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FUXAN OS VENTOS: 50 ANOS

FUXAN OS VENTOS: 50 ANOS
16 MAY 2022

Lugo, 1972. Un grupo de jóvenes de entre 16 y 20 años conforma un grupo folk que ensaya un repertorio de folclore internacional, español y gallego. En octubre de ese mismo año, y bajo el nombre Folk 72, se presentan al III Festival das San Lucas de Mondoñedo, certamen que ganan con la canción “Fuxan os ventos”; esta pieza asentaba la filosofía de la formación con una letra que suponía toda una declaración de principios.

Ellos no lo sabían, pero este era solo el comienzo, porque ese grupo que cantaba «queremos cantar, queremos berrar, coa forza da fe, que a nosa Galicia, aínda está de pé» no se podía imaginar que seguiría haciéndolo 50 años después. Son Fuxan os Ventos, una de las grandes referencias históricas del folk gallego que cruzó fronteras, tanto físicas como ideológicas, y traspasó generaciones. Con un repertorio basado en la música popular gallega, tanto en su vertiente popular como en la composición propia, Fuxan fue, y sigue siendo, reconocido por la incorporación de canciones denuncia de la realidad sociopolítica gallega que les tocó vivir como reivindicación de un pueblo, de un idioma y de una cultura propia. Nueve discos editados, un montón de colaboraciones y miles de conciertos a sus espaldas son algunas (¡de las muchas!) pinceladas de este medio siglo de trayectoria que cumplen en octubre de 2022.

En la actualidad, Fuxan os Ventos está compuesto por Carmen Vázquez (voz), Tereixa Novo (voz), Xoán Luís Fuertes (violín, guitarras, bouzouki, voz), Alfonso Fernández (voz), Mª Dolores Fociños (voz), Ramón Díaz (guitarra, flautas, voz), Antón Castro (zanfoña, flautas, ocarina, gaita, mandolina, voz), Xosé Vázquez (percusión tradicional, voz) y Pedro Lucas (gaitas, flautas, ocarina, voz).

 

 

 

En 1972 tuvo lugar a primera actuación en público de Fuxan os Ventos, que entonces aún respondía al nombre de Folk 72. Cuando conseguisteis el primer puesto en el Festival de As San Lucas de Mondoñedo, seguramente no erais conscientes de que sería el comienzo de una de las carreras musicales con más éxito en la historia de la música gallega. De aquella, ¿cuál era la razón de ser del grupo?

Tereixa Novo: «Nuestra intención inicial era simplemente cantar. A mí siempre me gustó mucho; llevaba años pasando muchas horas ensayando delante del espejo de mi cuarto las canciones que aprendía por el único medio que tenía de escucharlas, que era un aparato de radio que mi tío Pepe había regalado a mis padres. Por eso, el coro primero y después el grupo, era algo que colmaba mis ansias musicales, sin más expectativas de futuro. ¡Y aun por encima era mixto! Corría el año 1971, y yo tenía 15 años...».

Xosé Luis Freire: «Yo no estuve en aquel comienzo. Mi primer contacto con Fuxan fue en el espectáculo “Galicia canta ó neno”, creo que en el 73, en el que gente de Fuxan y de otras formaciones representábamos las tradiciones navideñas en Galicia, dando a conocer el riquísimo patrimonio musical de este país en el que alcanza la celebración de las fiestas navideñas.

Entré en el grupo a primeros del 75, y cuando me lo propusieron no tuve duda ninguna. En aquel momento un grupo como Fuxan me parecía absolutamente imprescindible para el país: por cantar en gallego, por recuperar y darle impulso a la música tradicional, por denunciar la situación política en los estertores del franquismo... y porque, como Tereixa, me gustaba cantar y tocar».

Carmen Vázquez: «Antes de ese festival habíamos hecho algunas actuaciones en pequeños lugares, pero sí, sería la primera actuación delante de un público más numeroso. Las chicas que formábamos parte del grupo éramos del rural, y como en verano teníamos que irnos para nuestras casas no podíamos ensayar. Así fue cómo entraron en el grupo Esther y Matuquín, que vivían en la ciudad. Además Esther tocaba la guitarra, hecho que en aquel momento era muy raro y enriquecedor.

Yo, que tenía 17 años, lo que me gustaba era cantar. Disfrutaba de los ensayos y de relacionarme con gente diferente a la del colegio donde residía. Conseguir ese premio fue muy importante porque dio visibilidad, confianza y nuevas expectativas al grupo. Seguramente fue el primer germen de concienciación de los que éramos más jóvenes. Por aquel entonces, las edades de los componentes estaban comprendidas entre los 16 y 21 años».

Xosé «Pepe» Vázquez: «Yo es que soy de los “jóvenes”, en el 71 tenía apenas 13 años y cursaba mi segundo año en el Seminario de Lugo. Sin embargo, viví muy de cerca todo este proceso del nacimiento de Fuxan porque mi hermana Carmen, aquí presente, formó parte del grupo desde el principio».

 

 2-3-1975. Festival Folk Galego (Santiago, Pavillón do Obradoiro) 

 

Con un nacimiento durante la dictadura franquista, vosotros, que llevabais el gallego y la reivindicación en los labios, ¿cómo afrontasteis la censura? ¿Cómo afectaba la limitación de la libertad de expresión y opinión a la hora de componer (¡y compartir!) vuestras letras? Por ejemplo, a veces cantabais “A emigración” de Curros Enríquez presentándola como “La emigración” para que pasara la censura. ¿Qué otras estrategias poníais en práctica para sortear los censores? ¿Qué consecuencias podía tener de aquella que descubrieran vuestras artimañas?

Tereixa: «Yo tengo que reconocer que, en aquella altura, mi conciencia de la situación política era bien poca. Fue creciendo con Fuxan. El hecho de la censura, que inicialmente era un impedimento, nos hacía agudizar el ingenio a la hora de buscar estrategias para sortearla, como lo del cambio de canción con el mismo título, utilizando metáforas alusivas, insinuaciones, etc. Cosas que, por otro lado, eran lo que desde el ámbito de la cultura se venía haciendo para vadear la censura impuesta por el régimen franquista y en los primeros años de la supuesta democracia. Se hablaba a medias, pero nos entendíamos perfectamente; cierto también es que el público estaba predispuesto para entender lo que hiciese falta.

Más complicado era detectar a los “secretas”, que se colaban en las actuaciones y que podían dar lugar a la suspensión del concierto o la una multa posterior».

Freire: «También hay que decir que los censores no eran, la mayoría de las veces, muy inteligentes. En Galicia nos manejamos muy bien en el doble sentido. Las coplas de nuestra música tradicional son claros ejemplos de esto.

Sí, hubo letras que no pudimos cantar en un momento determinado, pero otras pasaron. Poco a poco se fue abriendo camino en muchos aspectos; aunque estaba prohibido cantar el himno gallego, terminábamos siempre las actuaciones cantándolo con el público en pie y nunca pasó nada. Cuando ya teníamos grabada la “Cantiga das Encrobas”, la discográfica nos comunicó que no pasaba la censura y poco más nos arruina la salida del disco. No sabemos cómo, pero la discográfica consiguió que nos permitiesen editarlo, pero tuvimos que comprometernos a no cantarla en público ni emitirla por la radio. Pasamos un tiempo sin cantarla, pero siempre había alguien en el público que nos la pedía y, al final, pasó a ser obligatorio cantarla en cada actuación.

Quiero decir que, entre todos y paso a paso, fuimos consiguiendo que la censura se fuera relajando. Seguramente el estertor final fue el proceso contra Suso Vaamonde, que lo llevó primero al exilio y finalmente a la cadena por cantar una determinada copla».

Carmen: «Como ya está dicho, la gente del pueblo estaba muy entrenada a leer entre líneas, y eso facilitaba la incorporación de letras que empezaban a hablar de la situación social y política. También jugábamos con intercalar un tema totalmente tradicional con coplas, muchas veces picarescas, con temas de autor, bien musicalizando poetas o de creación propia, que iban tratando de una manera más explícita la problemática de la vida diaria. Esto hacía que se crease un ambiente más distendido y disimulase un poco».

 

 

 

 

Portada de Fuxan os ventos (Philips-Fonogram, 1976) 

 

En 1976 publicáis vuestro primer disco, Fuxan os Ventos (Philips, 1976), distribuido por la multinacional Philips-Fonogram (actualmente Universal Music). ¿Qué os llevó a tomar esta decisión? ¿Cómo fue ese primer contacto con una discográfica y además con una de esa talla?

Tereixa: «Estábamos en un momento en el que ya el dictador había muerto y la situación política empezaba a abrirse poco a poco. Varias discográficas se interesaron en nosotros. Fuxan ya sonaba mucho, aunque en círculos pequeños; un disco era un elemento fundamental para poder llevar a mucha más gente nuestras canciones. La decisión no fue fácil: nuestro desconocimiento del mundo discográfico, el miedo a que cambiase nuestra manera de estar y hacer música, el intento de la discográfica de que hiciésemos lo que ella decía —entre otras cosas, que teníamos que cantar en castellano— que íbamos a tener mucho más éxito, etc.

Tras largas discusiones llegamos a un acuerdo con Philips-Fonogram de firmar un contrato en el que se aceptaron las condiciones que para nosotros eran irrenunciables: solo en gallego, las canciones que nosotros digamos, nuestros arreglos... A cambio tuvimos que aceptar hacer cuatro discos en cuatro años (algo realmente complicado para quien no se dedicaba de manera profesional a la música), y unos royalties (lo que nos pagaba a nosotros la discográfica) ridículos: el 4% sobre los beneficios de la venta de los discos. La Philips con nosotros sacó una buena tajada, llegando a reconocer que, junto con Paco de Lucía, fuimos los que más discos vendimos de todo el catálogo de Philips-Fonogram de la época».

Freire: «El contrato decía que nos pagarían en concepto de royalties “un 4% de las ventas descontados soportes y carpetas”. Hay que tener en cuenta que ese porcentaje es sobre el precio que la discográfica vende el disco a las tiendas, que venía siendo la mitad del precio de venta al público, al que había que descontarle el coste de fabricar disco y la carpeta. Y de lo que quedaba nos tocaba el 4%. Al final nos venían correspondiendo sobre 5 o 6 pesetas por disco... Está claro que por dinero no lo hicimos.

Volviendo a lo que importa; dudamos mucho sobre si firmar o no. No queríamos profesionalizarnos y teníamos miedo de que un hipotético éxito de ventas nos apartase de lo que queríamos hacer. Al final aceptamos hacerlo con las condiciones que comentó Tereixa. Tenemos que reconocer que la discográfica respetó el acuerdo y nos dejó hacer las cosas a nuestra manera, sin meterse ni en el repertorio ni en los arreglos y consultándonos previamente todo lo relativo a la promoción.

Eso sí, nombró un “director musical” que estuvo presente siempre en las grabaciones. La persona nombrada por la discográfica resultó ser Joaquín Laría, un gran músico (pianista y trompetista), muy popular de aquella como cantante de la Topolino Radio Orquesta. Su papel fue importante porque nos guio en un mundo, el de los estudios de grabación, que desconocíamos totalmente. Estuvo presente en varios discos y acabó por integrarse totalmente en nuestra manera de hacer y hasta aportó algún arreglo en alguna pieza. Acabamos teniendo con él una excelente relación».

 

 27-3-1977. Festas de San Lázaro (Verín) 

 

Este debut supuso un momento clave en vuestra trayectoria. Siempre hay conflictos creativos entre los músicos y las discográficas, pero vosotros conseguisteis libertad. ¿Diríais que fuisteis afortunados?

Tereixa: «A nosotros nos compensó mucho, fue un gran acierto. La música gallega y en gallego llegó a muchas más personas que se identificaban, disfrutaban y se emocionaban con nuestra música, convirtiéndonos en la banda sonora de varias generaciones, y eso no hay dinero que lo pague».

Carmen: «Creo que fue el resultado de un proceso de negociación que no dio lugar a condiciones diferentes a las que eran para nosotros líneas básicas. Fueron aceptadas porque en ese momento Fuxan ya empezaba a tener una proyección bastante grande en Galicia, especialmente en la provincia de Lugo, y eso suponía una posible venta de discos nada desdeñable, como así sucedió.

La fortuna fue la difusión de nuestro sentir respecto a la revalorización de la música tradicional y también de la denuncia de la situación social y política: “O Lelo”, “Irmaus”, “Fuxan os Ventos”, etc.».

 

Desde entonces hasta ahora, ¿cómo creéis que cambió la industria en este aspecto?

Freire: «Absolutamente, empezando por la propia grabación. En aquel momento solo había estudios en Madrid o Barcelona; eso te obligaba a desplazarte allí durante varios días con lo que suponía de gasto de viaje, comidas y alojamiento para siete personas. Gasto que la discográfica pretendía limitar al máximo acortando las jornadas de grabación y mezclas.

Hoy los medios técnicos permiten grabar en cualquier lado, incluso en la propia casa, y en cuanto a la distribución y promoción tres cuartos del mismo. Yo trabajé tres años en la discográfica gallega Ruada, llevando la promoción, y sé lo que costaba conseguir que el disco recién editado llegase a todos los medios hablados y escritos, y a todas las personas que podían aportar algo en su promoción. De entrada, ya había que fabricar, dependiendo del disco, una media de trescientos ejemplares para este fin y luego enviarlos por correo o llevarlos a mano. Por todos estos motivos, el amparo de una gran discográfica en aquel momento resultaba imprescindible. El fenómeno de la música independiente aun tardaría unos años en aparecer, y con las plataformas digitales ya casi no se editan discos».

 

 

Portada de Sementeira (Philips, 1978) 

 

La canción “Sementeira”, que abría el disco del mismo nombre, fue (y sigue siendo) un emblema del compromiso social y de la defensa de la identidad gallega. ¿Por qué pensáis que terminó por convertirse en un himno?

Tereixa: «¡Porque lo tiene todo! Una preciosa letra donde el autor Luís Álvarez Pousa expresa de una manera sencilla todo el compromiso que un País necesita para ser dueño de lo suyo; unida a una música que, siendo de autor (Xosé Luís “Mini” Rivas Cruz), tiene el gran acierto de hablar en el idioma musical propio, que se identifica y se aprende fácilmente y que, a la hora de cantarla, te hace hervir la sangre quieras o no».

Freire: «“Sementeira” fue sin duda una de las canciones más importantes de la historia del grupo, el hit que multiplicó nuestra resonancia. Le dio título a nuestro tercer disco, pero lo curioso es que era una canción que llevábamos en la lista de temas para el segundo, O Tequeletéquele (Philips, 1977), y en el propio estudio decidimos no grabarla y “darle otra vuelta” porque no nos acababa de convencer como había quedado. El hallazgo de la melodía instrumental, compuesta por Mini, fue la guinda que le faltaba».

Pepe: «El hecho de que sonase en las discotecas a todo volumen, como fin de fiesta coreada a pleno pulmón por la gente, era algo particularmente increíble».

Carmen: «Solamente apuntar que fue una de las primeras canciones en gallego que ayudaron a popularizar las orquestas. Por aquel entonces, no había mujeres en ellas y era gracioso escuchar nuestras voces hechas por hombres. Muchas fiestas finalizaban con este tema».

 

 

Este trabajo, Sementeira (Philips Records, 1978), fue todo un éxito en ventas y, poco menos de un año después de su publicación, alcanzaba ya más de 100.000 ejemplares vendidos. ¿Esperabais tal éxito? ¿Cómo lo vivisteis?

Tereixa: «Pues con normalidad, pero con el miedo lógico de cómo será recibido algo que hiciste con tanto esfuerzo y amor, mezclado con el deseo de que gustase mucho y a mucha gente. En todo caso, las piezas del disco ya estaban probadas en actuaciones donde eran muy bien recibidas, pero el salto que supone un disco depende de muchas cosas y muchas de ellas se escapaban de nuestras manos, de ahí siempre la incertidumbre».

Freire: «No esperábamos ese éxito. Sobrepasó largamente nuestras expectativas, aunque sí notábamos el crecimiento de disco en disco. Si la salida del primer disco nos sacó de nuestro círculo lugués en el que antes nos movíamos, en el segundo ampliamos ese círculo a todo el país, y con “Sementeira” se produjo una auténtica avalancha de solicitudes de actuaciones desde todas partes. Nos cambió el calendario de arriba abajo, los viajes, los horarios, todo. Pero concuerdo con Tereixa en que internamente lo vivimos con total normalidad».

Carmen: «Supuso, por un lado, cumplir el propósito de ampliar la difusión de nuestra música, lengua y cultura, pero también supuso un sobresfuerzo para todos nosotros. Todos los componentes de Fuxan siempre vivimos de nuestro trabajo, la mayoría maestros y maestras. Al tener muchas actuaciones y ensayos, no era fácil ir a trabajar el lunes. Como, además, Fuxan acostumbraba a actuar allí donde lo llamaban, sin tener en cuenta las condiciones acústicas, actuábamos en cualquier escenario (fiestas, romerías, salas de fiesta, teleclubes, teatros, grandes plazas...), y suponía un cierto cansancio añadido, pero también mucha satisfacción al ver y sentir tan cómplices esos auditorios».

 

1979. Lorient 

 

Comentáis lo complejo que fue tomar la decisión de sacar este primer disco, pues «rompería la dinámica de nuestra labor y cambiaría el público al que mayoritariamente nos dirigíamos». ¿De qué forma cambió vuestro público a partir de este lanzamiento?

Tereixa: «A pesar de los temores iniciales, el cambio fue muy positivo. Conseguimos llegar a mucho más público, y no solo porque aumentaron los conciertos y en ellos había mucha más gente, sino porque el tener un disco permite otros medios de difusión. La radio, ampliamente escuchada en el medio rural, la televisión y, sobre todo, los casetes que se ponían en los viajes y no solo acompañaban, sino que permitían su aprendizaje.

Mucha gente nos dice que conoció y empezó a cantar a Fuxan porque era la música que más sonaba en el coche de sus padres o de sus abuelos».

Carmen: «Hay que decir que nosotros empezamos a cantar mayoritariamente en aldeas de la provincia de Lugo, y que fue en ellas donde nos hicimos más conscientes de la necesidad de devolver y revalorizar todo lo que ellas conservaron y, en parte, nosotros recogimos. Fue también donde era más palpable la falta de derechos, el caciquismo, etc. Esta situación dio lugar a muchas de nuestras canciones de denuncia».

Freire: «Indudablemente son más los aspectos positivos que negativos, pero estos, para mí, también los hubo. Nuestro público no cambió sustancialmente pero, al aumentar, cambiaron los recintos donde teníamos que actuar: empezamos cantando en teleclubes por las aldeas y poco a poco fuimos multiplicando las actuaciones en cines, teatros... hasta llegar, con Sementeira, a actuaciones multitudinarias en fiestas, romerías y discotecas, muchas veces en horarios de madrugada.

Personalmente tengo que reconocer que lo llevé mal. Nuestro repertorio, eminentemente vocal y polifónico, con instrumentación acústica (no eléctrica) casa mal con los ambientes ruidosos. No es fácil tocar o cantar “durme meu neno, durme” escuchando de fondo a tómbola con la cantinela de “otro perrito piloto...”. Muchas veces no quedaba otro remedio que llenar el repertorio exclusivamente con canciones movidas y con “marcha”, y renunciar a cantar canciones lentas».

 

En “A Carolina” mezcláis distintas versiones de la cantiga: de la costa, de las montañas y del interior. ¿Cómo fue la adaptación y por qué pensáis que acabó teniendo tanto arraigo en el imaginario colectivo del país?

Freire: «Una de las características, seguramente la fundamental, del folclore es la de ir impregnándose de matices con el paso del tiempo. Las cantigas nacen porque alguien las hizo nacer —siempre hay un autor o autora, no son anónimas aunque la autoría sea desconocida— y al ir circulando de boca en boca, sin partituras, cada boca le va aportando algo diferente a la letra o en la música. Con el tiempo, aquella melodía inicial va cogiendo vida propia y, a veces, acaba por parecerse poco a canción original. O se parte de versiones que conservan el alma original pero son diferentes. “A saia da Carolina” es un buen ejemplo. Nosotros intentamos el experimento de volver a juntarlas para que se viese que, siendo distintas, son también la misma.

En esto no hay fronteras; una melodía o una copla saltan de una comunidad a otra con facilidad y cada comunidad le va dando su forma particular. Menos común es el salto de un país a otro, pero también se da. En el caso de “A Carolina” tenemos también un buen ejemplo: En una ocasión nos llamaron para actuar en el pueblo de la Bretaña francesa llamado Guipavas, cerca de Brest. Era para actuar la víspera de San Juan, pero nos resultaba imposible porque no había buena combinación de vuelos que nos permitiese ir y volver a tiempo para ir a nuestros trabajos. No solo insistieron, sino que alquilaron una avioneta de diez plazas y nos vinieron a buscar al aeropuerto de Santiago, a donde nos trajeron de vuelta al día siguiente. El motivo de tanto empeño en llevarnos era porque en su folclore también se cantaba a una “Carolina”. Diferente, pero la misma».

Carmen: «Que llegase a tener tanto arraigo entiendo que se debe a ser una canción que vivía en la memoria de muchos lugares, como ya dijo Freire, y que hicimos volver al presente. Es, además, una canción muy rítmica, contenta, pegadiza y con una letra picaresca.

Esta canción fue otra de las que muchas orquestas también incluían en el repertorio y, por lo tanto, tenía una doble difusión. La radio y la televisión también ayudaron en su repopularización, ya pertenecía a la música popular».

Pepe: «Digamos que el secreto consiste en la mezcla de un ritmo alegre con una letra ingeniosa y divertida; no se necesita más, el resto corre de parte del público, quien acostumbra a acertar casi siempre».

 

 

 

Portada de Quen a soubera cantar (Ruada, 1981) 

 

Los carteles y las portadas de vuestros discos presentan estilos muy distintos entre sí, pero todos intentan capturar la identidad de vuestra música. En la portada de Quen a soubera cantar (Ruada, 1981), una de las más llamativas, vemos el dibujo de un árbol saliendo de la tierra gallega que se convierte en un hombre de camisa y boina con una expresión de agonía. ¿Qué importancia tenía para vosotros la parte visual y gráfica?

Freire: «Tenemos que empezar por reconocer que no éramos expertos en comunicación visual y gráfica, pero no se nos ocultaba que una portada de un disco tenía que llamar la atención de algún modo, y algo tendría que decir de lo que el disco llevaba dentro. Con más o menos acierto fue lo que intentamos.

Y había también otra intención: romper con las portadas típicas y tópicas de las portadas de los discos de música gallega editados en Madrid. En la negociación con la discográfica fue también este un tema importante: nada de hórreos y paisajes bucólicos típicos a los que les tenían mucha querencia. Al final no escapamos totalmente, porque en alguno de los recopilatorios que fueron haciendo cuando cambiamos de discográfica, y de los que no teníamos ningún control, volvieron de nuevo a los tópicos-típicos».

Carmen: «Me gustaría comentar, como anécdota, que para hacer la contraportada del primer disco (Fuxan os Ventos) se acordó poner fotos diversas de la realidad social y, entre ellas, una del topónimo “Teixeiro”, lugar cerca de Lugo. De aquella ponía “Teijeiro”, y un chico del grupo con dos amigos comprometidos con la normalización lingüística fueron de noche, con betún negro porque no tenían espray (era delicado comprarlo, podía suscitar sospechas) a corregir el letrero para poder ir al día siguiente hacer la foto. Fue una de las muchas pintadas que se estaban haciendo reivindicando la normalización de la toponimia (Jove/Xove, Rianjo/Rianxo…)».

 

1979

 

Vuestra propuesta fue novedosa en ese delicado contexto en el que aparecéis, no solo en el aspecto musical sino también por el espacio que ocupaban las mujeres dentro del grupo, teniendo el mismo protagonismo que los integrantes hombres. ¿Cómo recibía el público este papel más activo de la mujer en la música?

Tereixa: «Estábamos en un momento de auge del folk a nivel mundial, donde la proliferación de grupos fue muy importante. En el EE (Estado Español) aparecen Aguaviva, Nuestro Pequeño Mundo, Nuevo Mester de Juglaría, Jarcha, incluso Mocedades, etc. Aquí comenzaron grupos como Candieira, Raíces da terra, Os Xoglares... y un poco más tarde que nosotros aparece Roi Xordo, con Pilocha como voz femenina, y otros con similar composición a la nuestra como Xocaloma y Saraibas.

En todos ellos, aun siendo importante, la presencia de las mujeres está secundarizada. Las mujeres solo cantamos, son muy excepcionales los casos de mujeres tocando algún instrumento (en Fuxan estuvieron en los inicios Esther y Elisa, que tocaban la guitarra), o como autoras de músicas o letras. En todo caso, los pasos se fueron dando y el panorama musical gallego hoy es tremendamente productivo, variado y de calidad, sobre todo si hablamos de mujeres».

 

 

Es indudable la importancia que tuvieron las mujeres gallegas en la conservación de nuestra música a través de la vía oral. Muchas de ellas fueron fuente de inspiración para vuestro trabajo de recopilación de temas populares gallegos. ¿Cómo recordáis estas recogidas?

Tereixa: «El papel de las mujeres gallegas en la conservación y transmisión del idioma y de la cultura de tradición oral es decisivo y nunca suficientemente reconocido. Nosotros la mayor parte de las recogidas las hacíamos al finalizar la actuación, sobre todo en las zonas rurales. Invitábamos a la gente a seguir la fiesta cantando y bailando y siempre había alguien que se echaba a cantar, mayormente mujeres. Alguien de nosotros andaba con la grabadora en la mano para recoger todo lo que allí se cantaba y se contaba. Muchas canciones, cuentos o romances a lo mejor ya eran conocidos. Nosotros grabábamos todo y de esas recogidas salieron muchas de las piezas que, una vez pasadas por el colador de Fuxan, se incorporaban a nuestro repertorio.

Otras veces, en estos encuentros alguien nos decía de alguna persona que no estaba allí, pero que sabía muchas canciones; nosotros tomábamos referencia y contactábamos con ella para ir a recogerle otro día. En nuestras recogidas una grande parte son mujeres; era habitual el comentario: “esta la aprendí de mi madre” o “de mi abuela”. A todas ellas les debemos el futuro».

 

De aquella, muchos de los integrantes del grupo teníais relación con la enseñanza, pues erais maestros en pequeñas escuelas rurales. ¿Qué papel tuvo la música como agente educador en esos años?

Tereixa: «En la educación de cualquier niño o niña, el aprendizaje partiendo del entorno conocido es parte fundamental en todos los ámbitos educativos. El idioma, la música, los cuentos, los romances, los refranes, las leyendas... son una riqueza patrimonial enorme que tiene que formar parte importante de la enseñanza. Todo esto era utilizado como material en el aula, que en muchos casos recogían los propios niños y niñas de su abuelo, abuela, padre, madre o vecino, intentando sobre todo la valoración de lo propio, que no siempre era positiva. Esto nos servía también para, de la mano del niño o niña, localizar personas a las que directamente les íbamos a recoger nosotros».

Carmen: «La música siempre contribuye en el desarrollo integral de los niños y niñas. No siempre en la escuela se le dio el papel fundamental que desempeña, dependió mucho de la intención del propio maestro o maestra. A mí siempre me sirvió en mi trabajo con los más pequeños como herramienta en el desarrollo de los sentidos: sensorial, auditivo, coordinación, mejorar la adquisición del habla, etc. de un modo agradable. También en los demás niveles educativos de la educación primaria fue un instrumento de socialización, solidaridad, respeto, creatividad, conocimiento de la propia cultura (Reyes, Carnaval, Maios), etc.».

 

1983. Formación definitiva 

 

En 1983 se compone la formación definitiva de Fuxan os Ventos con la incorporación de Pepe Vázquez, Antón Castro y Pedro Lucas. Hasta aquel momento, llegaron a pasar por el grupo alrededor de treinta personas. ¿Qué tenían en común todas ellas para conseguir, a pesar de los cambios, mantener la misma esencia Fuxan?

Tereixa: «Por Fuxan, por muy diferentes motivos, pasaron muchas personas. Eran años en los que los chicos tenían que ir a la mili, había que cubrir esa baja; el que iba para a mili en algún caso volvió al grupo al terminar, en otros no. Eran años de decidir el futuro de cada quien; algunas se fueron a estudiar a Santiago, otras directamente a la emigración, responsabilidades familiares, incompatibilidades laborales y, por supuesto, algunos desacuerdos.

Pero la intención de Fuxan siempre fue a misma con independencia de las personas que formaran en cada momento el grupo: seguir para delante conservando la esencia de Fuxan, tanto en la parte musical como en el compromiso que siempre tuvimos que cultura el idioma y la situación del País».

Carmen: «El denominador común de todas ellas era el gusto por la música en general y, en particular, por su aportación a ese compromiso del que habla Tereixa».

Pepe: «En mi caso, la entrada en Fuxan (de todo inesperada por otra parte) fue como subir a un convoy que traía un largo camino y que avanzaba por vía segura. Ya dije que viví muy de cerca el nacimiento y la evolución de Fuxan por mi vínculo familiar, pero también por haber convivido con ellos en la puesta en escena del espectáculo “Galicia canta ó neno”, y por tener compartido y coincidido en múltiples actuaciones, pues los tres que entramos en el año 83 éramos parte del grupo de gaitas Treboada. Cabe destacar, además, que desde ese año, la formación se mantuvo estable».

 

 

1979. Penamaior (Becerreá)

 

Los primeros veinte años de Fuxan estuvieron llenos de espectáculos cada fin de semana, llegando a los 150 conciertos por año. ¿Cómo se gestiona un ritmo tan frenético de desplazamientos con unos medios más limitados con los de ahora?

Tereixa: «Se gestiona con dificultad, sobre todo cuando no te dedicas profesionalmente a la música. Las responsabilidades familiares y laborales de un grupo tan numeroso cada vez hacían más difícil cuadrar los días para poder ensayar y que estuviésemos todas y todos, o incluso para poder aceptar actuaciones. Esto nos llevó a finales del año 89 a decidir tomarnos un descanso y repensar las posibilidades de volver a actuar».

Freire: «Lo llevamos bien porque nos gustaba mucho lo que hacíamos... y porque teníamos veinte o treinta años, a esa edad se puede con todo. Hubo épocas en que vivíamos en una furgoneta continuamente de un lado para otro. En un fin de semana podíamos actuar el viernes en Moeche (Ferrol), el sábado en Vigo o en el Rosal y el domingo en Monforte; y con las carreteras que había ¡que no son las de hoy! En alguna ocasión con el conductor que teníamos, Amable Moscoso, echamos cuentas de los kilómetros y nos salían más de un millón. Pero esto no es mérito ninguno porque era lo que nos gustaba hacer».

Pepe: «Yo aún llegué a tiempo de viajar en aquel mítico furgón Mercedes con el inolvidable Amable al volante. ¿Que cómo se gestiona? Teniendo veinte años y toda la ilusión intacta».

Carmen: «Fueron tiempos frenéticos. El centro de ensayo estaba en Lugo y nosotros estábamos esparcidos por toda Galicia. Teníamos muchas actuaciones, como se dijo, y también ensayos. Todos nosotros siempre vivimos de nuestro trabajo, la mayoría maestros y maestras, e ir a trabajar el lunes a veces costaba, pero también eran tiempos de mucho disfrute y aprendizaje».

 

Vuestra música cruzó fronteras, tanto físicas como ideológicas, tanto en España como fuera de ella. ¿Cómo recordáis la acogida de vuestra música fuera de Galicia? En este aspecto, ¿hubo algún cambio conforme pasaban los años?

Carmen: «Nos sorprendió especialmente en Madrid o Jaén la acogida que tuvimos, teniendo incluso que actuar dos días seguidos en el Teatro Barceló. Eran lugares donde no había tanta emigración gallega y el idioma siempre marca algo de barrera; en Cataluña o Euskadi era un público más gallego. Fuera de España recuerdo que me sorprendió mucho la buena sintonía del público con nosotros en Brest, en la Bretaña francesa. También en Coímbra, Lisboa o en Vilar de Mouros, en Portugal, se dio muy buena conexión».

Tereixa: «Lo cierto es que, allá donde fuimos, nuestra música siempre fue bien acogida; ya fuera en círculos de la emigración gallega, ya en encuentros o festivales especializados. Nos quedó la pena de no dar el salto para ir a cantar a América. Estuvimos a punto en dos ocasiones, pero al final no pudo ser».

 

18-10-2008. Auditorio de Santiago  © Karlos Abal

 

Casi dos décadas después de vuestra última actuación, volvíais a los escenarios con el espectáculo “Terra de soños”, acompañados de algunos de los nombres más destacados del panorama musical gallego. ¿Qué os hizo volver? ¿Cómo surgió la idea de compartir escenario con todos estos artistas?

Tereixa: «En todo ese tiempo sí pasamos por algún escenario, de manera esporádica, con motivo de algún evento para el cual se nos requería y nosotros considerábamos que debíamos estar: Festa Labrega en Láncara en el 93, celebrando la eliminación definitiva de la cuota empresarial, lucha con la que siempre nos identificamos; en Lugo en el 97, Festival de Auxilia, asociación con la que siempre colaboramos; en 2003 en el concierto expansivo de Nunca Máis, contra la tremenda tragedia del Prestige, con dos actuaciones en Ames y Brión; o en 2007 en Guitiriz, en el pregón de la Feria de Artesanos, de la Asociación de Gaiteiros Galegos, dentro del Festival de Pardiñas. Esta pequeña actuación fue decisiva por la buena acogida que tuvo y lo a gusto que nos reencontramos con el público.

A raíz de ella se nos presentó, por parte de Noa Díaz, un ilusionante proyecto en el que se contemplaba la colaboración de varios compañeros y compañeras del panorama musical del momento, junto con el apoyo de una banda, y todo esto cuajó en octubre de 2008 en el espectáculo “Terra de soños” bajo la dirección musical de Xosé Lois Romero».

Pepe: «Igual que, como dijo Tereixa más arriba, la imposible conciliación laboral-familiar-artística fue determinante para abandonar la actividad en su día, ahora los niños habían crecido, notábamos que la gente seguía demandando más Fuxan y cuando nos juntamos vimos que lo pasamos bien, que las voces funcionan, el gusanillo también sigue ahí... y, luego, claro, el proyecto de Noa era enormemente atractivo, ¡así que nos liamos la manta a la cabeza y allá fuimos!».

 

 

En esas dos noches de aforo completo en el Auditorio de Galicia el público sin duda vibró, cantó, bailó... pero... ¿cómo se sintió desde dentro esta grande acogida veinte años después del último concierto?

Tereixa: «Ni que decir tiene que todas y todos nosotros teníamos los nervios a flor de piel. Habíamos trabajado mucho durante más de un año para que todo estuviese a punto el 18 de octubre, pero el vértigo de asumir la responsabilidad de tamaño proyecto pesaba mucho. ¡Fue todo un reto!

En los momentos antes de salir la escena nos movíamos entre las ansias de que todo empezase ya para pasar el trance y las ganas de escapar corriendo del sitio. La entrada en el escenario del Auditorio de Galicia, repleto de un público entusiasta puesto en pie aplaudiendo, fue sin lugar a dudas el momento de mayor emoción y choque de intensas y contradictorias sensaciones que tuvimos en nuestro recorrido musical; fundiéndonos en un aplauso colectivo con el público, lleno de agradecimiento, en el que incluso asomó alguna lágrima en nuestros ojos... y en el de algunas personas del público también».

Pepe: «¡Uf! Con muchos nervios de inicio porque, por más historia que hubiese detrás, aquello era el estreno de algo completamente nuevo. Después, lo que dice Tereixa, un montón de emociones... ¡Impresionante!».

Carmen: «Eran 28 temas, de los que a una buena parte de ellos se le había hecho algún arreglo; eso suponía un esfuerzo añadido. Yo recuerdo que hacía los ejercicios de voz y ensayaba en todas partes: en el coche, en los recreos en la escuela...

Coincido con Tereixa en lo emocionante que fue salir al escenario y ver ese auditorio lleno, en el que también estaban todos nuestros familiares, con rostros amables y llenos de expectativas, creo.

Nos dio mucha seguridad la banda de músicos y los colaboradores, hubo una gran sintonía entre todos nosotros, 28 personas más el equipo técnico».

 

18-10-2008. Auditorio de Santiago 

 

¿Notasteis algún tipo de relevo generacional entre los asistentes?

Tereixa: «Esa fue una de las grandes sorpresas que nos llevamos, porque contábamos encontrarnos sobre todo con gente de nuestra edad, pero la realidad fue que allí había personas de todas las edades y todas ellas cantando a la vez que nosotros todas las canciones. En algún caso con un cierto descoloque inicial al no reconocer de qué canción se trataba, gracias a los arreglos instrumentales de Xosé Lois Romero para la adaptación a todo lo que había encima del escenario. ¡Fue maravilloso!».

Carmen: «Desde los inicios del grupo siempre tuvimos un público muy variado y eso se mantuvo a pesar de los años de silencio. Donde mejor lo vi fue en Lugo, en la actuación en el San Froilán. La Plaza del Seminario estaba abarrotada y allí había gente de varias generaciones, desde personas muy mayores a niños. Fue emocionante actuar delante de tantas personas en nuestra ciudad, Lugo».

 

 

Hace años era habitual ver casetes de Fuxan en los coches de los abuelos, después llegaron los CD a las casas de los padres y hoy son los nietos los que os escuchan en plataformas como Spotify, donde acumuláis más de 11.500 oyentes cada mes. ¿Por qué pensáis que vuestro mensaje perdura en el tiempo?

Tereixa: «Pues fundamentalmente porque nuestra música suena y sabe a Galicia, y toda persona que quiera esta tierra va a sentir algún vínculo que lo enganche a nuestras canciones».

Carmen: «Esos abuelos que compraban los casetes también traían sus hijos a nuestras actuaciones o ponían el casete en el coche hasta aburrir, así que esa nueva generación tiene a Fuxan como algo familiar. Entiendo que ellos también transmitieron a sus hijos e hijas el gusto por la música, entre los que nos contarían a nosotros.

Además, la música gallega cuenta hoy con una presencia nunca vista hasta ahora. No son solo los músicos más conocidos, sino los grupos de gente joven de cualquier lugar de Galicia que tiene formación musical y pertenece a grupos de panderetera, gaitas, bandas, etc.».

Pepe: «Quizás porque hay autenticidad y verdad en las músicas y en las letras de Fuxan, y el grupo supo transmitir eso manteniendo la coherencia a lo largo de toda su trayectoria. Y la gente creo que reconoce esos valores, que son universales».

 

12-10-2009. Auditorio de Santiago  © Alberto Leiro

 

En una de vuestras citas lucenses, en el San Froilán de 2009, cantasteis una canción que decía: “Entrando en terra de soños / ían os soños cantando”, versos que Darío Xohán Cabana (quien estaba entre el público) había escrito hacía más de cuarenta años. ¿Cómo nace vuestra relación tan especial con él? ¿Qué papel jugó el escritor a lo largo de vuestra trayectoria?

Tereixa: «Parte de esos versos dieron nombre al espectáculo “Terra de soños”. Darío fue una persona muy querida por nosotros, amiga nuestra, que siempre estuvo para lo que hiciese falta; no solo él, sino otros poetas y poetisas como Manuel María o Marica Campo. Se convirtieron en nuestros letristas y a ellos acudíamos cuando queríamos una letra con una temática concreta, o que encajase en una determinada estructura musical. Hecho que les agradecemos inmensamente, porque no siempre los escritores y escritoras están por la labor de hacer poesía por encargo. ¡Miles de gracias!».

Carmen: «Contaba él que cuando se enteró de que el proyecto se titulaba “Terra de soños” pensó: “¿de dónde sacarían ese nombre?” Se dio cuenta que había sido de un poema de él, titulado “O lobo”, y que siempre fue uno de los temas más interpretados por Fuxan. Pero hacía 40 años que lo había escrito...».

 

Decís que Fuxan siempre estuvo muy identificado con la ciudad de Lugo, siendo acogido por gente de todas las clases sociales e ideologías. Hoy, cincuenta años más tarde, el grupo da nombre al nuevo auditorio de Lugo. ¿Cómo sentisteis de puertas para dentro este pequeño pero significativo homenaje?

Tereixa: «Lugo es nuestra ciudad. Allí nacimos, allí crecimos, allí ensayamos, algunos de nosotros viven y vivieron siempre en Lugo. Lugo es nuestra referencia vital como grupo.

En relación con la propuesta de que el auditorio de Lugo lleve el nombre de Fuxan os Ventos, como no podía ser de otra manera nos llena de orgullo y satisfacción, pero vamos a esperar a que realmente el auditorio empiece a funcionar. Mejor no poner el carro delante de los bueyes.

Pepe: «Sí, vamos a esperar a que se confirme definitivamente. Si así fuese, el honor sería enorme».

 

La poesía es una de las grandes protagonistas de vuestro trabajo. Autores como Ramón Cabanillas, Manuel María, Curros Enríquez o Celso Emilio Ferreiro salen a la luz en algunos de vuestros temas; también los versos de composición propia del grupo hicieron historia como “Compañeira”, “O Lelo”, “Cantiga de berce” o “Brazos prá seitura”. ¿Cómo de importantes son las palabras que decimos en la música?

Tereixa: «No hay música cantada sin poesía, y en el ingente catálogo de escritores y escritoras en gallego, Fuxan encontró siempre inspiración musical; es reflejo del País al que le queríamos cantar y del que queríamos denunciar su situación secular de avasallamiento y desprecio.

Otras muchas fueron hechas por personas del grupo, fundamentalmente por Mini, hablando de problemas como la emigración, el idioma, la situación del rural... En Fuxan siempre entendimos la música como compromiso político y eso se muestra en nuestras canciones. La música es un lenguaje universal, pero en cada territorio se concreta de modo diferente, de ahí la importancia de la recuperación y puesta en valor de la música tradicional».

Freire: «Todas las letras, las tradicionales, las de composición propia y las de los poetas que musicalizamos, todas tienen su papel: las tradicionales porque son parte de la cultura que amamos y queremos reivindicar; las compuestas por nosotros porque son la forma que elegimos para denunciar lo que no nos gusta (la situación política, el idioma despreciado...); y las de los poetas porque es muy importante que la gente conozca su voz fundamental ¡y porque sepan que existen!

A mí me pasó (y a todos los de mi época) que terminé el bachillerato sin ni siquiera oír hablar de Curros Enríquez, de Ramón Cabanillas, Celso Emilio o Manuel María. Solo Rosalía de Castro se mencionaba cuando se estudiaba el Romanticismo y bastante de pasada, dándole más importancia a su obra en castellano que a su obra en gallego... Esa era la situación».

Carmen: «Hay canciones de autor que se hacen más populares que otras, como las citadas por Freire, excepto “O Lelo””; puede ser porque entró menos en los repertorios. Recuerdo, antes de grabar ningún disco, la expresión en la cara de un señor mayor, o eso me parecía ya que yo tendría 17 o 18 años, en un pueblo de la montaña de Lugo; nos miraba de soslayo, tenía una media sonrisa y asentía de vez en cuando, cantábamos “O Lelo”, que habla de la decepción que suponía la escuela para un niño al que le hablaban en una lengua y de unos intereses que no eran los suyos. Creo que estaba sorprendido de escuchar en alto algo de lo que él nunca pudo hablar. Por eso creo que son muy importantes las letras de las canciones».

 

 

En 2014, 2016 y, el más reciente, en 2018, musicalizasteis a las figuras homenajeadas con motivo del Día de las Letras Gallegas. ¿Qué tuvieron de especiales esas «letras» (o autores) para trabajar sobre ellas?

Tereixa: «Con estas piezas quisimos colaborar en la difusión y conocimiento del autor o autora homenajeado de la forma que nosotros mejor podíamos hacer, que es cantando, en el camino de ayudar a conseguir que todos los días sean días de la lengua gallega.

“Penélope” de Díaz Castro es un poema magistral en el que se plasma la esperanza de Galicia en un futuro que no da llegado, musicalizado por Xoán L. Forte (Xan).

Después vino el año de Manuel María, que para nosotros fue siempre una persona muy especial del que en nuestro repertorio hay muchas letras, y escogimos el poema “Galicia”, musicalizado por Suso Vaamonde; uno de los músicos fundamentales de la música gallega de la segunda mitad del S. XX con el que coincidimos y compartimos muchas veces escenario, luchas e ilusión. Esta pieza quería ser también un pequeño homenaje a Suso.

María Victoria Moreno es una de esas mujeres fundamentales para Galicia, ya que sin ser gallega supo y quiso valorar y vivir en nuestro idioma, en nuestra cultura, en nuestro modo de estar en el mundo. “Lúa de prata” es uno de los muchos preciosos poemas de María Victoria Moreno al que nuestro compañero Xan le puso una música, que le viene como anillo al dedo».

Carmen: «Como maestra que fui, creo que es muy importante la creación de recursos de los que echar mano en la escuela y, en especial, en fechas como las Letras Gallegas. No suele haber mucho donde escoger. En el colegio donde yo estaba, recuerdo con mucha emoción como todo el alumnado de primaria (unos 400) se aprendieron el tema de “Penélope”, salieron todos al pasillo y se convirtió en una sola voz. Eso es importante».

 

 

¿Cómo describiríais el panorama musical gallego en general y lo del folk en particular? ¿Cómo veis las generaciones herederas de vuestro legado?

Pepe: «Mejor que nunca en cuanto a calidad, cantidad y variedad. A lo mejor falla el apoyo institucional, en el sentido de considerar la cultura como una cuestión de estado. A veces da la impresión de que es algo que se “tolera”, como mucho...».

Freire: «Pues esperanzados en un gran futuro, porque tenemos ya un gran presente. Ya comenté antes que a partir de los años noventa se produjo una avalancha de producciones discográficas impensable unos años antes, sobre todo en el campo de la música folk y tradicional. Y esa creatividad continuó hasta hoy en todos los campos: en la tradicional, en el rock, en el jazz o en el pop. Los conservatorios y las escuelas de música, que antes prácticamente no había, posibilitaron que las nuevas generaciones estén mucho mejor formadas del que podíamos estar nosotros, que éramos prácticamente autodidactas.

No sé si se puede hablar de un legado de Fuxan, porque muchos fueron abriendo caminos que otros recorrieron después. ¿Existiría Tanxugueiras, por citar el fenómeno del momento, si antes no existiera Leilía? Es solo un ejemplo, pero podríamos hablar de muchos más. Creo sinceramente que nuestro legado más importante fue la pasión por el país, por nuestro idioma, por nuestras tradiciones, por el orgullo de ser nosotros mismos».

 

Portada de Terra de soños (Boa, 2009) 

 

En este medio siglo de vida, que se dice muy pronto, ¿qué momento o momentos destacaríais como más especiales en vuestra carrera?

Pepe: «Para mí el hecho de tener la oportunidad de formar parte de Fuxan (ya dije antes que fue una invitación inesperada), aunque fuese en la última etapa; claro que la etapa se fue haciendo larga... ¡es algo que agradezco inmensamente!».

Carmen: «¡Fueron muchos! Destacaría la grabación del primer disco, las actuaciones de los comienzos, también las realizadas delante de grandes auditorios y “Terra de soños”».

Tereixa: «Las San Lucas, y el primer premio con Fuxan os Ventos; la salida al mercado del primer disco; y la preparación, estreno y gira de “Terra de soños”».

 

Con cientos de conciertos a vuestras espaldas, ¿nos podríais contar vuestra mejor, y peor, experiencia encima de los escenarios?

Pepe: «Yo encima de los escenarios lo suelo pasar regular, disfruto más del antes y del después.

Tereixa: «¡Uf! Lo peor que recuerdo es un concierto en los alrededores de Vigo, en el escenario de un campo de fiesta. En el repertorio para cantar está “Miña nai”, canción en la que yo soy la solista; empiezo a cantar y entro fuera de tono, tenemos que parar y volver a empezar.... ¡tierra trágame!

El mejor cualquiera de los de “Terra de soños”, pero sobre todos lo del primer día en el Auditorio de Galicia y el del San Froilán en Lugo, delante de miles de personas que abarrotaban la plaza de la Horta do Seminario».

Freire: «Fueron tantos que no es fácil elegir uno del que guarde un recuerdo especial. Pero ya que tengo que elegir, elegiré dos: uno en Castrelos y otro en la Alameda de Pontevedra. En el de Castrelos nunca olvidaré estar cantando “Irmaus”, el poema de Celso Emilio Ferreiro, con toda la gente (varios miles) en silencio y con los mecheros encendidos. El de la Alameda de Pontevedra no sabría decir por qué, pero guardo la imagen de miles de cabezas mirando para nosotros; una plaza muy grande y absolutamente abarrotada de gente. ¡Impresionante! Para no olvidar nunca. ¿El peor? No citaré ninguno, pero alguno de esa época de conciertos en fiestas, romerías y discotecas procuré olvidarlo».

Carmen: «Hubo muchas experiencias buenas como las que comentan Freire y Tereixa, que también lo fueron para mí, pero cantar en mi pueblo, Carteire (Palas de Rei), delante de mi gente fue muy importante. La peor podría ser una actuación que hicimos en los Peares bajo un sol abrasador».

 

29-1-2022. Chantada

 

Acabáis de estrenar web, fuxanosventos.gal, ¿cómo fue el proceso de recopilación de información y documentación? A nivel personal, ¿qué significó para vosotros recopilar esos últimos 50 años?

Freire: «Era fundamental que lo hiciésemos. Prácticamente no existimos en el mundo digital porque somos hijos de la época analógica. De nosotros se escribió mucho en papel, pero en muchos aspectos y para mucha gente es como se nunca hubiésemos existido; creemos que debíamos dejar constancia de nuestro paso por este mundo».

Carmen: «Llevó su tiempo revisar el material que teníamos cada uno de nosotros, pero también contamos con la colaboración de personas que estuvieron en el grupo y de otra gente que nos envió fotos, carteles, audios...».

 

Para celebrar vuestro 50 aniversario, a finales de este 2022 dará comienzo una exposición itinerante que repasará toda la historia del grupo. ¿Qué podemos esperar de ella?

Pepe: «La exposición está todavía en una fase inicial, por lo que no se puede detallar su composición. Espero y confío en que reúna materiales de todo tipo que resuman desde las cosas que resultaron más trascendentes hasta las más anecdóticas, y repase la larga y densa trayectoria del grupo. Seguro que va a estar bien y va a suscitar el interés de la gente, ¡en eso andamos!».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Freire: «El panorama de la música gallega no tiene nada que ver con el de nuestra época; cambió para bien, claro. Nosotros éramos simplemente aficionados que teníamos más voluntad que preparación, pero la música gallega evolucionó de forma increíble desde entonces: en la formación, en la preparación técnica y en la inspiración.

Ya en los noventa hubo una eclosión de música gallega de altísimo nivel; algún año de esa década se editaron más de cien discos gallegos, cuando en otras épocas no pasaba de veinte. Y el panorama de estilos se fue abriendo a todos los estilos. Prefiero no citar a ninguno, pero hay más de una docena que me gustan y que sigo habitualmente».

Pepe: «Por aquello de mojarse, voy a decir De Ninghures por cercanía personal, lo que no les resta ningún otro mérito, y porque andaban grabando su primer disco de estudio».

Tereixa: «Esta pregunta es muy difícil porque hay mucho donde escoger y uno/una no es nada. Voy a quedar con Faia en todas sus versiones: ella sola, De VACAS, Nacho-Faia-Lar, A Patacón».

 

Si abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza.

Pepe: «Acabo de comprobar, 100% sinceridad, me salió Fume (2020) de María Toro».

Carmen: «El que más escucho es música gallega, entre ellos a Fuxan. Me gusta especialmente la música de raíz en voces de mujeres y también la música clásica».

Tereixa: «No tengo cuenta de Spotify».

Freire: «Lo último gallego que escuché fue lo nuevo de Xabier Díaz, hace unos días, y hoy estuve escuchando a Creedence Clearwater Revival; escucho un poco de todo».

 

 

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