orgulloso, vamos!».

 

 

Despedías el 2021 en las Islas Canarias, en el marco de la programación de MAPAS 2021, un encuentro con la actualidad creativa internacional a través de la música en directo y demás disciplinas artísticas. ¿Cómo describirías la experiencia?

Álvaro: «La experiencia fue espectacular en todos los sentidos. Tanto los músicos como los representantes que son invitados a ir tienen la oportunidad de reunirse a través de una agenda (muy bien organizada) con todo tipo de profesionales del sector musical y de las artes escénicas de medio mundo, como programadores, agencias de contratación o management, por ejemplo.

Esto es algo que no pasa en muchos de estos eventos, que yo sepa, y que además permitió que este proyecto fuese conocido, y de mucho interés en algún caso, ya antes de haberlo presentado personalmente en estas reuniones. Después tienes también, bajo previa contratación, la oportunidad de poder hacer un concierto tipo showcase en uno de los espacios que la organización seleccione para ti; espacios todos ellos de primerísimo nivel, como fue para nosotros el Auditorio de Tenerife, donde gustó tantísimo nuestra propuesta. ¡Lo recomendaría a cualquier sin ninguna duda!».

 

 

¿Qué podremos esperar de un directo de Álvaro Iglesias? ¿Alguna próxima fecha que puedas revelar ya?

Álvaro: «Pues mi interpretación personal de la música que llevo haciendo casi treinta años, con toda la sensibilidad y cariño que tengo hacia ella. Una apuesta por transmitir lo que yo entiendo como la esencia de la música tradicional y de su transmisión y perdurabilidad, el dejarme llevar por ella con lo que tengo en mis manos, como hacían nuestros ancestros; y poder continuar soplando poco a poco en la lucecita de una pequeña luciérnaga que nunca quiere dejar de brillar.

Hace unas pocas semanas empecé a trabajar con la productora Nalgures, además de Zouma Producciones, por lo que tenemos que esperar un poquito por fechas hasta que todo el trabajo se consolide para poder conocerlas ¡aunque alguna cerrada ya tenemos!».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Álvaro: «Hoy en día en Galicia tenemos una calidad tremenda de grupos y solistas en todos los ámbitos. Recomendaría a la mayoría de los que conozco, honestamente, así que me voy a limitar a basar mi elección simplemente en un amplio abanico de estilos dentro de la música gallega, por ejemplo: el dúo Caamaño & Ameixeiras, Xisco Feijoó, Pancho Álvarez, TOR, CALDO, Xosé Liz Cuarteto, Xosé Lois Romero & Aliboria, Obal, SonDeSeu, Os d'Abaixo, Baiuca o Cuarteto Caramuxo».

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza.

Álvaro: «¡Advierto que esta es una cuenta compartida con mi mujer y mis hijas! [Risas]. Aquí va: Bailando de los Pica-Pica, My Bluegrass Heart de Béla Fleck,BSO de Encanto, Aire! de Caamaño & Ameixeiras, BSO de Ferdinand, Slippery When Wet de Bon Jovi, una playlist de mi mujer con todo tipo de canciones, Music for Two de Béla Fleck y Edgar Meyer, y Farangi de Renaud García-Fons y Claire Antonini».

 

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